La repoblación seducida

Por David Sierra

El pasado lunes Pedro Sánchez daba a conocer las 300 medidas con las que pretende convencer al Congreso de los Diputados para que le otorgue la confianza necesaria que le permita presidir el país y configurar la formación de un gobierno que impida la vuelta a unas nuevas elecciones generales. Sobre la mesa, el abanico de propuestas elaboradas tras las reuniones que durante el mes de agosto ha compartido con los diferentes agentes sociales y económicos del país incluyen medidas en prácticamente todos los ámbitos con especial atención al empleo, a la lucha contra la desigualdad social, al medio ambiente y la transición ecológica.

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El texto contiene además un apartado especial sobre el reto demográfico en el medio rural donde los socialistas exponen sus ideas para poner freno a la despoblación y que pasan por la aprobación de la Estrategia frente al Reto Demográfico donde se reflejan propuestas como como el aumento en la inversión en cercanías ferroviarias, el acceso a internet de banda ancha en los pueblos, la reducción de cargas fiscales y administrativas para el fomento del emprendimiento y el trabajo autónomo, el impuso al desarrollo rural o el apoyo a la actividad agrarias con diversas medidas, entre otras ideas.

Por otro lado, hace unos días, el consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, escribía en su cuenta de Twitter: “En el reto de la despoblación al que nos enfrentamos, debemos seducir a los ciudadanos de las urbes desde el medio rural, desde nuestros pueblos. Sin pueblos no hay futuro” y enlazaba el mensaje a un artículo de María José Murciano Sánchez y Secundino Caso Roiz, gerente y presidente de Red Española de Desarrollo Rural (REDR), en el que se hacía un llamamiento a las personas que habitan las ciudades para explorar nuevas oportunidades en el medio rural que eviten así su despoblación.

 

El hecho de que el asunto de la despoblación del medio rural haya calado en la clase política no significa que todos los pasos que se vayan a dar sean los acertados, con el riesgo de que cualquiera de las medidas que se tomen sin éxito puedan suponer un excesivo derroche de dinero público. Sobre la base de las reflexiones a las que se une el propio consejero castellano manchego y en las que se sustentan las medidas del Psoe para obtener la confianza necesaria que le pueda llevar al Gobierno de España en los próximos cuatro años se detecta la ausencia de una reflexión más profunda sobre las motivaciones que han generado ese éxodo poblacional y las disposiciones que pueden llevar a una nueva repoblación de ese medio rural abandonado.

El abandono del campo ha estado principalmente motivado por la búsqueda de nuevas oportunidades que permitieran mejorar la calidad de vida. Una agricultura cada vez más tecnificada y la concentración de los grandes núcleos industriales alrededor de las ciudades en un proceso industrializador que se ha mantenido durante décadas ha ocasionado que las nuevas generaciones con raíces en sus pueblos se hayan ido perdiendo. Los jóvenes urbanitas no conciben el medio rural como un espacio donde desarrollar un futuro y lo asocian a una alternativa de turismo más, en la línea con el desarrollo de los diferentes planes provinciales en esta materia.

Por otro lado, las industrias que en muchos municipios mantenían viva su población han ido cerrando con el tiempo. Esa fábrica de yeso, la harinera, la almazara, o aquella otra de hormigones que funcionaron durante años ofreciendo empleo en muchos habitantes de su entorno gracias, fundamentalmente a una economía basada en la proximidad, no han podido resistir el proceso globalizador y la pérdida de clientes fruto de ese éxodo poblacional. Y donde no existe empleo, no suele haber gente.

El medio rural no se salva con mejores carreteras, ni con una red de banda ancha moderna, ni tan siquiera con medidas superventajosas para que los hastiados por la ciudad decidan vivir en el campo. Tampoco con soñadores a lo Fraguas. Ni con autónomos o emprendedores comprometidos con novedosos proyectos cuya viabilidad pende de la ayuda institucional.

Nuestros pueblos y nuestro entorno rural demandan estrategias empresariales planificadas y atractivas para las empresas, de manera que puedan establecerse con la garantía de que su apuesta sea la acertada. Se trataría, sin duda, de minimizar al máximo los riesgos ubicando en el centro de la cuestión el diseño de un nuevo programa de reindustrialización que pudiera nutrirse, además, del resto de medidas planteadas. Parte de ese trabajo ya lo vienen desarrollando a contracorriente las asociaciones de desarrollo rural que, hasta la fecha, han combatido este asunto en solitario junto con las entidades locales. De hecho y gracias en parte a su ímpetu en los años de bonanza anteriores a la crisis económica de 2008, muchos municipios tienen ya diseñado algún tipo de planificación terciaria dentro de su suelo. Y la mayor parte de los negocios que operan hoy día en el medio rural tienen su influencia.

Es evidente que donde hay empleo, hay personas, hay vida y hay progreso. Y es hora de que los pueblos recuperen esas actividades que les hicieron habitables. En una sociedad donde las distancias ya no son un problema, es la voluntad política la única capaz de frenar el éxodo a la ciudad y revertir la tendencia. No se trata de seducir a los ciudadanos de las urbes, como decía Martínez Arroyo, sino de ofrecer a las empresas un tablero de juego tan suculento que resulte irrechazable.

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