Becarios de verano

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Quién si no iba a estar dispuesto a redactar, como si del día de la marmota se tratara, las somnolientas noticias sobre las fiestas de los pueblos de la provincia.

Por Gloria Magro.

Este verano, los oyentes de SER Guadalajara están disfrutando cada día de la talentosa periodista Mónica Chaparro. Actriz, imitadora, comunicadora polifacética donde las haya, la eficiente Mónica -que tiene entrada propia en la Wikipedia- se ha hecho cargo de la desconexión local de la mañana en la emisora de la calle Virgen del Amparo. Ella y el becario de turno, un clásico de los medios de comunicación en estas fechas. O al menos antes lo era, cuando había multitud de medios locales y cuando los becarios nos peleábamos por hacernos un hueco durante el verano en los periódicos, en las emisoras de radio y en la televisión, paso previo e imprescindible para entrar en este mundillo.

El periodismo ha cambiado mucho en los últimos años. Es obvio que las nuevas tecnologías, las redes, imprescindibles hoy absolutamente para todo, han puesto del revés no solo nuestra vida cotidiana sino también a los medios de comunicación a todos los niveles. Nada tiene que ver un periódico o una emisora de radio hoy con lo que eran los mass media en los años 1990, la última realidad conocida antes de internet; ni tampoco como se conciben hoy  comunicación e información y la relación que establecemos como consumidores con ambas. La figura del becario, siempre en la cuerda floja de la precariedad, también ha evolucionado, al hilo de las nuevas necesidades.

La Asociación de la Prensa de Guadalajara ha ofertado este año dos plazas de redactor en prácticas en verano -de julio a octubre- para estudiantes de último curso o recién graduados en Ciencias de la Comunicación y Comunicación Audiovisual (*). En la provincia de Madrid se han ofertado 75 empleos de becario remunerado en medios de comunicación, según la web de empleo indeed.com.  Desde que salió la primera promoción de periodistas licenciados en 1974, unos tres mil veinteañeros desembarcan en este sector laboral cada año en España y se calcula que sólo uno de cada siete conseguirá un puesto de trabajo relacionado con medios de comunicación. Si el periodismo fuera un embudo, está claro que la parte más estrecha del mismo sería dar el primer paso en una emisora de radio, de televisión o en un periódico. O al menos eso era antes: ahora lo es conseguir una oportunidad como gestor de redes o de contenidos para una empresa cualquiera y ahí se nos abre un mundo tan infinito como desconocido para los que hace tiempo superamos la treintena.

En medios convencionales, el verano siempre ha sido para los becarios. Y mas en provincias. Quién si no iba a suplir a los periodistas en plantilla y quién si no iba a estar dispuesto a redactar, como si del día de la marmota se tratara, año tras año, las somnolientas noticias sobre las fiestas de los pueblos de la provincia con un poco de entusiasmo.

Este verano estoy haciendo prácticas en SER Guadalajara. Siempre me ha llamado la atención la Radio y este verano decidí lanzarme a ver qué tal me iba. En general, la experiencia ha sido muy positiva. Lo mejor de mi experiencia ha sido que hayan confiado en mí desde el inicio a la hora de cubrir noticias. Además, al tratarse de una emisora local, todos hacemos de todo. Eso me ha permitido no dedicarme solo a lo informativo. Si tuviera que comentar algo negativo, diría que me hubieran gustado que las prácticas fueran remuneradas. Considero que esta experiencia profesional me va a servir bastante el día de mañana, independientemente del tipo de Periodismo al que me dedique. Me ha servido, principalmente, para ubicarme dentro del sector y ver las condiciones de trabajo en las que se suelen desempeñar la profesión. Eduardo Jíménez, estudiante de Periodismos y Filosofía en la Universidad de Navarra.

