El retrovisor

Imagen del pantano de Entrepeñas en Sacedón en agosto de 2015. //Foto: Patricia Biosca

Imagen de archivo del pantano de Entrepeñas desde Sacedón en agosto de 2015. //Foto: Patricia Biosca

Por Álvaro Nuño.

Tengo que reconocer que no soy muy bueno para eso de las fechas, por eso me ha venido que ni pintado las alertas que nos ofrecen   las nuevas tecnologías. Por ejemplo, soy un asiduo diario a los recuerdos de Facebook, ahí donde Zuckerberg te rememora lo que hiciste tal día como hoy hace dos, tres o siete años, dónde estuviste, con quién te juntabas o qué hacías. Es una mínima parte de toda la ingente y valiosa información que los usuarios de las redes les aportamos -que estas y sus algoritmos matemáticos convierten después en millones de dólares- y que nos devuelven para disfrute propio. Bueno, volviendo al tema, Facebook me recordó esta semana que hace ya cuatro años que escribí mi primer artículo en este blog, sustituyendo a mi amigo y compañero Óscar Cuevas, del que recibí la alternativa.

Desde entonces, cubro el lado de los viernes de este polígono de seis caras junto a mis compañeros que son y que fueron, e intento dar mi visión de lo que nos ocurre por estas tierras alcarreñas, escudriñando la actualidad, rescatando temas que, a lo mejor, escapan a la vorágine informativa de los medios de comunicación profesionales que viven inmersos en esa marea continua de ruedas y notas de prensa, concatenando unas con otras. Afortunadamente, aquí tenemos una semana entera para reflexionar sobre un sólo tema, centrando el foco, y eso, créanme, no se da muy habitualmente. Otra de las ventajas que ofrece nuestro Hexágono respecto a otros medios que navegan por internet es la falta de línea editorial, la libertad absoluta que da el amateurismo para opinar de lo divino y lo humano, sin estar pendiente de si Fulanito o Menganito se puede ofender -nunca escribimos para ofender a nadie y, si alguien se ha sentido así en alguna ocasión, le pido mis más sinceras disculpas-, o si tal cuenta de publicidad se puede resentir tratando tal tema u otro.

Y hablando de temas, en estos cuatro ha habido algunos recurridos y recurrentes. Algún lector habitual estará asintiendo con la cabeza mientras lee esto en la pantalla, pero créanme que hay filones informativamente hablando inagotables que parece que no tienen fin y que lamentablemente en muchos casos no creo que llegarán a tenerlo.

El ejemplo de cabecera para cualquier periodista alcarreño es el inagotable Trasvase Tajo-Segura. En mi caso, no pasó un mes de estrenarme cuando traté por primera vez el tema, un ahora lejano 21 de agosto de 2015, con un artículo muy personal que titulé “Marea baja en el Mar de Castilla”. Tras contar mi periplo de juventud como marinero de agua dulce y mi experiencia con la vela, el artículo relataba cuestiones que cuatro años después siguen plenamente vigentes. Por ejemplo, el cierre de las dos escuelas de vela públicas que había hace años en el pantano: la del albergue de Entrepeñas -que parece que desde el nuevo Equipo de Gobierno de Auñón pretenden reabrir-, y la de la Diputación Provincial en Alocén que también por entonces se planteaba abrirla de nuevo, cosa que en los dos pasados mandatos no se ha conseguido.

Los embalses estaban entonces al 16,4% de su capacidad y el ya por entonces y ahora reelegido alcalde de Sacedón, Francisco Pérez Torrecilla, calculaba que en 2016 había un 80% menos de turistas que en otras temporadas, y eso es menos empleo. “Las industrias de hostelería no contratan camareros y las náuticas no sacan barcos”, decía el primer edil, consciente de que la presencia de agua en los pantanos era y es el único motor de desarrollo que tienen los municipios ribereños que él mismo preside. La reivindicación del final del trasvase o de una regulación que devuelva el agua y la vida a estos municipios sigue siendo un grito en el desierto -nunca mejor dicho-.

Hoy los pantanos no están mucho mejor, por debajo del 25% de su capacidad, lo que no es motivo suficiente para que el Gobierno Central -el de Pedro Sánchez ahora con ministra alcarreña incluida y del mismo color que el resto de administraciones regional, provincial y local,  como hizo anteriormente el del Partido Popular de Mariano Rajoy– vuelva a aprobar en pleno verano una nueva derivación de agua de 20 hectómetros cúbicos para los sedientos regantes del Levante, beneficiarios discrecionales del agua del Tajo desde hace cuarenta años, aunque haya quedado más que demostrado el abuso que hacen del preciado elemento en algunas explotaciones intensivas de Murcia, donde se quedan millones de lechugas regadas y plantadas pero sin recoger.

También más o menos como entonces, el gobierno de Castilla-La Mancha anuncia ahora su rechazo y se remite al discurso de investidura de Emiliano García Page pidiendo al gobierno de su partido que ponga en marcha las mismas desaladoras que también existían hace cuatro años y que cambien las reglas de explotación del trasvase, obviando que el único límite por debajo del cual actualmente no se puede trasvasar -los famosos 400 hectómetros cúbicos- no lo consiguió ni él ni ningún gobierno socialista sino su archienemiga María Dolores de Cospedal cuando era presidenta regional.

“En esta batalla echo de menos a nuestros representantes políticos, que parece que sólo defienden lo nuestro desde sus despachos con el aire acondicionado encendido y la botellita de agua mineral sobre la mesa con meras, tibias y recurrentes declaraciones institucionales. Me autocito y mantengo lo escrito hace ahora cuatro años y sigo sin ver como entonces a Page “enfangado en la orilla del pantano con el traje y la corbata manchadas de barro”. Esperemos que la presencia ahora del azudense José Luis Escudero en su gobierno como nuevo consejero de Desarrollo Sostenible, anime al presidente a defender el cauce ecológico del Tajo aguas arriba de Talavera y Toledo y que, pese a haber transferido las políticas hidráulicas a la Consejería de Agricultura,  consiga apretar desde Toledo defendiendo los intereses también de su provincia y haciendo una mayor presión sobre Madrid más allá de los hasta ahora ineficaces recursos presentados después de cada trasvase a agua pasada, que ya sabemos todos que no mueve molino.

La tinta que hemos vertido sobre el trasvase es directamente proporcional a los millones de metros cúbicos de agua que durante estos cuatro años se han ido por la tubería hacia Levante y mucho nos tememos que seguirá siendo un tema de debate y de análisis en este blog guadalajareño y guadalajareñista. La última vez que lo traté fue el pasado 26 de abril, dos días antes de las Elecciones Generales que dieron el triunfo al PSOE. Sin duda es una cuestión de Estado, pero en la campaña no se le pudo arrancar ningún compromiso a la todavía ministra en funciones y ya diputada nacional por la provincia, Magdalena Valerio, al respecto. Un tímido “Somos partidarios de que cada vez funcionen más las desaladoras y menos los trasvases”, se limitó a decir la extremeño-alcarreña.

Como vemos pasados los años, el discurso es el mismo a ambos lados de la mesa pese a que los contertulios ahora son del mismo color político. Mientras, la Comisión de Explotación y el Consejo de Ministros siguen aprobando derivaciones y los Municipios Ribereños siguen pasando sed y protestando. Poco efectivo se ha hecho realmente en este asunto, como en otros muchos que podrán seguir leyendo en este espacio hasta que la pluma aguante.

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