Iván Lázaro, en el recuerdo

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Iván Lázaro (1973-2018), se definía a sí mismo como guadalajareño, taurino, atlético, empresario, españolista y amante de la Legión, tal vez no en ese orden.

Por Elena de Velasco (*).

Creo que no hay mejor día que un 22 de junio,  para empezar este reto.  Porque es tu cumpleaños,  porque yo también nací un 22, porque un día como hoy hace un mes me casé,  porque el 2 es mi número favorito y porque hay épocas en las que me persigue este dígito y ahora estoy en una de ellas. Y por todo ésto y porque los días 22 me dan fuerza, me atrevo a hacerlo hoy. Qué desfachatez tengo, escribir sobre ti,  que demostraste tanto, me parece complicado. Pero me preguntaron que si me atrevía y no, no me atrevo,  pero tampoco quiero no hacerlo porque para mi es un orgullo hablar de ti,  Iván, aunque no sepa ni como hacerlo.
No voy a hablar de tu vida porque no soy quién para hacerlo,  eso les pertenece a otras personas,  a los tuyos. Yo voy a escribir de los últimos años,  cuando nos reencontramos y de lo que tú valentía supuso para mi. El reencuentro fue en la piscina, en esa donde con 15 y 16 años formabamos pandilla con otros tantos y lo pasábamos fenomenal. Ahora,  tantos años después,  volviamos a juntarnos en la misma piscina,  más bien en el bar de la piscina: antes éramos unos niños y ahora teníamos niños.  Era el año 2016.

A mi ese año me dió por convocar quedadas con nuestra gente de Guada,  y tú fuiste un incondicional. Hubo dos y a las dos viniste. Fue después de la segunda,  en noviembre,  cuando me empezaron a llegar rumores sobre tu salud. Era impensable pues habías estado en esa fiesta como siempre,  con tu buen humor y tu alegría. Hasta que tú mismo me lo confirmaste en la puerta de la iglesia.  Tengo cáncer me dijiste,  así de crudo pero sonriendo. A partir de entonces con la primera operación comenzó tu periplo contra la maldita enfermedad,  tu lucha constante para no dejarle ganar la partida.

Nos tenías al tanto por Facebook, a nosotros los que te conocíamos. Y a lo que no, también, pues lo hiciste público sólo para ayudar a personas en tu misma situación,  personas de todas las partes del mundo. Qué coraje Iván,  eras tú el que con tú música y tus post nos dabas ánimos todas las mañanas,  a pesar de cómo lo estabas pasando,  a pesar de esos dolores tan insoportables,  de esas noches sin dormir. Y sin embargo, tenías esa fuerza para demostrarle a la enfermedad que no iba a poder contigo. Esos días en los que no aparecías por el cara libro nos echababamos a temblar,  algo pasaba a pesar de lo que ya estaba pasando. Pero volvias,  sin rendirte a darnos fuerza a nosotros,  y repirabamos.

Creaste una asociación de ayuda contra el cáncer,  ACUERDATE DE VIVIR,  tres palabras que a mi me acompañan desde entonces,  para no caer en tonterías y quejarnos de vicio. Acuerdate de vivir nos decías,  tú que estabas en una lucha encarnecida.

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#Acuerdatedevivir #NoSurrender #YoullNeverWalkAlone

Y montaste un festival, LIFESTIVAL,  la fiesta de la vida a la que asistimos casi todos que éramos muchos. Fue una tarde noche de reencuentros,  de los de siempre,  de abrazos y sonrisas, de felicidad y vida, de acordarnos de vivir Y tú, con lo que llevabas encima, en el centro de todo,  el punto de unión: ese líder al que todos seguíamos,  ese que nos estaba enseñando tanto,  esa persona con una fuerza y valentía fuera de lo común.

Este año se volvió a hacer,  un homenaje a ti.  Pero fuimos pocos.  Será que esta vez no estabas físicamente,  pero estabas.  Por eso me gustaría aprovechar para decir que acudamos todos al LIFESTIVAL anual,  en honor a ti y en la lucha contra el cáncer.

Después llegó el verano y nuestras comidas y cenas en la piscina. Fueron unos días maravillosos.  Estabas pletórico porque te encontrabas bien. Nos contaste mil cosas,  mil proyectos que tenías en mente.

Tu cuaderno de bitácora. Querías transformar el mercado de abastos en el mercadillo de San Miguel,  “con un apartado para tus libros, Elena”,  me dijiste.  Siempre pensando en todos.  Me ayudaste con mi blog literario,  Leona me llamabas por aquello de leer tanto.

