La despedida

Por Borja Montero

Finalmente ocurrió el más difícil todavía (aunque con Ciudadanos nunca se sabe). Guadalajara estrena alcalde estos dias, lo que supone, a su vez, que despide a quien ha presidido la Corporación Municipal en los últimos doce años, más de una década que, a pesar de haber estado protagonizada por un grupo de confianza con pocos cambios, ha tenido sus fases y periodos. Sirvan estas líneas como despedida de Antonio Román Jasanada, mi alcalde de Guadalajara, ya que es al primero al que he visto desde su ascenso hasta su caída, conociendo bien los entresijos y los detalles de toda su gestión.

En mayo de 2007, y tras una campaña tremendamente activa en todos los barrios que incluía informes fotográficos de lo que había que arreglar, Román conseguía la mayoría absoluta en el Pleno y se convertía en alcalde de la ciudad. Sus primeros cuatro años estuvieron marcados por las intensas obras en el centro de la ciudad, varios millones de euros gastados en dotar a todas sus calles de un homogéneo tono gris y que también sirvieron para favorecer a algún amiguete (véase el parking de la Plaza Mayor). El primer mandato fue correcto, algo más que aprobado, incluso para aquellos que no confiaron en Román de inicio, con algunas promesas cumplidas (como el traslado del Ferial), algunas lustrosas inauguraciones (como el Polideportivo de Aguas Vivas o la sede de la Policía Local) y alguna operaciones de éxito (la concesión multimillonaria de algunas contratas o la eliminación del poder de la Federación de Peñas reventándole además la Feria Chica con la entonces llamada Semana de la Música, por citar algunas).

Obras son amores y, además, Román caía bien. Un buen chico de Guadalajara de toda la vida que se enfrentaba en 2011 a Magdalena Valerio, a la que se presentó como una aterrizada que representaba el rancio poder de la Junta de Comunidades que tanto había maltratado a Guadalajara. Los ciudadanos compraron la gestión correcta y el discurso le valieron para revalidar la Alcaldía y le dieron un respaldo tal que, a la postre ha sido perjudicial para la ciudad. Y es que un Gobierno de dieciséis concejales de 25 posibles, doblando en representación al segundo partido más votado (PSOE con ocho) puede incitar a que uno deje de dar explicaciones y se revista del poder omnímodo para hacer de su capa un sayo. Coincidió este segundo mandato con los años más duros de la crisis, con bajos ingresos en las arcas municipales y planes externos de ajuste, por lo que no hubo excesivas obras para lucirse, y con la llegada de María Dolores Cospedal a la Presidencia de la Junta, por lo que tampoco se podía jugar la carta del maltrato desde Toledo. Lo mejor era el silencio y el continuismo, algo a lo que ayuda el secretismo que permite la Ley de Grandes Ciudades, todo ello salpicado de vez en cuando con alguna aparición en los medios nacionales por su pluriempleo y sus elevados emolumentos o por algún que otro encontronazo con la tolerancia y la igualdad o con la Ley de Memoria Histórica.

En 2015, el panorama político ha cambiado. Hay nuevos partidos y, lo que es más grave a efectos electores, no hay nada que Román pueda vender para defender su gestión. Aún así, el PP es el partido más votado y, acuerdo con 33 condiciones con Ciudadanos mediante, el popular repite por tercera vez como alcalde, si bien dijo que solamente iba a quedarse dos mandatos. Después de catar las facilidades de un Gobierno de dieciséis concejales, lo de andar pactando presupuestos y que te saquen los colores con enmiendas incómodas se atraganta. Y se hace bola. Tanta que ha habido muchos momentos en los que parecía que Román iba a bajarse del barco (ya había superado el tiempo previsto como alcalde y su participación en aquellas elecciones solamente respondía a necesidades de partido dados los buenos resultados como cabeza de lista del candidato), pero finalmente ha persistido, quizás por responsabilidad, quizás por intereses de partido, quizás por una mezcla de bravuconería y mal perder.

Y así, con la cartera vacía de proyectos ilusionantes, llegamos a 2019, al resultado que todos conocemos y que casi hace alcalde a Román una vez más, aunque fuera por agotamiento. Finalmente, un pacto a nivel regional del PSOE y Ciudadanos, cocinado muy lejos de Guadalajara y, muy probablemente, sin tener en cuenta su idiosincrasia y su casuística, ha hecho alcalde a Alberto Rojo. Pero eso es otra historia que empezaremos a contar a partir de ahora.

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