Bares, qué lugares (III)

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 “Mi padre, Jacinto Solanas Laleona –en el extremo izquierdo de la imagen en La Casa de Andalucía-, llegó con el oficio de camarero desde el Restaurante Hevia de la Castellana, en Madrid”. Gema Solanas.

 

Por Gloria Magro .

Los bares están ligados a nuestra historia personal más que ningún otro escenario pese a que con el paso del tiempo ya no es que nuestros recuerdos sobre ellos se desdibujen, es que los bares también cumplen su ciclo y cambian de manos o desaparecen. Pocos, por no decir ninguno, de nuestros bares de juventud existen a día de hoy. Y mucho menos los que permanecen están igual que en nuestra memoria.

La historia de la familia de Gema Solanas -arriba en la imagen su padre junto con otros camareros y Eusebio, cocinero hoy en la Residencia Los Olmos.- está ligada a aquellos bares de Guadalajara de sabor añejo, camareros de toda la vida y parroquianos de siempre donde su padre se ubicaba siempre detrás de la barra:

“Eran los últimos años de la década de los 70 y recuerdo que el primer lugar en el que comimos, recién aterrizados en Guadalajara, fue en el restaurante La Criolla. En sus años jóvenes, mi padre fue un camarero muy reputado, manejaba las barras y las mesas con gran maestría y recordaba las comandas sin anotarlas ni equivocarse. Fue en La Murciana el primer lugar en el que trabajó mi padre, aunque estuvo más tiempo en Las Galeras, un restaurante de grandes salones en los que, privilegios de tener un padre camarero, celebramos mi comunión como si de una princesita se tratara. Lo que más recuerdo de Las Galeras, junto con un par de carruajes de galeras que dieron nombre al restaurante, es que mi padre regresaba con varios autógrafos de famosos de la época pues, quizá por estar en la nacional, muchos paraban allí (…) Otro trabajo de mi padre que me fascinaba era el del Restaurante El Clavín. También se dejó el lomo en lugares como el Hogar Extremeño, del que recuerdo que estuvo un tiempo en el local que antes había sido La Bolera, un espacio amplio y subterráneo con focos de colores, o La Casa de Andalucía, con su decorado alegre y florido, cerca de la calle del Ferial. Hizo alguna temporada en el bar del Coliseo Luengo, otro privilegio para los hijos del camarero, que podían pasar a alguna sesión gratuita si no había lleno.  No pueden faltar otros trabajos como extra en los salones del Hotel Pax para bodas, bautizos y comuniones. Me pregunto en cuántas fotos de bodas de Guadalajara permanecerá una imagen suya con su chaqueta y pajarita, su sonrisa o su rostro concentrado”. 

Ya no quedan camareros de siempre, como lo era Jacinto Solanas, y si me apuran, tampoco bares de toda la vida como aquellos a los que este camarero de origen maño dedicó sus mejores años. Las modas cambian y los locales se actualizan siguiendo las demandas de los clientes. Como consecuencia de esto, los bares de copas han prácticamente desaparecido de la ciudad mientras que los bares de barrio son un anacronismo en esta Guadalajara tan expandida. Los locales donde sus dueños llevan el día a día y los parroquianos son viejos conocidos también empiezan a ser un arcaísmo. Y la ciudad pierde un poco de sabor mientras gana en franquicias y en locales de grandes cadenas.

Al parecer no se trata de un problema local, si es que a esto se le puede denominar así,  un problema, sino el resultado de cambios más profundos de tipo coyuntural, económico y también social. Un cambio de paradigma en toda regla que está transformando el sector del ocio y no solo en las grandes ciudades, Guadalajara también acusa una crisis en en la hostelería. Según publicaba en El Confidencial hace algunos días el periodista Esteban Hernández, “estamos ante transformaciones derivadas de nuevos modelos de ocio. De aquella España repartida en bares, restaurantes y pubs, cada cual con su función y su horario, hemos pasado en las grandes ciudades a locales con oferta amplia, que incluyen afterwork, cena y ‘aftercena’. Algunos grupos empresariales de reciente creación han emergido en ese segmento y han conformado firmas sólidas y con notable cuota de mercado. Por otra parte, las franquicias se están extendiendo y cada vez tienen más locales en España. En cuanto a los pubs, cada vez abren menos y están prácticamente relegados al ocio más nocturno”. 

Es imposible recoger puntualmente todos los locales que han aflorado tras la petición que hice en las redes sociales hace varias semanas para recuperar ese trocito de nuestra historia local que son los bares de nuestra memoria. Pocos de los locales que mencionaban los lectores  siguen abiertos hoy en día. ¿Porqué cerraron los bares de nuestra vida? Los lectores de El Hexágono también tienen su propia opinión.

Francisco Gómez López cree que hay menos bares  en Guadalajara “por varias razones,  la primera el desarrollo del Corredor del Henares, y la segunda, el crecimiento de la población basado en una ciudad dormitorio. Y tercera, las trabas del Ayuntamiento, fundamentalmente en el centro. Y una cuarta, el desarrollo del Centro Comercial”.  A lo que hay quien añade “y por la economía, el cambio cultura, los (establecimientos) chinos y los horarios del trabajo“, Cachuelo Trillano. En este punto, Jorge Mat añade que se trata de un problema económico: “cada vez nos fríen más a impuestos y los presupuestos para el ocio se resienten”.

