Elogio fúnebre de Alfredo Pérez Rubalcaba.

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Durante una visita a Guadalajara en 2013, con Magdalena Valerio, el presidente García Page, Jesús Alique y Pablo Bellido. Foto: Guadaqué.

 

Inteligente, eficaz y honesto político.

 

Por Antonio Marco. (*)

Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido un servidor eficaz de su patria y de sus ciudadanos, un socialista ejemplar y un rival admirable.

Un “ictus” o golpe inmisericorde dañó irremediablemente su cerebro deslumbrante el pasado día 9 y sobrecogidos esperamos durante unas horas su recuperación imposible. Ahora escribo con dolor y emoción un insuficiente elogio fúnebre.

De las numerosas tareas que como político y hombre de gobierno realizó, tan solo mencionaré tres; citarlas todas es imposible.

Alfredo Pérez Rubalcaba, estuvo muchos años en el Ministerio de Educación y Ciencia, primero como secretario de estado y luego como ministro. La tarea esencial de aquellos años era transformar el sistema educativo de una dura e injusta dictadura en el sistema adecuado de una democracia recientemente recuperada. Sin duda alguna, afirmo que el cerebro que organizó y dirigió aquella inmensa y larga tarea fue el de Alfredo Pérez Rubalcaba, ahora golpeado por la muerte. La reforma, largamente experimentada, quedó legalmente formulada en la LOGSE, que el propio Pérez Rubalcaba presentó en muchos lugares, entre otros en el Instituto Brianda de Mendoza de nuestra ciudad.

Tuve el honor y la suerte de desempeñar algunas responsabilidades de gestión educativa en Guadalajara en aquellos años con compañeros excepcionales. Al frente de todos nosotros Ángel Abós como director provincial, al que sucedí en el cargo en 1990, coincidiendo con Alfredo ya como ministro.

En aquellos años la “educación” era todavía una tarea mayoritariamente nacional. Una vez al mes éramos convocados en la sede ministerial en Madrid los responsables provinciales para recibir información directa y comentar la variada situación provincial. Rubalcaba siempre abría y dirigía aquella reunión de “provincianos” pedigüeños y quejicas. Deslumbraba por su inteligencia, por su empatía, por su humanidad y por su cercanía. Nos escuchaba, como ha sido siempre su actitud en el Gobierno y en el Partido Socialista. Era una experiencia inolvidable.

Tampoco he olvidado una cena con él y algunos responsables del Partido Socialista y de la Dirección Provincial de Educación de Guadalajara, apenas media docena de personas, en el Hotel Pax. La noche propiciaba un tono todavía más confidencial y cercano. Nos contagiaba la pasión con la que vivía la educación, convencido como buen socialista de su transcendencia liberadora en la vida de las personas. A largo de los años, cuando nos hemos encontrado, en numerosas ocasiones, era un verdadero placer egoísta el saberse reconocido personalmente por quien a tanta gente trató.

Y puesto que escribo en Guadalajara comentaré otra anécdota de interés. Angel Abós, extraordinario director provincial de Educación de acción eficaz y callada, tuvo la feliz idea de proponer la creación de un Instituto de Educación Secundaria en Cifuentes. Los números ajustados de alumnos apenas si lo justificaban, cuando tantas necesidades había en un país con una educación maltratada durante decenios. Según confesión del propio Angel Abós, no tardó ni cinco minutos en convencer al secretario de estado Rubalcaba de que una comarca, poco poblada ciertamente, pero tan solidaria con el resto del país, que albergaba una central nuclear, bien se merecía un Centro de Enseñanza Secundaria. El Instituto se construyó felizmente, lo inauguró el propio Rubalcaba acompañado de la gerencia de la Central de Trillo que había colaborado inicialmente en la financiación. En el Instituto de Cifuentes, Don Juan Manuel, inauguraron los Reyes el curso escolar 1994-95.

Cuando Angel Abós dejó la Dirección Provincial de Educación para volver a la docencia en el año 1990, Alfredo Pérez Rubalcaba vino a Guadalajara para participar en su despedida. Siempre supo valorar el trabajo de quienes colaboraron con él. En educación su labor fue inconmensurable, sin duda alguna.

Quiero resaltar también su inteligencia y clarividencia para acabar definitivamente con la banda terrorista ETA. Contra ETA lucharon muchas personas durante muchos años y en la memoria debemos tener permanentemente a las víctimas y sus familias, que son quienes más sufrieron. Pero es de justicia reconocer que quien durante muchos años fue la voz del Partido Socialista y del gobierno contra ETA fue Alfredo Pérez Rubalcaba. Nunca se puso medalla alguna por ello, un rasgo más de su inmensidad como persona y como estadista, ni lo publicó a los cuatro vientos, antes bien sufrió mucha incomprensión y ataques de una oposición que no estuvo a la altura de las circunstancias ni con suficiente sentido de Estado. Ha llegado, pues, el momento de dar a cada uno lo suyo por estricta justicia distributiva. Quien definitivamente acabó con ETA fue Alfredo Pérez Rubalcaba. Que lo sepa todo el mundo.

En cuanto a su cualidad de “socialista ejemplar” sólo resaltaré su permanente disposición a cumplir con los deseos de su partido. Fue Secretario General en momentos muy difíciles y fue candidato sin dudarlo en unas elecciones en las que con suficiente evidencia conocía que obtendría un mal resultado en las urnas.

De su disposición en el partido pueden dar idea todas las provincias de España, también Guadalajara, a donde acudió siempre que se le requirió para echar una mano, la última vez creo recordar en Cabanillas en diciembre de 2015.

Cuando entendió que su labor política en puestos de primer línea había acabado, volvió con discreción y elegancia a su Facultad, a su aula, para enseñar Química a los alumnos. Y lo ha hecho en estos cuatro últimos años con éxito absoluto, deslumbrando también a unos jóvenes alumnos con su facilidad para la explicación y su cariñoso y amable trato humano.

Rival admirable” es el merecido calificativo que le ha dedicado quien fue su antagonista político en el Parlamento, Mariano Rajoy. Estos son días de reconocimiento generalizado a quien tanto lo mereció, pero si el título tan noble se lo otorgan sus adversarios, nada tenemos que oponer sus compañeros de partido. La expresión honra también a Rajoy y hace olvidar tantos momentos de injusto sufrimiento con que le obsequiaron muchas veces los diputados y dirigentes de la oposición. Ciertamente fue “rival admirable” e invencible en la Tribuna; su conocimiento, su inteligencia, su dialéctica siempre didáctica explicando sus propuestas o desmontando la irracionalidad de las del adversario, lejos de toda confrontación gratuita o personal, su fina ironía le hicieron “invencible”.

Las palabras siempre se quedan cortas para valorar una vida tan plena y el sentimiento de dolor no ayuda en la expresión. Sólo nos queda desearle como hacían los antiguos, a cuyo estudio he dedicado por mi parte muchas horas de mi vida, que «la tierra no le pese demasiado» (sit tibi terra levis). Y a buen seguro que no le pesará porque habrá volado ya al Olimpo de los inmortales. Y nos queda también recordarle siempre, eternamente, como es debido recordar a los héroes que hicieron tanto bien a sus semejantes.

fotoArticulo189.jpg(*) Antonio Marco es militante socialista y ha sido catedrático de Latín en el Instituto Brianda de Mendoza de Guadalajara. Fue jefe de Programas Educativos de 1983 a 1990, director provincial de Educación entre 1990 y 1993 y diputado regional de 1995 a 2011. En 1999 fue nombrado presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha. En la actualidad se encuentra jubilado. 

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