El largo adiós

“Cuando el buque aquel / se estrelló en el iceberg / nadie del pasaje de primera quiso ser / el traidor que dejara de bailar / y la orquesta tocó hasta el final” [“Tiempo”, Hendrik Röver, en Oeste (/Norte) (2013)]

Por Borja Montero

El mar, tan lejano de estas tierras, tan poco presente en nuestra Guadalajara ni siquiera en el ahora menguante pantano de Entrepeñas, otrora bautizado como el Mar de Castilla, es la imagen que se me ha venido a la cabeza en estas, mis últimas horas. Y es que estas líneas, varadas en un final de julio de uno de los veranos más largos que se recuerdan, justo antes del habitual paréntesis agosteño que las seis plumas hexagoneras tomamos cada año, son los últimos versos de una canción que llevo componiendo a la ciudad de Guadalajara y su provincia desde 2007, parece que con más pasión que acierto.

El Hexágono de Guadalajara deja de contar con mis servicios, y la carta de despido me la firmo yo mismo, como no podía ser de otra manera en esta tribuna coral de profesionales del periodismo que voluntariamente dejamos parte de nuestro tiempo libre, robamos horas a nuestro sueño y nuestros seres queridos por la bendita recompensa de expresar nuestro amor y pasión por nuestro oficio y nuestra tierra a través de pildoritas semanales de información, análisis y opinión. Los motivos que argumento para “largarme” a mí mismo de mi puesto son falta de profesionalidad, absentismo laboral continuado y sin justificación e insatisfacción del cliente (no sé si cierta pero sí más que comprensible).

Y es que, con el paso del tiempo, con el devenir imparable de la vida, los caminos de Guadalajara toda y de un servidor se han ido separando. Ya no sigo con tanta atención la información diaria, ni tengo forma de conseguir determinados datos y detalles que me servían para ambientar y colorear mis semanales crónicas de lo abstracto, mi hemeroteca está desfasada, por no hablar de mi agenda de contactos. Además, los ocasionales jueves sin un artículo publicado, o con una subido con retraso y redactado con prisas, se han vuelto cada vez más habituales. Todavía tengo cierto conocimiento del terreno y algunas referencias sólidas sobre lo que ha sido y lo que es Guadalajara, lo que ha permitido que mis aportaciones a esta tribuna hayan tenido un mínimo de calidad y rigor, pero sin duda no es suficiente para los lectores de El Hexágono, que acuden a este espacio virtual en busca de apreciaciones medianamente analíticas y contrastadas y no comentarios de barra de bar, aunque lo que haya sobre la barra sea una infusión y no brebajes etílicos; y no es justo para mis compañeros, que semanalmente dedican una buena ración de tiempo, experiencia, talento e inteligencia a confeccionar sus propias aportaciones, ni con el espíritu con el que se fundó este medio por parte de un puñado de compañeros a los que admiro (la primera alineación Roberto del Barrio-Elena Clemente-Marta Perruca-Rubén Madrid-Abraham Sanz-Yago López era de Champions League) y que han mantenido quienes han ido adquiriendo la responsabilidad de sustituirlos y se han ganado también con creces mis más sinceras reverencias (recuerdo con especial cariño, además de a los presentes, al siempre combativo y casi erudito Óscar Cuevas, a Concha Balenzategui y su afilada pedagogía para explicar las cosas, no exenta de emoción, por cierto, y a Ana G. Hernández, por las largas tardes de sábado y domingo encerrados en una redacción antes de que las letras nos volvieran a juntar aquí).

Y hasta el momento no hemos hablado del mar, salvo por los versos de canción que introducen estas líneas y que hacen referencia a la leyenda de la orquesta del Titanic tocando hasta el último segundo. La imagen que me vino a la cabeza cuando decidí ponerle fecha de caducidad a mi estancia hexagonal (del 5 de noviembre de 2015 al 25 de julio de 2019) fue la de un lobo de mar de los que nos presenta el cine o la literatura, de esos que, conocedores de los peligros del gran azul, de su dureza y de la posible tragedia que les aguarda, no dudan embarcarse una y otra vez, aunque cada vez que vuelven a puerto no pueden evitar pensar en cuándo será la última. Mi caso no es tan extremo como el del capitán Ahab en Moby Dick, si bien se puede considerar que Guadalajara me “mordió”, me “arrancó una pierna” de algún modo, y he vivido obsesionado con ella desde entonces. Quizás tenga más que ver con el viejo marinero de El viejo y el mar de Ernest Hemingway, que no dudaba en salir a pescar cada día, esperando alguna captura de cierto tamaño en algún momento. Cuando esta llega, cree tenerlo todo bajo control, hasta que la realidad y su presa le dan de bruces con la realidad y le indican que va a ser más difícil de lo que piensa. Al final, el hombre regresa a puerto con su presa, desmejorado él y totalmente maltrecha ella, tras días a la deriva y ataques de tiburones, un triunfo a medias siquiera con una recompensa nada parecida a lo esperado. Y así me hallo, trayendo pescado cada semana, no en la cantidad ni de la calidad que me gustaría pero, como la orquesta del Titanic, tocando hasta el final.

Este sería el momento de hacer recuento de los artículos publicados y las temáticas tratadas, pero se ha convertido en un trabajo ímprobo, ya que, a cada nuevo título, quería pinchar en el link y volver a leerlo entero, examinar mis propias cavilaciones de entonces, como quien comprueba su peinado o si estaba pasado de peso en un álbum de fotos antiguo. Sea como fuere, esta ha sido una de las experiencias más divertidas y demandantes de mi carrera, y un ejercicio de libertad por parte de profesionales independientes muy necesario y que, lamentablemente, pocas veces ha sido posible en los medios tradicionales giadalajareños, siempre tan pendientes de la publicidad institucional que les hace sobrevivir. Ahora, cuando ponga el último punto a este escrito, dejo abierto hasta septiembre uno de los lados de este Hexágono, aunque no creo que me aleje demasiado de él, ya que todavía quedan muchas cosas por pasar en nuestra ciudad y nuestra provincia y yo voy a querer leerlas. Además, formo parte de un polígono mucho más grande que ya tiene 22 lados.

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