Tenemos menos bares porque hay menos presupuesto para gastar en ellos. En esta misma línea se pronuncia Jesús Ramón Valero, aunque su análisis personal va más allá de la mera economía: “El primero es el poder adquisitivo, con el cambio al euro los precios se dispararon y la gente empezó a tomar la alternativa botellonera. El segundo, la nueva Guadalajara que desplazó a mucha gente y las distancias yo no se cubren a pie – si se va de fiesta-. La presión tanto de alcoholemia como en control de decibelios se ha multiplicado. La sociedad también ha cambiado. Se ha diversificado y buena parte de ella no sigue nuestras costumbres. Los negocios no lo tienen fácil porque los alquileres son más altos y los márgenes menores. Tampoco es fácil el papeleo… Podría estar una hora enumerando causas pero me quedo con que en 1992 (año promedio) salías un fin de semana entero con mil duros – 30 euros- y volvías con dinero y, no menos importante, la gente hablaba, se relacionaba, no tenía pantallitas delante de los ojos”.

 

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“Un bar que fue una institución de Guadalajara: El Ideal, de la familia de Tomás Fernandez, en la Calle Mayor Alta. Hoy es ocupado por la Farmacia de Arsenio Garcia”. Eduardo Díaz.

 

Y sin embargo, hay quien opina que el punto de partida es erróneo, que hay muchos más bares hoy de lo que nos pensamos. “Yo tengo aproximadamente unos trescientos veinte bares en activo a fecha de hoy, junio de 2019, solo en Guadalajara capital. Creo que la cantidad es considerable, hay mas bares de lo que parece.” Mariano Monje.

Pero al parecer fueron muchos más, Jesús Ramón Valero: “No sé dónde leí una vez que Guadalajara ciudad llegó a contabilizar 408 bares, desde discotecas a tascas, alrededor de 1990. Lo recuerdo porque la cifra coincidía con el máximo de pueblos que tuvo una vez la provincia hace muchos años”. Luis Vicente Pérez responde que es un dato contrastable: “Hace unos años existía, e imagino que sigue existiendo actualizado, un documento estadístico de actividad hostelera detallado por categorías: bares, cafeterías, cervecerías, hoteles, hostales, etc, de donde podrían extraerse esos datos con bastante fiabilidad. Es un documento que yo en algún momento, por quehaceres profesionales, hace unos cuantos años, he visto y tenido en las manos”. 

Con las personas que había anoche sábado en los bares y sus terrazas del paseo de San Roque, se hubieran llenado todos los bares que tuvimos en los 70 en Guadalajara .Hoy se vive y se come y se bebe de ora manera a los 50, 60,70,80.. 2000,2010 , imposible comparar”, Javier García Serrano.

“Todas las razones que habéis dado son ciertas aunque por mi parte añadiría que no se salva nadie de culpa. El Ayuntamiento por los impuestos que hay que pagar -en ciudades cercanas son más baratos o inexistentes-. Los alquileres de locales no son baratos que digamos, incluso muchas veces son excesivos.  Hay locales que no pueden volver a abrir como restauración porque los vecinos se pusieron en pie de guerra por exceso de ruidos y al hacer obras ya no se les otorga licencia.  El euro supuso un varapalo para todos. Los precios se inflaron sin mesura y nadie hizo por evitarlo.  Hay que añadir que en Guadalajara se impuso la moda de ir a Madrid y Torrejón para salir de fiestas o al vermut. Y el incremento de controles de alcoholemia. Guadalajara ha crecido mucho desde los años noventa. Se inauguró toda la parte de Aguas Vivas y las personas que antes vivíamos con nuestros padres cerca del centro nos vimos lejos de zonas de juerga. Hay locales que cerraron por jubilación y otros porque, aunque llenaban, no podían hacer frente al alquiler tal y como se lo iban subiendo. Los impuestos a autónomos tampoco son baratos. En fin, que trabajar un bar o pub es cuestión de muchos números, muchas horas tras la barra y que la gente quiera entrar y consumir… Mi sincera admiración a es@s valientes que aguantan incluso veinte o más años”. Rubén Sierra. 

Las puertas abiertas de los bares son siempre un refugio ante el calor del verano o ante el frío en el invierno; un puerto en el que refugiarse a cualquier hora de día y en algunos casos, de la noche. ¿Hay esperanza para los bares de Guadalajara? Esperemos que sí.  Son muchos los autónomos y pequeños empresarios que llevan el día a día de sus negocios de hostelería con enorme sacrificio familiar y personal.

Aunque ya ha abierto sus puertas de forma provisional, será en los próximos meses cuando se licite el nuevo Mercado de Abastos y con un poco de suerte incorporaremos sus tiendas, bares y restaurantes a nuestras rutinas de ciudad. Tal vez en un futuro no tan lejano nuestros hijos hablen de esos nuevos locales aún vacíos con el mismo cariño con el que muchos de los lectores han mencionado estos días en las redes sociales los bares que asocian a los mejores momentos de su vida. Barras de bar, trocitos de vida.

 

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