De Galeprix a Novoplex

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La plaza de Santo Domingo en una postal de los años 70, antes de la debacle estética actual.

 

Por Gloria Magro. 

El plexiglas era a mediados del siglo pasado un material novedoso, un nuevo tipo de plástico transparente que en el imaginario colectivo se asociaba al progreso y al futuro. Paco Rabanne, Pierre Cardin… los modistos diseñaban gabardinas, botas y bolsos de plástico y a una joven que se había hecho cargo de la fábrica de bolsos familiar ese material les inspiró para dar nombre a su nuevo negocio en Guadalajara: lo llamarían Novoplex. De eso hace ya medio siglo y lo que fue en su día un comercio a la vanguardia en plena calle Mayor alta, la primera boutique de la ciudad diseñada por un arquitecto, tiene los días contados. Más bien los meses: Novoplex cerrará el próximo mes de enero. El casero del palacio de Montemar que lo alberga, su último propietario, un conocido empresario de Guadalajara, tiene otros planes para ese inmueble. Por lo pronto, derruirlo si el Tribunal Superior de Castilla-La Mancha no lo impide. Y así, otro capítulo de la historia de nuestra ciudad acabará convertido en un solar. 

Los solares asolan el centro de Guadalajara. La decadencia del casco histórico parece imparable y lo de Novoplex es sólo el último capítulo. La única novedad que ha habido de un tiempo a esta parte en esta zona de la ciudad han sido los locales alquilados por los partidos políticos para hacer campaña electoral. Y un poco más abajo se auguran cantos de sirena con el renovado Mercado de Abastos, que aún en obras ha abierto sus puertas esta semana pasada. Será un éxito o será un fracaso, como saberlo. La obra se ha llevado a cabo con dinero público 1,1 millones de euros de licitación municipal financiados por fondos EDUSI  de la Unión Europea en un ochenta por ciento. Será el Ayuntamiento recién salido de las urnas quien convoque el concurso de explotación, algo a lo que se había comprometido el anterior equipo de gobierno municipal pero que finalmente no ha llevado a cabo.

Dónde ponga el umbral del rédito económico la concesionaria no lo sabemos y si los guadalajareños dan o no su beneplácito y acceden a consumir en un entorno de estas características, también está por ver, aunque en Madrid los mercados que mezclan puestos tradicionales con restauranción están siendo un éxito rotundo. Por lo demás y por lo que atañe a la calle Mayor, pasado el frenesí de las elecciones todo volverá la normalidad de los últimos tiempos, esa normalidad cada vez más vacía y más desoladora. Está previsto que los Juzgados abandonen también el centro en un futuro inmediato, una vez construida su nueva sede junto al cuartel de los GEO.

De Galeprix a Novoplex podría decirse aunque las comparaciones son una vez más odiosas. Realmente la decadencia del centro de Guadalajara empieza un poco más arriba en el callejero local, retrocediendo también un poco más en el tiempo. El kilómetro cero de la decadencia estaría en la plaza de Santo Domingo, el centro neurálgico de la ciudad, su corazón comercial y físico una vez que Guadalajara comenzó a extenderse por los cuatro puntos cardinales a finales de los años 1960. Ahí, en el edificio de Galeprix, como aún se le conoce, podríamos situar el epicentro del declive, ese que seguro el nuevo equipo de gobierno municipal buscará revertir, lo mismo que se propusieron sus predecesores.

La plaza más significativa de la ciudad después de la plaza Mayor, la que se pone en valor cada vez que hay un acontecimiento en Guadalajara, es a día de hoy un espacio de difícil defensa estética: Santo Domingo es un batiburrillo de edificios de diferentes épocas, de estilos arquitectónicos diversos y también, una vez más, de solares. Pasado y presente se dan la mano en esta plaza como no lo hacen en ningún otro lugar de la capital. Y el resultado es poco digerible: nadie se ha preocupado de cuidar y preservar su entorno. El edificio en altura que preside la plaza ha marcado sin duda su estética y el parking que se construyó debajo hace un par de décadas terminó de rematar el desaguisado: la primera plaza hormigonada de la ciudad, la primera oda al cemento. Después cerró aquel supermercado y los siguientes y los soportales con el tiempo dejaron de tener vida. Solo las pérgolas dotan de sombra y refugio a los viandantes y añaden algo de color al conjunto.

