Historias de la España vaciada. La resistencia (VI)

DA66E68F-4E10-4F30-AB01-534E281C9CE1

Alejandro en Hiendelaencina. Los rebaños tradicionales en la sierra de Guadalajara tienen los días contados. Foto: J. Sabory.

 

Guadalajara convertida en el corral de Madrid como consecuencia de la despoblación, pero sobre todo me conmueven las historias de los que tuvieron que abandonar sus para ser trasplantados a otros lugares, en muchos casos hostíles, en otros liberadores, pero siempre traumáticos. La patria de un hombre es su infancia y adolescencia y a ella se vuelve. Juan Enrique Ablanque.

 

Por Gloria Magro.

La España rural y despoblada abarca la mayor parte del interior del país. Cualquiera que se ponga en carretera puede comprobarlo, la despoblación no conoce de fronteras ni de provincias. Después del abandono, de esas historias replicables por comunes en cualquier localidad aislada de las dos Castillas, Extremadura, Aragón… y del aún incipiente movimiento de repobladores rurales, hay otra cara de este mismo prisma, la de aquellos que resisten en los pueblos, los que se niegan a dar por perdida la batalla por la supervivencia en las pequeñas localidades donde el paso del tiempo juega en contra de la demografía.

La España vaciada se pasea estos días por las páginas de los medios de comunicación en su versión más anecdótica, mero entretenimiento para urbanitas a la hora del café. Qué otra cosa puede ser esa “noticia” sobre un gallinero que ha sido clausurado en Asturias porque a los clientes de un hotel rural próximo les perturbaba el ruido de las aves. O esta otra, a página completa en El Mundo, sobre la única votante del PSOE en Rebollosa de Jadraque, una diminuta aldea gala según el periodista desplazado al interior de Guadalajara.

Notas de color, pequeñas ventanas antropológicas a un mundo rural desconocido presentado como la versión actual del “Disputado voto del señor Cayo”, de Delibes. Y solo porque estamos en periodo electoral y resulta que en esos pequeños pueblos del interior se han jugado muchos escaños además de las diputaciones provinciales. Por lo demás, que poca memoria tenemos: la práctica totalidad de los españoles tenemos un pasado de pueblo en cuanto retrocedemos apenas una generación. La boina aún nos deja marca aunque reneguemos de ella y para la mayoría de nosotros el pueblo solo sea opción de verano o escapada de fin de semana a un medio rural idealizado, como quien va a un parque de atracciones. Y sin embargo hay vida y futuro más allá de la Gran Vía. Los que se quedaron, los que se niegan a marcharse de los pueblos, dan fe de ello.

Hablo de este tema con Julián, de Hiendelaencina (117 habitantes). Su familia es el principal motor económico del pueblo a través de su negocio de hostelería, el Mesón Sabory, que lleva funcionando cuarenta años. Precisamente esos urbanitas que ansían experimentar el ruralismo de fin de semana y degustar como si fuera algo super novedoso la matanza tradicional del cerdo, han hecho que Julián Sabory y su hermano resistan en el pueblo frente a los cantos de sirena de la ciudad. Y encantados. Julián no me puede atender en Semana Santa, el restaurante está a rebosar, lo mismo que el bar: hasta la terraza exterior presenta un frente sin fisuras. De hecho, el pueblo entero está a rebosar de gente atraída por la representación de la Pasión Viviente y a sabiendas de que después habrá que pelearse por una mesa en el restaurante. Quedamos en hablar pasados esos días de frenesí. El lunes el pueblo está más tranquilo y Julián puede dedicarse al rebaño, 670 cabras en ganadería extensiva tradicional y ecológica que pastan por estos campos de la sierra que no son aptos para cultivar pero que sí proporcionan una carne excepcional, como bien saben sus clientes: cabrito asado de la tierra. También me dedica un rato de charla.

“El nuestro es un negocio familiar, –cuenta- nosotros ahora recogemos los frutos (del trabajo) de nuestros padres. En 1975, cuando todo el mundo se iba a las ciudades, mi padre lo que hizo fue trabajar de camionero en Madrid, en Leganés, después en Las Cuevas de Luis Candelas… Pero fue un visionario: volvió al pueblo y abrió un bar sin ningún apoyo, en un trozo de la casa de mi abuelo”. El boom les llegó a finales de la década de 1990 y a día de hoy el éxito de su negocio es la principal fuente de ingresos del pueblo y el que de hecho -además de las antiguas minas de plata- lo pone en el mapa. El Mesón Sabory es parada y fonda obligada para todo aquel que pasa por la sierra de Guadalajara en busca de los pueblos negros, su reseña ha salido en El País de la mano de Paco Nadal, recibe la visita de políticos y celebridades y ahora ha sido descubierto por los bloggers.

Hiendelaencina cuenta con tres casas rurales que atraen turismo estacional y de fin de semana y pese a todo, la población no crece, permanece estancada. Los Sabory tienen a seis personas fijas en plantilla, algo difícil de sostener cuando la realidad es que el establecimiento solo llena en fines de semana y fechas señaladas, además del verano, cuando la población se dispara hasta los dos mil habitantes. A diario hay pocos forasteros por el pueblo y esa es una de las causas por la que no se abren otros establecimientos. También es difícil encontrar personal que quiera desplazarse hasta la sierra a trabajar y mucho menos vivir allí. Tampoco encuentran pastores. Julián me comenta que ahora tienen uno marroquí, Rachid, instalado en el pueblo con su familia pero que el día que decida marcharse será difícil de sustituir, como lo está siendo conseguir un camarero que ocupe el lugar del señor polaco que ha trabajado con ellos hasta su ya próxima jubilación.

