El debate a seis: “Juego de tronos” alcarreño

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De izquierda a derecha, Antonio de Miguel (Vox), José Morales (UP), Antonio Román (PP), Rosa San Millán (moderadora), Alberto Rojo (PSOE), Rafael Pérez Borda (CS) y Jorge Riendas (AIKE). // Imagen: Guadalajara Media (Twitter)

Por Patricia Biosca

Llegué al debate local “Like a virgin”, que diría Madona en sus tiempos de pechos picudos. Pongo la televisión hastiada de las generales: después del empacho del 28A, el 25M me da tanta pereza como la alarma del despertador por la mañana -a pesar de esta frase sea  políticamente incorrecta y más aún viniendo de una periodista-. Me agarro a una pizca de curiosidad y sintonizo Guadalajara Media. A las 20 horas exactas saluda una impecable -y así seguirá hasta el final- Rosa San Millán, encargada de liderar el enfrentamiento cara a cara de los seis candidatos a la Alcaldía de Guadalajara. Conclusión a grandes rasgos: una película más coral de lo imaginado -a pesar de algún actor que parecía haberse equivocado de género-; con más “chicha” y debate más o menos improvisado de lo esperado; pero con un guion poco original en cuanto apuestas. Vamos, como la octava temporada de “Juego de Tronos” en versión alcarreña.

Nada más empezar, Antonio Román, actual alcalde que quiere revalidar el título encabezando el PP, mostraba que había llegado a marcar territorio. Afirmaba en sus primeras palabras que en realidad se trataba de un “cinco contra uno”, si bien él mismo, a esas horas, también había elegido contrincantes: PSOE, el gran rival histórico al que todas las encuestas marcan como favorito después de los datos de las generales; y VOX, el partido al que antes se le hacían guiños pero ahora es el anticristo. El debate muestra a un Román seguro de sí mismo, con un discurso bastante fluido y dando la impresión de que sabe de qué habla. No en vano lleva como alcalde en Guadalajara doce años. Para bien y para mal. Y a pesar de las dudas que ha generado sobre su candidatura (el “ahora sí, ahora no” que se trae desde hace años puede pesar mucho en una de las elecciones más reñidas de la historia de la ciudad), está echando el resto montándose en furgoneta, fichando a “influencers” alcarreños o creando su propio videojuego a lo Mario Bros con corbata. Así, abonado al riesgo, protagonizó los “rifirrafes” más interesantes de la noche -el “salseo”, que decimos los millennials-, quejándose por detrás y mostrándose cómplice con José Morales (Unidas Podemos), al que pareció tratar como un hijo a pesar de la cera -que tampoco fue mucha, la verdad-. No hizo grandes anuncios, pero consiguió lo que quería: liderar el debate, resistir el envite y no pasar desapercibido.

Muy contraria la actitud de Alberto Rojo, candidato socialista al trono de hierro de Guadalajara. Siguiendo con los símiles de la serie del momento, Rojo fue un Meñique venido a menos: intentó cautivar mirando fijamente a cámara, hablando directamente al telespectador, lanzando pullitas a Román cada vez que podía -la limpieza de la ciudad le dio para dos réplicas y un esquema en A3-. Pero al final la sobreactuación y su vasallaje hacia el rey Emiliano García-Page -no en vano se trata de su Mano en Guadalajara- empañaron la actuación, que se notaba medida al milímetro. Se esforzó por caer bien y no caer en lo que criticó del Ayuntamiento: “No es simpático”, dijo refiriéndose al Gobierno local. Pero aún con todo, salvó los muebles con una sonrisa incluso durante las interrupciones de Román, sabiéndose en una posición bastante ventajosa. “Seguramente ganemos las elecciones como el pasado mes de abril”, dijo seguro en el alegato final. Veremos si el que fue alcalde de Hita -argumento que esgrimió el actual alcalde para el ataque sibilino- consigue lo mismo en Guadalajara.

José Morales, el candidato más joven de la mesa que se presenta por Unidas Podemos demostró que la edad no tiene por qué ser un hándicap. A pesar de que empezó algo titubeante, poco a poco fue ganando confianza hasta mostrar su seguridad y sus tablas en esto de la política. Para mi gusto, su discurso muchas veces pecaba de demasiado nacional o incluso globalista, si bien en la réplica demostraba su conocimiento local. Con un tono certero y correcto, se echó de menos una postura más combativa que sí ha mostrado en los plenos. Recuerdo para José Luis Maximiliano, su “mentor” y valor seguro en la política de Guadalajara. Aunque hay potencial de joven padawan, aún le queda un trecho para llegar al mismo nivel que el de su maestro Jedi municipal.

Por su parte, el candidato de Ciudadanos a la Alcaldía de Guadalajara, Rafael Pérez Borda, pagó, y con creces, la novatada: fue una presa menor en un grupo de dragones -en el que siguen faltando dragonas, por cierto- que ni siquiera repararon en su figura ni para pegarle un susto. Las caras de Pérez Borda hacían incluso apiadarse al telespectador con su sufrimiento, que iba en aumento según pasaban los minutos. Aunque tuvo varios intentos de hacer suyas las palabras de sus tarjetas serigrafiadas con el logo y los colores de su partido, fue peor el remedio que la enfermedad, por lo que al final de su alegato se dedicó a leer sin entonar su “vota por ti, vota por mí, vota al ciudadano” a pesar de que San Millán le apremiaba por el tiempo.

También decepcionó el candidato de VOX, Antonio de Miguel. Con un perfil más bajo del que nos tiene acostumbrados tanto su formación como él mismo -el placer culpable de sus artículos de opinión es la droga más fuerte que me he metido al cerebro en mucho tiempo-, al principio optó por no salirse mucho del carril: propuestas más o menos cabales, incidiendo mucho en el “clientelismo” del deporte en Guadalajara, el reparto desigual de subvenciones para las asociaciones y recuperar la milla de Ferias, que parece que marcó la infancia del candidato a fuego. Pero ni rastro de los mensajes incendiarios a los que nos tienen acostumbrados desde el partido liderado por Abascal. A destacar, su chapucera forma de introducir otros temas fuera del debate como el parque de bomberos, la Policía Local o la educación -esta última en el apartado de Ferias y aunque sea competencia regional- y su bonita camisa estampada.

La gran sorpresa llegó de la mano de Jorge Riendas, candidato por el grupo municipal “A Guadalajara hay que quererla” (AIKE). Con una naturalidad pasmosa y con la ventaja de no tener el lastre de la historia, Riendas encontró su espacio a pesar de ser el último en llegar. “Estamos cansados de quejarnos desde las puertas de los colegios y de las barras de los bares”, afirmó el candidato a la Alcaldía, que supo responder incluso al Román más combativo con un tono calmado y firme. Y eso sin recurrir al excesivo ego que para esta mundana ha tenido su campaña, lo que sumó enteros en su participación.

Haciendo recuento: haber elegido pasar la tarde-noche viendo el debate local ha sido como cuando descubres una película de Netflix que te deja buen sabor de boca un domingo de resaca: no marcará mi vida (ni mi voto), pero como experiencia ha sido mejor de lo que pensaba. En cinco días, el capítulo final del “Juego de tronos” alcarreño. Pero sin guionistas de HBO de por medio.

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