Aliviados

Por David Sierra

Aliviados. Así nos hemos sentido, y me incluyo, muchos ciudadanos cuando el pasado 28 de abril conocíamos los resultados a las elecciones electorales. Que la extrema derecha no cumpliera los pronósticos más agoreros y se quedara en algo más de una veintena de escaños en los primeros comicios a los que acudía organizada sin careta ha sido la mejor noticia para el presente de este país.290px-Ciudad_Valdeluz

No tanto para el futuro. Es cierto que las urnas han otorgado al PSOE la posibilidad de formar un gobierno progresista, bien en coalición con otras formaciones o en solitario mediante pactos puntuales. También es evidente el batacazo del conservadurismo tradicionalista representado por el Partido Popular así como el cada vez mayor afianzamiento de los defensores de liberalismo radical que defiende Ciudadanos. El temido pacto de las derechas a la andaluza ha quedado, de momento, bloqueado por una izquierda movilizada que ha votado en masa aparcando los sentimientos, muchos de ellos, de desafección ante una clase política incapaz de generar ilusiones y en la que destacan más las riñas internas que los logros que pueden brindar como grupo.

A lo largo de los próximos meses, e incluso años, saldrán publicados trabajos que tratarán de explicarnos el fenómeno del surgimiento de Vox. Ponerlo en contexto tal y como sucediera, no hace tanto, con la aparición de Podemos y sus mareas. Estudios que determinarán los acontecimientos sociales de esta nuestra época, la responsabilidad que han tenido los medios de comunicación y su manera de proceder, la influencia de las redes sociales, las nuevas formas de interconexión social y un sinfín de variables que ofrecerán una fotografía del movimiento de Santiago Abascal.

Pero a día de hoy tanto alivio respirado es, sin duda, fruto de un gran fracaso. Que un movimiento que desprecia al foráneo, que idolatra simbologías, que prioriza al fuerte ante el débil, que establece clases, que legitima la violencia, que no respeta los derechos humanos, haya obtenido representación en la cámara baja no puede considerarse una victoria. Que esta formación política haya encabezado los resultados en algunas localidades no puede considerarse un triunfo de una sociedad moderna que aspira, precisamente, a todo lo contrario.

Los escaños de Vox en el Congreso no van a impedir gobernar a Pedro Sánchez. Ni echar abajo ninguna de sus propuestas. Pero pueden marcar esa otra agenda, la mediática, tal y como han hecho a lo largo de la campaña electoral. Sembrar dudas sobre asuntos ya superados mediante la manipulación y el falseamiento de datos. Influir en los posicionamientos de una oposición fragmentada que aún no tiene claro el espacio desde el que ganarse la confianza de sus propios seguidores. Generar la discordia y el caldo de cultivo necesario para ensalzar los extremos en detrimento de los postulados más moderados.

La estrategia del partido verde pasa por aprovechar el desgaste en la acción de gobierno. Convertir el mensaje de la llegada del lobo en algo tan rutinario y farragoso que favorezca la abstención en los comicios que están por venir para que los descreídos y desilusionados vuelvan a sentirse cómodos, considerando otras alternativas de ocio en la jornada de depósito del sufragio, cuando toque. Y rememorar la añoranza de las épocas de hemeroteca tergiversada, porque las modas siempre regresan. La memoria tiende a aparcar los malos recuerdos y recupera aquellos que en algún momento nos hicieron sentir felices. Recuperar esa España ‘vintage’ de pesetas y seiscientos, de folclórica y toreros, de escopeta y perro.

Una veintena de escaños pueden dar mucho juego. Incendiar el Parlamento. O cualquier ayuntamiento. De momento, los pueblos más pequeños, se libran de este entuerto. Donde no hay poder no existe interés cuando el propósito es someter. Guadalajara es un buen ejemplo. De los 11 municipios donde Vox ha presentado candidatura (Alovera, Azuqueca, Budia, Cabanillas, El Casar, Chiloeches, Guadalajara, Torrejón del Rey, Villanueva de la Torre, Yebes y Yunquera de Henares), nueve forman parte del Corredor del Henares y se caracterizan por ser de los más poblados en la provincia. De todos ellos, la Ciudad de Valdeluz podría ser el que mejor posicionado estuviera para obtener representación municipal de la extrema derecha, a tenor de los resultados obtenidos en las Generales, donde fue la fuerza más votada. El resto de la provincia, de momento, ha quedado limpia de radicales.

Las pasadas Elecciones Generales podrían marcar el principio del fin de esta etapa democrática y de paz si el papel que deben jugar las fuerzas políticas que creen en el sistema no asumen una posición de unidad y toman el toro por los cuernos ante el resurgimiento de la mayor amenaza que ha tenido el país desde el final de la dictadura. La de Sánchez, sin duda alguna, va a ser la legislatura más complicada de este periodo democrático pero será un compromiso de todos los partidos que los ciudadanos no volvamos a sentirnos, después de unas elecciones, aliviados.

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