Solo quien tiene un pasado rural resiste en estas tierras y sin embargo, “aquí se vive fenomenal. Antes vivir en estos pueblos era ponerse la boina y ahora sin embargo en hora y media estás en la Gran Vía”, opina Julián. Desde su punto de vista como pequeño empresario, echa de menos un poco más de apoyo institucional y menos trabas administrativas para mantener su modo de vida rural y su rebaño: “somos dos mundos paralelos, hacer aquí cualquier cosa, cualquier papeleo es un gran problema y requiere mucha inversión, mucho dinero y mucho esfuerzo“,  explica y enumera las complicaciones y los requisitos que conlleva mantener las cabras. En su opinión, los rebaños como el suyo, que mantiene con Alejandro, su socio, están condenados a desaparecer de la sierra de Guadalajara y con ellos un modo de vida tradicional y autóctono.

Lo sabe bien Juan Cristóbal, el hijo del panadero. Juan tiene 25 años vive en Madrid y sube al pueblo los fines de semana a ayudar en el horno. Licenciado en Químicas, cuando termine el máster que está cursando se incorporará al mercado laboral. O tal vez no: su padre se jubilará dentro de cinco años y Juan tiene hasta entonces para decidir que hacer con su vida. Oyéndole hablar no es difícil de adivinar que el pueblo le tira y que le tira mucho. De hecho, es el actual presidente de la Asociación Juvenil de Las Minas, como se conoce a Hiendelaencina en toda la zona y también va en una lista electoral. “La vida de panadero es muy dura -cuenta- y mi padre siempre ha querido que tenga una vida más fácil que la suya”. Juan cree que toda la comarca está de capa caída. Lo sabe bien quien lleva la cuenta del pan que se consume a diario por esos pueblos, dos barras aquí, tres barras allá… no hay mejor sondeo económico que ese. Ellos mantienen un repartidor, generan empleo a pequeña escala: todo en la sierra es a pequeña escala. “Necesitamos infraestructuras que mejoren la vida de la gente en esta comarca“, afirma con convicción. Y pasamos a hablar de la carretera de La Toba, que tiene el dudoso honor de ser a día de hoy la peor carretera de toda Castilla-La Mancha, según me dice. Juan habla con pasión de su pueblo, de su comarca. Se le intuye futuro político y muchas ganas de trabajar por su gente.

Quien también resiste en este municipio de la sierra de Guadalajara es Isabelle Bancheraud, propietaria de la Casa Rural La Perla y descrita por muchos lugareños como el alma civil de Hiendelaencina. Implicada en cuanta causa social y cultural corra por las calles del pueblo, Isabelle se expresa con desparpajo y un leve deje francés pero como una serrana más, como una autóctona: si la palabra integración llevara nombre sería el suyo. Hablamos por teléfono mientras el viento se cuela en la conversación y pese a ello, Isabelle, que acaba de regresar de una visita relámpago a su Francia natal, agradece el clima seco y frío de estas tierras en contraposición con la humedad y la lluvia de su región de origen en el Atlántico. Su familia y ella llegaron a Hiendelaencina en 2011, época de crisis y recortes “pero milagrosamente logramos mantener el servicio de Urgencias y la población”, me cuenta. A través de una inmobiliaria especializada en alojamientos rurales, Isabelle se enamoró de una vieja casa abandonada construida en su día para los ingenieros de las minas. “La compré en dos días“, dice risueña, y tras reformarla, la convirtieron en su hogar y su negocio. “Lo nuestro es una elección de vida -afirma- una apuesta con los niños y con todo lo positivo que aporta vivir aquí”. Su caballo de batalla a día de hoy es la imposibilidad de aplicar en los pueblos la libre elección de centro escolar que hay en las ciudades. Así, sus hijos de 9 y 12 años deberían de ir al de Jadraque, aunque ellos prefieren el Instituto de Cogolludo para el mayor, por lo que tienen que hacer a diario con su propio coche el trayecto de ida y vuelta hasta allí, ante la imposibilidad de que les concedan el transporte escolar del que sí se beneficia su hijo pequeño. La historia es conocida, de Bustares, ¿recuerdan? Un palo más en la rueda de quienes optan por resistir en el medio rural. ¿Y el futuro? Según esta hostelera por vocación, casada con un profesor, se adivina poco halagüeño: que se mantengan la población y los escasos servicios que ya tienen, no se atreve a ir más allá. “Somos cabeza de la zona, pero a más no creo que vayamos”, opina. Y que los hermanos Sabory sigan al pie del cañón, tirando del pueblo por mucho tiempo, me dice.

Historias de despoblación, de retorno, de nuevos pobladores y de resistentes. Historias de nuestras gentes en Guadalajara, de la sierra, la campiña, las panameras… de su pasado y de su futuro. Lo que ha sido, lo que es y lo que podría estar por venir si no le ponemos remedio. A poco más de una hora por carretera del super poblado corredor del Henares hay toda una provincia por vivir. Muchas gracias a todos los que han colaborado en hacer esta serie de artículos posible.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.