Del espliego de monte, al turismo de lavanda

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Julio de 2018, atardecer en Almadrones. Sobre los campos de lavanda, concierto benéfico de Mocedades. Una experiencia única e inolvidable para los sentidos.

 

Por Juan José De Lope. (*)

Los espectaculares campos de lavanda que lucen en la provincia de Guadalajara sirven de motor socio-económico para algunos pueblos de la Alcarria. Los empresarios del medio rural, principalmente agricultores, apicultores, hosteleros y comerciantes aprovechan la floración de esta planta para hacer su agosto, debido a la rentabilidad que aporta el cultivo, tres o cuatro veces mayor que los tradicionales del cereal, lo que hace que estén apostando por las flores de lavanda como motor económico en sus explotaciones agrícolas, a la vez que se multiplica la producción de miel. También se aprovechan estos campos para generar un turismo que ofrece al visitante una composición de colores, aromas, sabores y olores que son todo un placer para los sentidos. Pero estos cultivos tienen un origen y más ahora que tan de moda está todo lo relacionado con el medio rural y la despoblación.

Son pocos los que recuerdan que a mediados de verano, en el siglo pasado, en los pueblos de la meseta castellana hubo una actividad frenética entorno al espliego/lavanda spica; el pregonero, a toque de trompetilla, leía un bando en el que anunciaba que se podía empezar a segar en los montes el espliego, pues el ayuntamiento había llegado a un acuerdo, previo pago de un canon, con unos destiladores para aprovechar un recurso natural existente en el monte.

Estos empresarios instalaban unas calderas cerca de un arroyo y se comprometían a comprar el espliego que segaban los lugareños. El segador iba provisto de una hoz en una mano, mientras que en la otra llevaba la zoqueta y el dedil, que junto con el mangote, en el brazo, evitaba que pudiera sufrir algún percance y facilitaba la siega de la planta, que en su mayoría era transportada a la caldera en gavillas a lomos de mulas o burros. Una vez en la caldera y mediante un trípode se colocaba una romana, se pesaba (la unidad de peso era la arroba, 1 arroba equivale a 11.5kg) y por parte del pesador se entregaba un vale al lugareño que al final de la campaña y en el día acordado el liquidador, liquidaba los vales.

Las calderas estaban instaladas cerca de un arroyo, ya que para el proceso de destilación y posterior refrigeración, el agua es imprescindible. Los equipos de destilación constaban de un horno, que se alimentaba con la paja destilada; encima se ponían las calderas, donde se introducía el agua y el espliego, se cerraban con una tapa recubierta en los lados con barro para evitar las fugas de vapor, estos vapores arrastraban las moléculas aromáticas de la planta pasaban por un sistema de tubos que recorrían una pequeña alberca construida a orillas del arroyo que servía para refrigerar. Ya en estado líquido se depositaban en un recipiente, llamado esenciero, donde por diferencia de densidad se separaba el agua del aceite esencial. Las esencias eran almacenadas en su mayoría en garrafas de cristal y sus destinos eran Cataluña, Murcia o Andalucía, desde donde eran distribuidas por todo el mundo.

Esta actividad, la destilación de la lavanda, llegó a ser un complemento muy importante para la economía de la zona en épocas pasadas. Con el éxodo de la emigración a mediados-finales del siglo pasado, que vació provincias como Guadalajara, Cuenca, Soria y Teruel, principales productoras de esencia de espliego, el aprovechamiento de este recurso que se criaba de forma natural en nuestros montes desapareció prácticamente debido a la falta de mano de obra, siendo sustituido por campos cultivados de espliego-lavanda que a su vez ofrecían una mayor rentabilidad.

Los campos de espliego o lavanda que tan bonitos afloran en nuestra provincia y que están generando riqueza y turismo han sufrido una serie de cambios desde sus comienzos (finales de los años 1970) hasta la situación actual, que puede atribuirse principalmente a causas de tipo coyuntural y estructural. Las causas coyunturales han venido determinadas por la variación de precios en el mercado a través de los años, mientras que las estructurales han tenido una mayor importancia dentro del sector, ya que unas están relacionadas con la infraestructura y mecanización de la explotación. En este tipo de cultivos son necesarios una serie de elementos: maquinaria, destilería,… distintos a los que habitualmente se emplean en los cultivos tradicionales. También estas causas vienen determinadas por el genotipo de planta utilizado, ya que cultivamos especies autóctonas, en el caso del espliego (lavanda angustifolia) y especies foráneas como la lavanda (lavanda latifolia) y los lavandines (lavanda híbryda) que han sido adaptados para su cultivo con éxito en los últimos años, pero con gran tradición en su país de origen, Francia. Esta circunstancia hace que los agricultores tengan una dependencia tanto técnica (plantación, recolección y destilación) como económica (precios, mercados y calidades) del país de origen.

