Una batalla ganada

La duquesa del Infantado y el Ministro de Cultura, firmando el acuerdo sobre el Palacio del Infantado // Foto: JCCM

Por Álvaro Nuño.

La firma del actual ministro de Cultura en funciones, José Guirao y la duquesa del Infantado, Almudena de Arteaga, elevada a pública y oficial el pasado lunes 24 en la sede madrileña de Ministerio en Madrid y con la presencia del consejero de Educación castellanomanchego también en funciones, Ángel Felpeto, y del recién estrenado alcalde de Guadalajara, Alberto Rojo, por la que por fin la totalidad del Palacio del Infantado pasa a propiedad pública tras un acuerdo con la noble, que ha cambiado el proyecto de su padre de hacerse un dúplex por 853.000 euros contantes y sonantes, es una gran noticia para todos, para todos los españoles porque el palacio es por fin propiedad total del Estado, pero sobre todo, para todos los guadalajareños, que somos los que disfrutamos de sus instalaciones y los que veíamos como una mala política y un ardid judicial podían haber acabado con la familia mendocina volviendo a vivir en el palacio después de siglos de abandono, un bombardeo y un incendio que lo dejó arrasado de por medio, y una reconstrucción total que ya pagamos los españoles hace nada menos que sesenta años.

Al primero que hay que felicitar por esta sorpresiva pero efectiva gestión es al equipo del actual Ministerio de Cultura. Hemos pasado del ínclito Íñigo Méndez de Vigo, también con título nobiliario y primo lejano de los Mendoza, que no sólo no recurrió la sentencia del Juzgado de Guadalajara que reconoció en 2009 el derecho habitacional del padre de la actual duquesa, titular de la herencia desde el acuerdo de cesión firmado en 1960 con el Estado por el cual la titularidad del edificio pasaba a titularidad pública, sino que gasto 17.300 euros en realizar un proyecto para convertir la zona denominada del torreón, en la parte trasera del edificio, en un lujoso dúplex de casi 400 metros cuadrados, con escaleras de madera maciza, un salón de 104 metros, dormitorios de 30 metros cuadrados, cocina, baño, despensa más otra planta diáfana de 80 metros más libres para que los nobles le echaran imaginación, y acceso por los jardines traseros. En total, el presupuesto del “casoplón” se elevaba a medio millón de euros. No contentos con el regalito, el mismo Ministerio, en manos todavía del Partido Popular, recurrió la decisión del Ayuntamiento capitalino -también del PP- de denegar la licencia de construcción del dúplex por contravenir las normas urbanísticas municipales, que impedían e impiden un uso residencial en el Palacio. Y ahí hay que felicitar al Equipo de Gobierno de Antonio Román, por defender los intereses generales de la ciudad, el uso público del palacio y no achantarse frente al Ministerio defendiendo el cumplimiento de  la normativa municipal, muy bien redactada, por cierto -parece que quien la hizo ya sabía lo que podía pasar en el futuro-.

La verdad es que tanto el anterior Ministerio como el actual intentaron llevar todas estas gestiones en el mayor de los secretos aunque en direcciones opuestas. Al primero y sus planes de cumplir los deseos de Íñigo de Arteaga le descubrió la senadora y hoy concejala de Cultura capitalina Riansares Serrano, buena conocedora del palacio por haber sido directora del Archivo Provincial cuando compartía el edificio con el Museo y la Biblioteca. Cuando el asunto se hizo público, la plataforma ciudadana “Abraza el Infantado”, movilizada en un principio contra la decisión del gobierno regional de María Dolores de Cospedal de poner precio (3 euros) a las visitas al edificio –excepto para las fiestas privadas de los populares-, renació y enarboló la bandera de la lucha en todos los frentes contra los deseos del fallecido duque del Infantado y del seguidista gobierno de Mariano Rajoy.

Y es a esta plataforma ciudadana a quien hay que felicitar también por mantener todo este tiempo la llama encendida, el piloto de alarma activado continuamente para que el tiempo y la maquinaria administrativa no fuera haciendo su trabajo de manera silenciosa hasta que un día nos encontráramos con el camión de la mudanza del duque y los albañiles en las puertas del Infantado para cumplir esa infame sentencia a base de azulejería y maderas nobles. El actual concejal del grupo municipal Aike, el aparejador Jorge Riendas, se convirtió en la cabeza visible de la lucha ciudadana contra el pisito del duque, reivindicando junto a un grupo de irreductibles un palacio abierto, vivo y público.

Una vez superado parece que definitivamente la amenaza de un uso privado para este monumento público, ahora quedan dos objetivos a llevar a cabo en el edificio más emblemático de la ciudad. Por un lado, solucionar el problema de la aluminosis, que se concentra en una parte de la galería lateral -el corazón nos saltó a la boca cuando el inmueble se cerró al completo ante el riesgo de que afectara por completo-. El director general de Bellas Artes anunció en el mismo acto que en estos momentos ya se está redactando el proyecto para solucionarlo con una inversión prevista de 450.000 euros y un plazo de obra de dos años.

Y el otro gran proyecto sería convertir el Museo Provincial en el gran museo que Guadalajara no tiene todavía y se merece. Este proyecto museológico ya está planteado por parte de los técnicos del actual a la Junta de Comunidades, responsable de la gestión del servicio, pero debe materializarse con la colaboración del propietario del Palacio, que es el Ministerio. Sus responsables también hablaron de un replanteamiento de este proyecto, que debe incluir ahora una sala que recuerde el indudable e imborrable  vínculo de la Casa del Infantado con el edificio, acordada junto al dinero. Este proyecto también lo hace suyo la plataforma “Abraza el Infantado” -el del Museo, no el de la sala del homenaje- o sea que seguro que no caerá en saco roto, porque ya llevan dos batallas ganadas: la del cierre del Palacio y el pago por visitarlo, y la del pisito. La tercera será la de convertir el actual y modesto Museo en un proyecto más ambicioso que abra todo el edificio a la ciudadanía y nos permita conocer los tesoros y las obras que ahora mismo no puede mostrar por falta de espacio, inversión y personal.

Por último, la tercera administración en liza, en este caso el Ayuntamiento capitalino, no parece tener pensado recuperar la campaña que iniciaron sus antecesores solicitando a la Unesco la catalogación de Patrimonio de la Humanidad y que finalmente no se consiguió. En vez de eso, en el acuerdo PSOE-Ciudadanos figura la creación del “Guardián del Infantado” para los más pequeños, con el objetivo de que conozcan nuestra historia de primera mano con una experiencia real en la ciudad, y no virtual, pudiendo mostrar orgullosos su título y convertirse así en transmisores de nuestro pasado. Veremos cómo se materializa esta idea y cuántos guardianes tendrá el Infantado dentro de cuatro años.

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