Y por primer año, desde la barrera…

Encierro principal

Julio Establés (dcha.) revisa del recorrido del encierro junto a Alfonso Trillo (izda.), Javier de Irízar (centro) en el año 1989. Fue el primer encierro en el que Establés dirigió el operativo de seguridad.

Por Julio Establés (*)

Debo confesar que siento una sensación extraña a la hora de escribir estas líneas para El Hexágono. Cuando me pidieron que relatara cómo ha sido la organización de las Ferias de Guadalajara, no me lo pensé dos veces. Acepté el reto pensando que era coser y cantar, pero, a la hora de la verdad, he visto que es más difícil de lo que yo creía.

No obstante, voy a procurar plasmar algunas de las pinceladas del trabajo interno que llevamos a cabo en la Policía Local, de aquello que los ciudadanos no ven, y que al fin y al cabo es fundamental para que las Ferias transcurran con seguridad y tranquilidad. Vamos, que “no seamos noticia”, como solemos decir.

Como saben, en las Ferias hay actividades lúdicas de todo tipo y para todos los gustos y públicos. Sin embargo, detrás de todas ellas siempre hay un equipo humano que vela por el buen funcionamiento de las mismas. De hecho, si existe un evento en el que la colaboración de decenas de personas es fundamental para que no haya percances ese es, sin lugar a dudas, el encierro. Para mí, siempre ha sido uno de los principales retos profesionales con los que he tenido que lidiar durante mis 30 años al frente de la Jefatura de la Policía Local de Guadalajara.

Las Ferias empiezan al calor del mes de agosto

En los últimos días de agosto de estas tres décadas, mi trabajo en la organización de las Ferias comenzaba bastante lejos de Guadalajara, sentado disfrutando de un café descafeinado y de una tarta de manzana, en la cafetería de mi amigo José María, en la ribera del río Gigüela. Desde allí, con el teléfono echando humo, verificaba todos los detalles de las Fiestas: el estado del recinto ferial, las reuniones con Junta Local de Seguridad, el operativo de seguridad y movilidad, que incluye los más de 200 actos que se recogen en el programa de las Ferias.

Sin embargo, este mes de agosto ha sido bastante diferente. El día 10 fue el día de mi jubilación, y aunque el Ayuntamiento siempre será mi otra casa, ya no formo parte del engranaje de la organización de la Semana Grande. Así que, ya ha llegado el momento de mentalizarse, y por fin, disfrutar de las Ferias siendo un ciudadano más. No me gustaría que piensen que me estoy quejando, sino que ahora tendré tiempo para pasear y jugar con mis nietos, y que los pocos momentos de estrés que tendré serán cuando tengan alguna pataleta.

Al mismo tiempo, no puedo evitar pensar inconscientemente como un servidor público, que se pone manos a la obra. Así que, estos días he estado soñando con organizar de nuevo los encierros. Volverme a poner en el lugar de los funcionarios y, en concreto, de los mandos de la Policía Local, no me resulta difícil. Como no puede ser de otra forma, han estado sumidos en la vorágine de la semana previa a las Ferias. No son pocas las tareas que se realizan esos días. Para que todo funcione correctamente, es necesario coordinar un operativo formado por más de 350 personas. Así, vuelvo a recordar cómo he organizado el montaje de las talanqueras, los corrales de la plaza de Bejanque, el acondicionamiento de la plaza de toros, la rueda de prensa de presentación del operativo de Ferias, las reuniones de coordinación con el Cuerpo Nacional de Policía, Protección Civil y Cruz Roja, así como la reunión con los peñistas, recordándoles que deben mantener la compostura y guardar la imagen de la ciudad, ya que el encierro que se televisa en directo para toda España.

También he estado soñando con verificar los últimos detalles del recorrido el día anterior al primer encierro. Ese día es clave para que la Semana Grande finalice con éxito. Que todo esté en orden para el del jueves de Ferias, al que nosotros consideramos el ensayo de los del fin de semana. He soñado también que hacía el paseíllo de las 7 de la mañana, que estaba en la presidencia de la plaza, sufriendo los cinco minutos más largos del año. Más todavía que los de la película El penalti más largo del mundo. Se hacen interminables. Con la tensión contenida, pero a la vez, dando sensación de seguridad… pero la procesión va por dentro. Y a las 8 en punto, porque si se retrasa la suelta del primer cohete, los espectadores de la plaza empiezan a silbar, suena el estruendo de los chupinazos, y arranca así la suelta de los toros.

Empieza la vorágine. El seguimiento de la manada por el recorrido. Los derrotes de los toros. Las caídas. Los momentos de peligro. La entrada a la plaza. Y, por fin, la entrada en los corrales. Ahí, respiro por primera vez. Sin embargo, continúa la incertidumbre hasta que llegan las novedades, y por fin, cuando me informan que no ha habido incidentes, puedo respirar profundamente. Parece que, otra vez, ha lanzado un capote la Virgen de la Antigua, y no ha habido ningún percance de importancia. Incluso llega la relajación total, hasta el punto, de olvidar la suelta del cuarto chupinazo que da fin al encierro.