A día de hoy, la zona sin duda más transitada de la ciudad presenta un aspecto envejecido. Mientras, el conde de Romanones, pertrechado detrás de sus pinos decimonónicos asiste impertérrito al paso del tiempo. Ha tenido más suerte que lo que en su día fue la Casa del Pueblo de la U.G.T., un edificio emblemático hoy también desaparecido y convertido en solar. Si algo se salva en la plaza de Santo Domingo es el señorial edificio de la familia Solano, último vestigio de tiempos mejores. Ese inmueble también está a la espera de dirimir su futuro y vistos los precedentes y el tiempo que lleva vacío, a saber como acabará. Pero aún hay esperanza, a su costado, el palacete rehabilitado que fue sede bancaria y de Correos, se mantiene en pie y en uso después de que una conocida familia local de empresarios lo adquiriera.

Pero para la plaza de Santo Domingo poca esperanza parece haber. La excavación del párking en los años 1990 se llevó por delante el encanto y la vegetación que aún se puede ver en las postales de la época. El único párking público municipal de gestión privada de Guadalajara es una concesión aquejada de problemas de todo tipo y que ha acusado como pocas el paso del tiempo. Para empezar, problemas estucturales: tres plantas subterráneas sin ascensor, algo contrario a la ley actual y que de hecho hace inaccesibles sus plazas a personas con necesidades especiales e incluso a carritos de bebé. Los propietarios, ubicados en el nivel inferior, deben afrontar 90 escalones cada vez que acceden a sus plazas de aparcamiento. La misma situación que impide por ejemplo que se rehabilite la casa del pintor Carlos Santiesteban, aquí es permitida por los técnicos municipales sin ningún rubor. Y no es el único problema. La falta de información clara y de registro impide a los actuales administradores conocer la adjudicación actual de las plazas en propiedad y complica por tanto el cobro de las cuotas correspondientes a su mantenimiento, haciendo sospechar de impagos desde hace años. El Ayuntamiento por su parte se ha desentendido de todo lo referente a esta edificación, pese a que si los bajos de lo que en su día fue Galeprix volvieran a tener el uso para el que fueron concebidos -un gran supermercado, pongamos que un Mercadona-, sería necesario tener un párking actualizado y que cumpla con la legislación vigente, algo que hoy a todas luces no es así.

Lo que en un lugar es desidia administrativa que se arrastra desde hace décadas, en otro, calle Mayor abajo, ha sido una actuación municipal contundente y rápida, difícil de explicar, al menos para los propietarios de Novoplex (*). El palacete donde se ubica la tienda desde 1967 y por cuyo traspaso del local en su día el alma mater de la tienda, Purificación Antón, pagó un millón de pesetas de la época -lo mismo que costaban los pisos más caros hasta el momento construidos en Guadalajara; por esa cantidad se podían adquirir tres pisos en el nuevo Polígono de El Balconcillo, para ubicarnos-, no ha devenido en ruina por sí mismo. Habitado hasta hace apenas quince años, el último cambio de propietario tras varias herencias sucesivas, auspició su lento declive. Desde 2015 el edificio de los Montemar cuenta con un expediente municipal en firme que ratifica la ruina del inmueble. De hecho, lo único a conservar de todo el conjunto sería el arco de piedra del portón principal. El tema está recurrido ante el Tribunal Superior de Castilla-La Mancha, tras cinco largos años de pleitos en tribunales sucesivos.

Lejos queda ya la Exposición Universal de 1927 en París, de donde el padre de Purificación Antón trajo el primer rollo de nylon que se vió en Guadalajara, un material novedoso con el que se podían remendar los bolsos de piel de la época. Propietarios de una fábrica con tienda en la calle Benito Chávarri, el nylon dió lugar a una nueva manufactura de bolsos y el resto, como quien dice es historia. La historia de los Antón y también un poquito historia de Guadalajara. En este caso, una historia con fecha de cierre, el próximo mes de enero.

 

(*) Novoplex seguirá atendido a sus clientes a partir del próximo enero en su local de la Travesía de Santo Domingo.

 

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