Kiko Rivera y los 50 guadalajareños

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Diferentes perspectivas del concierto de Kiko Rivera el pasado sábado. Arriba, la imagen que difundió el artista en sus redes sociales; abajo, la publicada por algunos usuarios de Twitter. // Foto: Kiko Rivera / La Crónica, Instagram / Twitter

Por Patricia Biosca

Mi princesa eres tú / La que aparece en mis sueños / Linda piel morada / Que despiertas pasión”. Estos cuidados versos en los que se habla de una “chica mulata” -por si lo de “piel morada” ha despistado a alguno pensando que trataban sobre la película Rocky o de los reptilianos- son de Kiko Rivera (Breve biografía: el artista antes conocido como Paquirrín, hijo del torero Paquirri e Isabel Pantoja). Su espectáculo fue el encargado de llenar el inmenso vacío dejado por el festival “I love 90’s” -con los cabeza de cartel Chimo Bayo y Rebecca, la de “Duro de pelar”-, que canceló por misteriosos “motivos técnicos de fuerza mayor”. Y por si al cóctel base le faltaba una pizca de surrealismo, llegó un playback defectuoso, diez chavalas en el escenario intentando cantar sin saberse una balada del dj, cantante, concursante y “mi pequeño del alma” delante de un aforo casi vacío y Telecinco. Y esta historia con la que a servidora se le hace la boca agua ocurrió el pasado sábado en Guadalajara. ¿Alguien da más?

Todo comenzó hace unos meses. El Ayuntamiento presentaba el cartel “más ambicioso desde 2008” de “Música en primavera”, lo que antes se conocía como “La Semana de la Música de Guadalajara”. Cantajuegos y espectáculos familiares para niños y padres resignados; Manolo García, Los Secretos o Love of Lesbian venían a contentar a los grupos “selectos”; y OBK, Chimo y sus secuaces a los que añoraban los ritmos machacones de los noventa -principios, medios y finales, para que nadie se sintiese desplazado-. Se vendió el espectáculo “I love 90’s: Viva la fiesta” como un revival en toda regla con entidad propia.

Poco importaba que la semana siguiente se celebrase en el antiguo Palacio de Deportes de Madrid un evento del mismo corte (y mismo promotor) pero con artistas internacionales noventeros y rompepistas como los injustamente (o no) olvidados Vengaboys – “boom boom boom boom I want you in my room” está a la altura de los versos de Kiko, sin lugar a dudas- y que repitiese el inmortal Chimo Bayo y el incombustible Paco Pil. Ni tampoco que el primer fin de semana de mayo fueran fiestas en la mitad de la provincia y que Marchamalo consiguiese a la Orquesta Panorama -como meses antes lo hizo Almoguera. Respect- y Cabanillas a los Trogloditas. La cosa estaba tan segura (o no) que incluso se invirtió en anuncios en radiofórmulas en las que la palabra sale al precio del salmón: se puede, pero hay que hacer el esfuerzo.

La noticia bomba llegaba a tan solo seis días del evento: se suspendía por causas de fuerza mayor de carácter técnico, aunque no se especificaba cuáles. Aún así, el Ayuntamiento aseveraba que ya se encontraba en negociaciones para suplir este concierto con una oferta parecida. Y qué mejor que el hijo de una de las tonadilleras más laureadas de los “noventa hasta hoy” (por seguir con la coña de las radiofórmulas) y el hermano de Juan Magán -que estuvo hace apenas dos semanas en el mismo escenario aunque con mucho más éxito de público, según afirmó el Consistorio-. Todo queda en familia de artistas -no, no era un error de cartel: Víctor Magán existe y también se dedica a la industria musical y canta cosas como “Mami, no me la pongas en China / piña / guineo (que es como se dice al plátano en  República Dominicana, pero este barcelonés es muy internacional) / melón / mandarina” (solo esta canción me da para todo un post, pero me voy a moderar. Si tienen tiempo para procrastinar, no duden en escuchar sus delicadas rimas).

Y, como era de esperar -y seguramente se olieron los promotores de “I love 90’s”- poca alma fue al recinto ferial, ni aunque fuera un evento gratuito. Kiko Rivera a los platos en una carpa vacía recordaba a los momentos finales de una discoteca móvil entre semana de las ferias, muy lejos del ambiente verbenero registrado en muchos otros puntos de la provincia. Ni Paquirrí Junior (uno de ellos, porque recordemos que el torero puso su mismo nombre a dos de sus hijos) saltando entre el público, ni sentándose al borde del escenario para ponerse íntimo, ni sacando a diez chicas a cantar una balada que ninguna se sabía. Ni siquiera el playback acompañó, jugándole algunas malas pasadas en las que se escuchaba su verdadera voz de tenor.

Lo siento, mi cabeza no está al 100%”, se excusaba el artista que apenas acaba de salir de un reality, a ver si por la rama televisiva podía agarrar algo de épica sabiendo que las redes sociales mueven montañas. Y así ocurrió: al día siguiente, Telecinco se hacía eco de su concierto “fail”, dándole unos minutos de gloria, asegurando que uno de los escasos asistentes había informado a un programa de “chumeteo” de que “no cantaba del todo bien”. Con Chimo Bayo y Rebecca esto no hubiese pasado. ¿O sí?

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