Hasta siempre, don Pablo

Por David Gómez

Imagen del Deportivo Guadalajara en homenaje al fallecido Pablo Ramos | Foto: Club Deportivo Guadalajara

Escribir en días como hoy se convierte en un banal ejercicio de supervivencia. Cada línea escrita con el corazón en un puño duele y sobra. Cada lágrima producida por el shock diluye cualquier intento de producir algo que merezca la pena. Llegados a este punto, lo mejor sería guardar silencio y detenerse aquí. Pero discúlpenme: no puedo. Son demasiadas las palabras que quedaron sin decir. Son demasiadas las palabras que merecen esta despedida.

Decía la fotografía publicada por el Club Deportivo Guadalajara en su comunicado oficial que el cielo ganaba ayer un deportivista más. No podían estar más equivocados. La figura de don Pablo Ramos García no es una cualquiera en la lista. Socio número 6, ex secretario y Presidente de Honor de la entidad desde hace cuatro meses, Pablo Ramos es, con permiso de Justo Yela, la personificación del Deportivo. Su historia es la de un tipo que dedicó más de media vida al equipo de sus amores.

Su andadura en el Dépor comenzó como entrenador de las categorías inferiores. Poco después, don Pablo se convertiría en el delegado del club para, acto seguido, desempeñar el rol de secretario. Bajo ese puesto se desenvolvería durante gran parte de su andadura en el Pedro Escartín, viviendo los momentos más importantes de la historia del Deportivo Guadalajara. Sus ojos presenciaron los ascensos en Huesca, Las Palmas y Miranda de Ebro, pero también los descensos a Regional y los años más crudos de la entidad.

A sus 79 años, Pablo Ramos se marcha ocupando la Presidencia de Honor del Club Deportivo Guadalajara. Apenas cuatro meses ha podido disfrutar de tal privilegio, pues su nombramiento para el cargo se produjo en la última Junta de Accionistas del 21 de marzo. A la salida, don Pablo manifestaba a los medios su alegría por ocupar tal puesto en el equipo de su alma. “Es lo máximo”, confesó por aquel entonces. Pero su cuerpo dijo basta. Su corazón dejó de bombear sangre morada por las venas. Medio siglo de servicio ininterrumpido al Dépor merecen un descanso eterno en paz.

Solo su calidad humana superó su vocación para con el Deportivo Guadalajara. Jamás existió una palabra de rechazo hacia un tipo excepcional. Miles de anécdotas imposibles de recoger en estos párrafos inundan las vivencias de cuantos convivieron con él. Su adiós supone la despedida de un ser humano cuyo corazón era más grande que su amor por el Dépor. Y créanme: no había nada más grande que eso. Por eso, Pablo se despidió sin reproches ni rencores. Pudo contar mucho, pero siempre guardó silencio. Siempre por el bien del club. “El Deportivo está por encima de todo y hay que respetarlo. Hoy estamos nosotros, pero mañana estarán otros”. Palabra de don Pablo.

Causas naturales acabaron con la vida de Pablo Ramos en el momento más delicado de la historia del Club Deportivo Guadalajara. Su vida se apagó, pero su estrella ya brilla en el cielo para iluminar el final del túnel. Ese será su penúltimo servicio al Dépor. ‘Su’ Dépor. Don Pablo ya no está con nosotros, pero siempre vivirá en nuestras despedazadas almas. Porque el espectáculo, como el Deportivo, debe continuar. Él ya está allí arriba para guiarnos con su espíritu. Hasta siempre, don Pablo. Gracias por tanto.

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