En esos días nació el Club del pino, por nuestras reuniones alrededor de uno.  Cristina,  Natalia,  Rafa,  tú y yo lo conformabamos.  Allí corrían los litros de agua con hielo,  las bolsas de snacks,  la sandía…  No necesitábamos más.  Nos reíamos y hablabamos de todo. Los viernes eran días de comida y cena.  Y aguantabas como el que más.  Me regañabas  porque llegaba tarde y tenías hambre y cuando llegaba me aplaudías. Comimos caracoles,  cangrejos, sardinas, pizza,  tortilla… todo regado con tintos de verano y muchas risas. Vimos partidos de Nadal en la tablet,  nos pusiste la pulsera de la  asociación,  te encargamos camisetas,  nos hicimos fotos,  nos metimos unos con otros… Te veíamos feliz y nosotros éramos felices de verte así.

El 21 de Julio teníamos una cita con Examen Sorpresa en Cabanillas.  Ese día estuvimos en la piscina, estabas muy cansado. Recuerdo que cuando llegué me dijiste que te tocara la frente a ver si tenías fiebre. A pesar del cansancio y de que no te encontrabas nada bien aguantaste una vez más todo el concierto. ¡Qué bárbaro!
Después no volvimos a saber de ti hasta que nos diste la peor de las noticias.  La enfermedad se había extendido. No nos lo esperábamos. Te veíamos con tanta fuerza y tanta alegría que aquello fue un mazazo. A partir de ahí todo fué muy rápido. No me canso de dar las gracias por haberme despedido de ti.  Ya estabas muy malito pero nos contaste que lo único que querías era conocer a tu nuevo equipo médico,  tú seguias luchando,  y lucharias hasta el final.  Jamás tiraste la toalla.

Esto fue el día 3 de agosto y el día 6 te fuiste al cielo.

Va a hacer un año que te fuiste y te tengo presente cada día.  Me enseñaste a valorar y a priorizar y a darme cuenta de que lo más importante es estar vivo. La valentía,  el humor,  la fuerza,  el aguante que demostraste,  el legado que nos dejaste. Todo ésto me hace pensar que eras un ángel con un cometido que una vez finalizado te llevó a otro lugar a ayudar a otros.

¿Desde aquí hay línea directa al cielo? Seguro que sí. Es que quiero decirte algo, y es que nos han quedado cosas por hacer. Habíamos quedado en ir a tatuarnos: tú el logo de Acuérdate de Vivir y yo el corazón rojo. No te preocupes, Iván, que el logo ha quedado tatuado en todos nosotros y en muchos más, ya te has encargado tú de eso… Y mi corazón rojo, ya me falta tiempo para hacerlo, lo verás. ¿Y qué hay de ese libro con tus post de Facebook?  Hay que hacerlo, te dije, y tú, “hay una persona que me ha dicho que me lo escribe”. Pues preguntaré, primero a los tuyos, porque me encantaría que se hiciera. “Elena, date prisa que tengo hambre”, Ya voy Iván. “Hasta las tres esperamos, como no llegues nos ponemos a comer”. Cuando llegué me aplaudiste. “Tráete el iPad que te miro lo de los libros”, ok, Iván… se me ha olvidado el iPad. “Ya la sabía yo”, me dijiste.

Esos cangrejos, esos caracoles de Rafa, esa tortilla mía, bueno del bar, y tú, “no digas que es del bar”. El tenis de Nadal, 200 horas de partido, la celíaca, la de las maletas, “Iván tráeme la M de la camiseta blanca, no la L, pero en gris…”, Todos volviéndote loco. 500 fotos de las manos con la pulsera, “así no, está sí”, hasta q nos cuadró alguna. Las papas con gambas no las llegamos a probar, las sardinas, la pizza, el tinto de verano y José Luis. Los litros de agua con hielo. Felices de estar contigo en un pino.Y de ahí al concierto de examen sorpresa, se te beben las cervezas, “cómprame tabaco que el tuyo no me gusta”…  Nuestro último cigarro juntos y… te vas al cielo…

Me has enseñado a vivir.

Te escribo desordenado porque es así como me siento ahora.

¿Te he dicho alguna vez que te quiero?

Iván,  eres un héroe. No te olvido,  te admiro y te quiero. Nos vemos en el cielo. Y a todos ACORDAOS DE VIVIR SIEMPRE. Me gustaría mandar un abrazo enorme a David y Alba,  tus hijos.  A Gloria,  tú madre. A Sara y Laura, tus hermanas.  A Willy y Lourdes, tus tios y a toda tu familia y amigos que son muchísimos.

 

A223F1D7-1E3C-4265-B047-C11A6F3FFE6E(*) Elena de Velasco ha sido amiga de Iván Lázaro y tiene muy presente que hay que acordarse de vivir.

 

 

 

 

 

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