El sindicato CNT a través de su sección de Artes Gráficas de Madrid, publicó hace un tiempo un informe demoledor sobre los becarios de los medios de comunicación. También incluía una propuesta formal para mejorar sus condiciones, que definía como de “semi esclavitud”. Cualquier periodista que haya cubierto las Ferias de Guadalajara entenderá a que me refiero: encierros a primera hora, conciertos de madrugada, horas y mas horas en la redacción procesando un aluvión de textos… Nadie paga esas horas que no son extraordinarias sino ordinarias del todo en este trabajo y van con la profesión, que para eso los periodistas tenemos una vocación a prueba de lo que nos echen.

Me cuentan que cada vez hay menos becarios en los medios pese a que ahora trabajan con contrato y en algunos casos incluso sueldo. Ni aún así hay un aluvión de peticiones. Será que ya nadie estudia el grado de Periodismo a secas, sino que la comunicación se ha vuelto no solo audiovisual sino también online, ampliando el sector a horizontes hasta ahora desconocidos, como es el inabarcable mundo de las redes sociales. Ahora los estudiantes tienen metas más allá de los medios locales tradicionales. Los cantos de sirena de internet y la producción de contenidos para la red parecen una perspectiva mas suculenta. Es mas cool y vendible en un perfil profesional y personal ser social manager o media manager para Grúas López que becario en La Tribuna de donde sea.

Si nos ceñimos a Guadalajara, lo cierto es que a día de hoy quedan pocos medios de información tradicionales. Después de varias décadas de expansión, todo el sector “se encogió” con la crisis económica de 2011 y no es que de repente en cuanto a medios locales volviésemos a la situación de principios de siglo, es que retrocedimos a mediados de los años 90 o incluso a antes. Como por arte de magia y prácticamente de un día a otro,  cerraron periódicos, emisoras de televisión… todo se lo tragó la crisis del ladrillo -sustento económico de los medios- y como consecuencia colateral estalló otra burbuja, la informativa. Así que la profesión periodística se reinventó, azuzada por la coyuntura económica y los avances tecnológicos. Y necesidad, obliga: después de aquello surgió una nueva clase de  periodistas, equiparables a hombres orquesta, que tocan todos los palos y lo mismo redactan una noticia, que la montan para televisión. El trabajo completo y de principio a fin que antes llevaban a cabo un cámara, un montador y un redactor como poco.Y eso se aplica a todos los sectores, prensa y radio incluidos, por no hablar de los medios online como éste donde escribo. La autoedición es a día de hoy imprescindible.

Cuando uno trabaja en lo que siempre ha soñado, las becas no se viven como trabajo sino como un sueño cumplido. Las prácticas o el tiempo de becario se ha consolidado entre los jóvenes como la puerta de entrada al mercado laboral. Hay hasta quién paga por cursar una formación con tal de volver a poder firmar un contrato de prácticas y contar con una nueva oportunidad. Es la realidad, pagar para después trabajar. La mayoría de empresas han olvidado la naturaleza de estas consolidadas relaciones laborales. Se da muchas veces la paradoja, de que cuando se decide abrir un proceso de selección para incorporar a una persona en prácticas, en las condiciones de la oferta se pide incluso experiencia laboral,  que es justo el motivo de su creación. Cuando yo firmé mis primeras prácticas,  pasé un proceso de selección que constaba de tres exámenes,  para después incorporarme como un redactor más, cubriendo horarios maratonianos y muchas veces al borde de la legalidad. De las cuatro perras que me daban y de las jornadas de 12 horas con media hora para comer, ya no me acuerdo. Los jóvenes entregamos nuestra ilusión cuando salimos de la Universidad y los empresarios la retabilizan. Con los años se va perdiendo esa ilusión, y te das cuenta de la necesidad de regular esos contratos que están destruyendo tantos y tantos empleos. Borja Castro, Grado de Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos y Máster por la Complutense. Alcalde de Alcocer.

