Los Manantiales y la inseguridad (I)

 

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La pandas juveniles hacen huir a los vecinos y deprecian los pisos. Foto: Housell

«Los Manantiales, es un barrio extremo  y algo marginal. Mucho inmigrante. Hay peleas frecuentemente, solo basta con consultar las intervenciones de la policía local. Actos vandálicos, venta de droga, ruido excesivo. Yo creo que es un barrio muy conflictivo».

«Llevo desde agosto viviendo en Los Manantiales y solo oigo a los niños cuando van al cole, el resto nada de ruido excesivo. ¿Actos vandálicos? Resulta que el otro día hubo uno en el parque nuevo y zas!!! Eran de Adoractrices y de El Alamín! (*)

 

Por Gloria Magro.

En la plaza de Las Burgas del barrio de Los Manantiales hay un portal que no tiene el descansillo exterior que si tienen los demás portales. Hace tiempo que los vecinos, hartos de incidentes, optaron por adelantar la puerta de acceso al inmueble hasta hacerla coincidir con la fachada del edificio y evitar así que el grupo de jóvenes que se reúne en el bazar de la esquina invada también ese espacio o lo vandalice. La vecina que vivía encima de ese local optó por una medida más drástica: vender su piso.

Muchos guadalajareños estarían de acuerdo en afirmar que Los Manantiales es no solo un barrio obrero, sino también un barrio marginal aunque nunca hayan puesto un pie más allá del puente sobre el río Henares. Pero lo realmente preocupante y que llama a la reflexión es que también algunos vecinos de este barrio creen que viven en un entorno inseguro donde las pandillas de adolescentes, el trapicheo de drogas, los okupas y el hacinamiento de familias inmigrantes marcan el día a día. Y sin embargo, las cifras que manejan las autoridades lo desmienten. Los problemas en Los Manantiales están ligados al multiculturalismo y la convivencia entre distintas comunidades. Y aparte de eso, hay problemas puntuales que no definen en absoluto a todo el barrio ni afectan a todos los vecinos por igual. Así, se da la paradoja de que mientras en unos bloques se da por perdido el espacio público, apenas unos metros más allá, otros, la mayoría, viven completamente ajenos a esta situación.

«Soy vecino y solo con pasear por el barrio, con estar por la plaza, ya ves el ambiente. No hay día que no venga una patrulla policial para realizar alguna intervención en el barrio».

El principal punto negro de Los Manantiales a día de hoy sería la plaza de Las Burgas, un espacio privado de uso público que les cuesta a los vecinos de los edificios que la rodean más de seis mil euros al año en mantenimiento. Y sin embargo, lo disfrutan poco. La comunidad de propietarios se queja de que una pequeña panda de jóvenes ha tomado la plaza desde que hace un par de años abriera el bazar de la esquina. Son un grupo conocido, apenas una docena, que viene causando problemas desde su etapa adolescente en el Instituto Luis de Lucena. Desde que abrió el comercio que les surte de alcohol, se reúnen en los soportales de la esquina norte de la plaza a cualquier hora del día y de la noche, causando alarma entre los vecinos por su comportamiento incívico.

Los vecinos de la plaza afirman que estos jóvenes, vecinos también del barrio, están relacionados con el trapicheo a pequeña escala y a día de hoy son un foco de atracción para drogadictos. Les responsabilizan de la suciedad de las aceras y de todo tipo de molestias incompatibles con la convivencia en lo que hasta su aparición era una plaza donde jugaban los niños y donde nunca había habido problemas.

«En el chino de la plaza de las Burgas está todos los días la policía, no se sabe si porque venden drogas y alcohol a chicos muy jóvenes… ahí pasa de todo».

Las quejas vecinales se centran en el botellón permanente en la plaza y en la aparente inactividad de unos jóvenes que no parecen tener las menores obligaciones, por cuanto se pasan los días allí reunidos, entorpeciendo el paso de vecinos a sus casas y de los clientes a los comercios. También enumeran inacabables incidentes que en general son motivo de alarma y de preocupación. Los vecinos se quejan, en definitiva, de que han perdido el control sobre su plaza y de que se sienten amedrentados en sus propios edificios.