Una vez iniciada la suelta de vaquillas y novillos, aparecen en tropel los periodistas, que quieren saber la noticia antes que se produzca. Lanzan las clásicas preguntas, unas tras otras: el número de heridos, el pronóstico de las heridas, la identidad los corredores, su edad, su lugar de procedencia… pero, afortunadamente, se les informa que el encierro ha transcurrido sin novedad. Respiramos de nuevo porque una vez más no hemos sido noticia. Y como el encierro ha sido tranquilo, los medios de comunicación finalizan preguntando por las novedades de la noche anterior. En nuestra jerga, decimos que “hemos superado el primer puerto de montaña”. Nos quedan por delante el Aubisque, el Tourmalet y el Mortirolo para el fin de semana. Y así transcurren cuatro días de auténtico frenesí.

Encierro interior

Momentos de peligro en la calle Capitán Arenas durante un encierro de los últimos años.

Y hasta lo imposible sucede en los encierros

Haber dirigido 120 encierros en los últimos 30 años, como no podía ser de otra manera, da para muchas anécdotas, unas trágicas y otras simpáticas. Yo prefiero quedarme con las segundas.

Así, en una ocasión hubo que parar el encierro durante unos segundos porque un joven apareció, salido de la nada, en la puerta de los corrales de suelta de los toros una vez abierta. Esos segundos fueron los que necesitó el servicio de seguridad para cogerlo en volandas y sacarlo del recorrido.

En otra ocasión, otro joven, se quedó prácticamente desnudo en la plaza de toros, por las embestidas de una vaquilla. O también, otra vez, en la que el mando de la Policía encargado del control de Santo Domingo, se puso a contar con los dedos, para no equivocarse, el paso de los toros, inmortalizando la estampa por un reportero gráfico que estaba a su lado. O cuando, en el primero encierro nocturno del año 90, se batió el record de duración porque los toros estuvieron durante dos horas en la plaza sin querer entrar a los corrales.

También ocurre prácticamente en todos los encierros, que ves desde el primer momento durante la suelta de vaquillas, que algunos espontáneos que saltan a la Plaza, les va a coger la vaca y al final, obviamente, les embiste,  entre el jolgorio de las peñas y el consabido cántico: “si te ha pillado la vaca…”. O en otra ocasión, cuando se produjo un retraso de 10 minutos en el inicio de un encierro por motivos de seguridad, y que estaba siendo retransmitido en directo por televisión, quedándose el presentador sin palabras, teniendo que cortar la emisión.

Pero en el encierro, incluso puede incluir lo más inverosímil, como que a uno de los espectadores, de los 8.000 que había en la Plaza de Toros, le cayera la varilla de uno de los cohetes del chupinazo en su ojo sano, ya que el otro lo tenía operado y tapado… Y es que, cuando me comunicaron lo que había pasado, pensé que se trataba de una inocentada, pero enseguida recordé que todavía no estábamos en el día de los Santos Inocentes.

Por fin, después de 37 años, no tendré que pasar por este “calvario”. Veré los encierros como cualquier ciudadano y podré disfrutarlos. Desde estas líneas, animo a los ciudadanos a disfrutar de los eventos programados por el Ayuntamiento con seguridad y respeto hacia los demás, y que a la vez sirvan para agradecer el trabajo y la dedicación de todas las personas que se sacrifican durante las Ferias para que todos podamos divertirnos.

A pesar de mi sacrificio personal y también del de mi familia, para mi ha sido todo un orgullo y honor haber podido velar durante tres décadas de la seguridad de la ciudadanía de Guadalajara durante su Semana Grande. Sin lugar a dudas, si pudiera viajar en el tiempo, lo volvería a hacer. Felices Fiestas a todos.

Julio Establés * Julio Establés Martínez ha sido el Intendente-Jefe de la Policía Local de Guadalajara durante 30 años. Se licenció en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y cuenta con el título de Especialista en Dirección y Coordinación de la Seguridad Pública del Instituto Universitario Ortega y Gasset.  Ha sido profesor, miembro del consejo pedagógico y coordinador de las áreas profesionales de los cursos de Oficial y Policía de la Escuela de Protección Ciudadana de Castilla-La Mancha. Cuenta con las medallas al Mérito Policial del Cuerpo Nacional de Policía y de las Policías Locales de Castilla-La Mancha.

Un pensamiento en “Y por primer año, desde la barrera…

  1. No parece que Julio Establés se acuerde mucho del 14 de septiembre de 1991, aquél día donde un encierro nocturno con miles de personas en su recorrido produjo un tapón con caída y decenas,¿cientos?,de aprisionados en montonera a la entrada de la Plaza de Toros y con la auténtica suerte de “sólo” 20 heridos y 3 hospitalizados por cornada.

    Aquél encierro nunca debió suceder o si se deseaba hacer desarrollarlo en unas condiciones altísimas en seguridad previas, máximes a la entrada de la Plaza con la zona de espectadores allí y durante el recorrido.

    Yo fui un espectador de todo aquello,siempre lo recordaré, ese sexto sentido que te dice que aquello no está nada bien y decides estar muy alejado del peligro.

    Estoy muy extrañado y sorprendido de que Julio Establés no le dedique ni una sola palabra.

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