Hace no tanto -de verdad que hace no tanto- en determinados medios de toda la vida, había incluso locutores profesionales que no hacían otra cosa que poner voz a lo que otros redactaban. Había conductores de unidades móviles en emisoras minúsculas, montadores de noticias, componedores… categorías profesionales hoy en desuso, prehistoria periodística.  Si la reina Letizia volviera a presentar hoy un informativo en una cadena privada, catorce años después de dejar TVE, a buen seguro no sabría ni por donde empezar. De hecho, hoy en día, después del Grado en Periodismo es imprescindible cursar un máster, tener formación en redes, incluso formarse n Comunicación Audiovisual, algo mucho más amplio y de más calado, con un horizonte profesional adaptado a los nuevos tiempos. Tal vez por eso a los estudiantes que andan por el ecuador de la carrera no les interese lo más mínimo perder el tiempo redactando información provincial en Guadalajara. Ni tampoco sobre el Maratón de los Cuentos, se podría decir. Entre los voluntarios que manejaban las redes en esta edición del Maratón, el pasado junio, no había estudiantes. Ni tampoco en el Taller de Redes sociales para asociaciones culturales que organizó esta primavera El Rincón Lento, solo administradores noveles que acudimos con la esperanza de suplir nuestras carencias gracias a la ayuda de un experto en redes, el periodista Rubén Madrid.

Cursaba cuarto de carrera y muchos de mis compañeros ya habían hecho prácticas, por lo que ese verano decidí dejar los trabajos tediosos y mileuristas de las fábricas de logística por una beca en un medio de la provincia. Me eligieron en la extinta revista El Decano por ser una CTV (Cabanillas de Toda la Vida), y me pusieron a cargo de un especial de verano que cada semana entrevistaba a varios alcaldes, recogía el programa y ahondaba en los actos más típicos de los festejos de la provincia. La experiencia me gustó tanto que repetí un año más y acabé siendo colaboradora de un lugar en el que se hacía periodismo de verdad y de donde cogí el gusto real al periodismo. Después de aquellas prácticas hice muchas más (…). En ninguno de estos sitios fui una becaria, sino una trabajadora más, con las mismas responsabilidades que el resto pero con una parte ínfima de su salario. Todas y cada una de las experiencias me marcaron para ser lo que soy hoy, pero muchas veces me pregunto qué hubiese sido de mí si aquella llamada de Concha Balenzategui no se hubiera producido. Quizá no seguiría aquí. Patricia Biosca, redactora del área de Ciencia del Diario ABC.

Los medios de comunicación no saldrían adelante en verano sin los becarios. Y en muchos casos éstos tampoco sin aquellos. A veces, la experiencia es dura, supone un aprendizaje sobre la marcha para el que nadie está preparado. En Guadalajara, a veces, así sucede. Cada cierto tiempo, la provincia acaba protagonizando en estas fechas las primeras páginas de los periódicos, abriendo telediarios nacionales, y no para bien. Esta semana se han cumplido 14 años del incendio de Riba de Saelices. Quienes fueron becarios aquel verano no lo han olvidado aún. Ni a quienes les tocó cubrir las inundaciones de Yebra y Almoguera unos años antes, tampoco. Si los periodistas más avezados no suelen estar preparados para situaciones como estas, qué decir del estudiante de turno recién llegado. Pero ahí estuvieron y ahí estarán los becarios, supliendo lo que haga falta, echando las horas que haga falta, un verano más.

(*) Desde la Asociación de la Prensa de Guadalajara puntualizan que los estudiantes que optan a cubrir puestos en medios de comunicación tienen contrato según el convenio laboral vigente en las diferentes categorías profesionales ofertadas. Su horario se limita a un máximo de cinco horas diarias, tienen derecho a un periodo de vacaciones y rotan por diferentes medios para que la experiencia de aprendizaje sea completa. Además, la Asociación realiza un seguimiento tanto de su desempeño profesional como de las condiciones en las que realizan sus funciones. La Asociación de la Prensa de Guadalajara también quiere dejar patente su trabajo en defensa de los derechos laborales de los periodistas, entre los que se incluye a los estudiantes en prácticas.

 

 

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