Casas de apuestas, cultura y juventud

Casa apuestas

Salón de juego ubicado en la céntrica calle Sigüenza // Foto: Guadaqué

Por Víctor Aparicio (*)

2013, Ley 2/13, de 25 de abril del juego y las apuestas de Castilla-La Mancha, se empiezan a regular en nuestra Comunidad las salas de juego presenciales -la regulación del juego online es competencia estatal y dio comienzo en el 2011-. En los primeros 5 años tras la promulgación de dicha ley se crearon 250 establecimientos de este tipo en la región. Actualmente en Guadalajara capital existen 14 salas de juego, entre bingos y casas de apuestas. Por otro lado, en nuestra ciudad ni está ni se espera la apertura de una Casa de la Cultura, al tiempo que seguimos sin contar con una Biblioteca Municipal en condiciones, puesto que el pobre proyecto del anterior consistorio popular de la Biblioteca Municipal “José Antonio Suárez de Puga” en las instalaciones del CMI “Eduardo Guitián” no se asemeja ni de lejos a lo que debe ser una institución de tal nombre.

La ludopatía es un problema grave y de más hondo calado de lo que solemos pensar. Sin contar a día de hoy con una muestra estadística clara sobre el efecto que ha tenido en nuestro país la irrupción hace menos de una década de las casas de apuestas, tanto online como presenciales -el fenómeno es reciente y los estudios aún son escasos-, lo que se puede afirmar sin ningún género de duda es que el número de personas que acuden a centros de rehabilitación por problemas con el juego ha aumentado y, lo más preocupante, la edad media de los jugadores no para de descender. Los locales de juego inundan nuestros pueblos y ciudades, invaden el espacio público, se introducen en nuestras casas y en nuestro día a día a través de una publicidad desmedida en medios de comunicación y redes sociales y, finalmente, contribuyen a la decadencia de los barrios y entornos más humildes -no por casualidad este tipo de establecimientos proliferan en zonas de rentas bajas y altas tasas de paro y precariedad laboral, algo que sí está plenamente documentado para el caso de Madrid-, arrastrando a la adicción  y la ruina a miles de personas, de las que un alto porcentaje son adolescentes o jóvenes de apenas 20 años. La contrapartida de esta problemática son los pingües beneficios que las empresas del juego – Codere, Sportium, Luckia, Bet 365, Betway, 888…- ingresan anualmente, alcanzando la cifra de alrededor de 30.000 millones de euros, con un crecimiento del 20% anual. Y es que cuando hablamos de casas de apuestas estamos hablando del negocio de unos pocos, no de ocio.

Medios para combatir esta lacra hay muchas. La regulación de la publicidad de este tipo de negocios y la reducción de su presencia pública son medidas esenciales. Es vergonzoso, por ejemplo, que 19 de los 20 clubes futbolísticos que participaron en la anterior edición de la Liga Santander -una muestra más de la hegemonía del patrocinio empresarial o bancario- firmasen acuerdos promocionales con alguna de las empresas de apuestas, luciendo el logo de tal o cual casa de juego en camisetas y productos propagandísticos, logos que son vistos por millones de jóvenes para los que el fútbol es una referencia y que provocan una clara normalización de las apuestas deportivas. Sería positivo, por otra parte, una mayor regulación en la ubicación de los locales de juego, ya que su cercanía a centros juveniles y educativos es también un elemento peligroso y denunciable -puede comprobarse fácilmente en nuestra propia ciudad, cuyo ejemplo más evidente es la casa de apuestas situada prácticamente en frente del I.E.S Castilla, pero no es el único caso-, así como un mayor control del acceso a menores en los locales de apuestas, de reclamos promocionales, horarios, etc.

Pero, aun reconociendo la importancia de estas medidas, un aspecto crucial en la lucha contra la ludopatía y su impacto en la juventud es el modelo o modelos culturales, deportivos y de ocio en general que se implantan y se promulgan, así como el propio modelo de sociedad que estamos construyendo. El neoliberalismo y la sociedad de consumo han destruido hasta límites preocupantes nuestra capacidad de pensar, actuar y relacionarnos en colectivo, han creado una sociedad hedonista e individualista en la que se prioriza el beneficio y el éxito propios, principalmente económico o material. El marketing y la publicidad lo invaden todo y la inmediatez y la rapidez para adquirir bienes de consumo, información e incluso emociones se convierten en nuestras máximas aspiraciones, transformándonos en individuos alienados y desentendidos de las problemáticas comunes y estructurales. Trasladado al caso concreto del juego, no es difícil darse cuenta de que las dinámicas predominantes son exactamente las mismas. El problema viene cuando estos elementos se introducen en el modelo de ocio y cultural hegemónico y del que participan los jóvenes de hoy en día.

La situación actual del ocio y la cultura en Guadalajara deja mucho que desear. A nadie se nos escapa que el modelo deportivo por el que ha apostado el Ayuntamiento de la capital, gobernado por el Partido Popular hasta el pasado 15 de junio, priorizaba el deporte de élite y profesional mientras descuidaba el deporte base y las instalaciones deportivas de barrio. Importaba más traer un gran evento nacional o internacional que dejase mucha publicidad y dinero a Guadalajara -a unas pocas empresas, se entiende- sin preocuparse de en qué condiciones nuestros deportistas locales tenían que desarrollar dicha actividad. Por otra parte, quien conozca mínimamente el contexto cultural de la ciudad sabrá lo difícil que es poder disfrutar de, por ejemplo, un evento musical en la zona centro de la ciudad, ya sean plazas, parques o establecimientos privados, salvando las muchas restricciones y, sobre todo, arbitrariedades que desempeñaban los responsables institucionales del equipo de Gobierno anterior, que nuevamente favorecían más lo económico y lo más puramente empresarial; o que colectivos que parten desde abajo, más allá de lo oficial, lo institucional o lo “mainstream”, y que tratan de impulsar una cultura alternativa y no atravesada por el factor económico, tienen también dificultades para desarrollar sus proyectos. En Guadalajara contamos con espacios muy atractivos, como lo es la Sala Tyce, pero que están completamente desaprovechados y que no permiten desarrollarse a los diferentes proyectos artísticos y culturales de nuestra ciudad. Todos conocemos varios de estos proyectos y la enorme potencialidad que tienen las y los artistas de Guadalajara, y todos sabemos las constantes y múltiples trabas y dificultades a que tienen que enfrentarse diariamente.

Y es que el modelo sociocultural que queramos construir es un elemento fundamental a la hora de combatir las diferentes adicciones a que puede verse tentada la juventud, entre ellas la del juego. Reforzar las políticas de juventud, facilitar espacios alternativos a las casas de apuestas -cines, teatros, bibliotecas, centros sociales, centros culturales, recintos deportivos…-, tratar de construir una serie de espacios y modelos de sociabilización alternativos a la lógica individualista, material y neoliberal descrita más arriba y, en definitiva, ofrecer alternativas más sanas y constructivas, son tareas a desarrollar si no queremos que la lacra de las casas de apuestas y la ludopatía siga haciendo daño en nuestra sociedad y nuestra juventud. A esta tarea tratará de contribuir la Plataforma Contra las Casas de Apuestas de Guadalajara, constituida recientemente y presentada públicamente el pasado 12 de junio. Queda mucho trabajo por hacer, pero es necesario ponerse manos a la hora desde hoy mismo.

Pablo Aparicio* Víctor Aparicio es Licenciado en Historia por la Universidad de Alcalá de Henares y actualmente estudiante de doctorado en Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco. Activista en movimientos sociales y miembro de la Plataforma Contra las Casas de Apuestas de Guadalajara.

 

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