Todas estas causas a través de los años han propiciado que los agricultores hayan asumido la necesidad de desarrollar el cultivo de lavandas en el agro-ecosistema alcarreño con el fin de aportar experiencia y tecnología a nuevos cultivadores, a la vez que se ha dotado al medio rural de un complemento diferente a los cultivos tradicionales y se ha potenciado la belleza del paisaje, generando un nuevo tipo de turismo basado en los campos de lavanda.

La belleza de los campos, junto con las distintas propiedades terapéuticas y culinarias de la lavanda han generado un creciente turismo en la zona de la Alcarria en torno a dicha planta. Pueblos como Brihuega, Torija, Almadrones, Alaminos, Cogollor, Algora, etc. están aprovechando las distintas actividades que determinados empresarios realizan basadas en estos campos aromáticos y sus propiedades que son un placer para los sentidos. Así, se organizan concursos de pintura, fotografía, rutas a pie y a caballo, visitas guiadas a campos y destilerías… además de poder disfrutar de un amplio elenco de productos hechos con las esencias de los campos alcarreños que se venden en todo tipo de comercios de la zona.

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Pero puestos a destacar una actividad en torno a la lavanda, destacamos el “Concierto de los Aromas” que aúna música y lavanda por una causa solidaria como es la Fundación NIPACE (niños con parálisis cerebral) y que marca el inicio de la recolección y destilación de la lavanda en la zona entre mediados y finales de julio.

Este año al atardecer, podremos disfrutar de un espectáculo único entre los campos de lavanda con la presencia de David Bustamante el viernes 19 de julio y de Demarco Flamenco el sábado 20 de julio, mientras que nos recreamos viendo la puesta de sol entre las matas de lavanda en los campos de Almadrones. Todo un espectáculo con un fin solidario, que a su vez da a la comarca un reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional de los campos de lavanda y su potencial turístico.

thumbnail (14).jpg(*) Juan José De Lope es director comercial de Alcarria Flora S.A.. una de las principales empresas mundiales del sector de las esencias naturales y un enamorado de su pueblo, Cogollor, y de las tierras que lo rodean.

 

Un pensamiento en “Del espliego de monte, al turismo de lavanda

  1. Bonito y muy interesante relato sobre la transformación del espliego silvestre de hace 50/60 años, a la actual lavanda que tanto promete para estos pueblos vaciados, ya que podríamos estar ante un hecho socio-económico de vital importancia para que las gentes que aún aguantan en el medio rural, en muchos casos a duras penas, encontraran un aliciente para ver con algo de optimismo el futuro inmediato.
    Se tendría que hacer un esfuerzo de mentalización y dar las facilidades, sobre todo de inversión, para que los agricultores vieran con esperanza y con seguridad, el cambio que ha de suponer en la agricultura tradicional de cereales. El paso de cambiar de los cereales a lavanda crea un vacío de tres/cuatro? años que probablemente pocos estarían en condiciones de poder soportar el sacrificio, por lo que este cambio quizás sería aconsejable hacerlo de forma progresiva. Esto es: no volcarse de un año para otro y cambiar toda la tierra de cultivo que se tenga.
    El sábado pasado, día 6 de junio, estuve paseando por los campos de Brihuega y, solo desde el punto de vista turístico, es una gozada. Termina uno embriagado de la exhalación de tanto aroma y la recreación visual en los colores de la flor de lavanda, de las abejas trajinándose las flores y la variedad de mariposas revoloteando.
    Pertenezco a una generación que ha vivido aquellos orígenes recolectando el endémico espliego silvestre y ahora disfrutando de esas extensiones de lavanda.
    Creo que, Juan José de Lope, se debería hacer un esfuerzo para divulgar estas iniciativas, con charlas, e insistiendo para quitar el miedo al cambio en los pueblos que agonizan.

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