Los problemas giran en torno al bazar, un establecimiento cuyo dueño no sale mejor parado, según cuentan desde la Asociación de Vecinos La Isabela. Su presidente, Carlos García, afirma que es tanto un problema de inseguridad entorno a ese local -a cuyo dueño también hace la vida imposible esta pandilla, explica- como de insalubridad del propio negocio, algo que desde la asociación ya han hecho llegar tanto a las autoridades como a la delegación de Sanidad de la Junta. Los comerciantes de la zona también expresan inquietud: estas situaciones alarman a la clientela. Los vecinos querrían que la propietaria del local, una persona muy conocida en el barrio, se replanteara a su inquilino. En los últimos meses la situación se ha agravado por cuanto estos jóvenes han alquilado uno de los locales, a modo de peña o lugar de reunión.

Y mientras unos vecinos se alarman, otros permanecen por completo ajenos a esta percepción de inseguridad. En los mismos bloques de Las Burgas donde algunas familias se sienten acosadas, otras sin embargo afirman no saber de lo que aquí estamos tratando. «Yo no estoy muy enterada –explican extrañados en un piso sobre la cafetería de la plaza- lo que si oigo son los coches que pasan a toda velocidad, sobre todo por la noche. Derrapan al girar en la calle Alto Rey y en el verano son una plaga. Compiten por la medalla al tonto del año». Simultáneamente, otros residentes del mismo inmueble narran una situación mucho más preocupante: estos días han llegado a ver a toxicómanos inyectándose en la plaza y dejando las jeringuillas tiradas; han tomado incluso fotografías que lo atestiguan.

Desde la Subdelegación del Gobierno niegan que este vecindario registre mas delitos que el resto y afirman que la policía no interviene más en Los Manantiales que en otros lugares de la ciudad. También fuentes cercanas a la policía local confirman que en materia de seguridad ciudadana no hay diferencias entre estas zona y las demás. De hecho, si hablamos de presencia de otras etnias y otras nacionalidades, apuntan a lugares bastante distantes como de mayor concentración de población multicultural. También confirman que hay presencia constante de Policía de Proximidad y que las rondas de las patrullas en sus calles son constantes.

A pesar de todo, en Los Manantiales tienen puestas sus esperanzas en el resultado de las próximas elecciones municipales. Incrementar la seguridad en todo el barrio es una de las demandas prioritarias que quieren hacer llegar al futuro gobierno local. Los vecinos de la plaza de Las Burgas han hecho también llegar en los últimos años sus demandas a este respecto al actual equipo municipal a través de los representantes sociales, pese a que el Consejo del Barrio hace mucho tiempo que no es convocado por el Ayuntamiento. No obstante, afirman que en el Consistorio popular son conscientes de lo que allí ocurre y están perfectamente informados.

«La policía acude a las llamadas de los vecinos, hace acto de presencia y que pasa después: que el problema sigue. A veces acude la Policía Nacional, otras la Municipal. Cada uno tendrá sus competencias y tomarán nota de lo que les afecta pero el problema sigue creciendo». 

Otra de las demandas históricas en Los Manantiales es la referida a tener una comisaría de Policía Local propia. El PSOE lo llevó al Pleno del Ayuntamiento el pasado mes de octubre, con vistas a  que la propuesta fuera incluida en los presupuestos de 2019. También el Partido Popular se comprometió a crear una policía de barrio hace varias legislaturas, sin que hasta ahora ninguna de estas iniciativas haya salido adelante.

Y mientras los vecinos de la plaza de Las Burgas quieren dar visibilidad a su problema, en el resto del vecindario las demandas en materia de seguridad se centran en los pisos ocupados y en los problemas que genera la propia evolución de Los Manantiales como barrio. El paso de una comunidad humilde y muy cohesionada -tanto por su aislamiento original como por la extracción social de sus primeros ocupantes, mano de obra que vino de los pueblos para trabajar en las fábricas del corredor del Henares a finales de los años 1960- a una sociedad multicultural no ha sido fácil. El envejecimiento de la población y su sustitución natural por inmigrantes magrebíes y latinoamericanos está en el origen de muchos de los problemas actuales de convivencia que se dan o al menos se perciben en Los Manantiales. A esto se añade la propia idiosincrasia del lugar y un fuerte sentimiento identitario que se ha mantenido hasta ahora y que juega en contra de la integración de aquellos venidos de fuera en los últimos años.

Más sobre seguridad en Los Manantiales, convivencia y multiculturalidad, el próximo sábado en El Hexágono.

(*) Opiniones reales recogidas en las redes sociales.

 

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