El cuento de Ascensión Mendieta

ascension-mendieta

Titular y artículo escrito por The New York Times. // Imagen: Juan Medina / Reuters/ The New York Times

Por Patricia Biosca

A pesar de su pelo totalmente blanco y su figura arrugada, Ascensión Mendieta poseía aún una mirada con unos ojos abiertos de par en par, de esos que ponen los niños cuando escuchan un cuento. La misma sensación daba el contraste de su ropa: el sobrio abrigo de visón marrón y la mullida bufanda morada y blanca chocaban con el multicolor de sus rayados guantes de algodón, que apretaban sus antiguos dedos de costurera. Ascensión era así: la normalidad que, de repente y por un pequeño detalle, se hace excepcional. E incluso a su muerte ha conseguido mantener esta dicotomía que ella nunca pidió, pero que la vino a encontrar. Y así es como un periódico como The New York Times se hizo eco de la muerte y triunfo de una “modesta mujer de pueblo que no buscaba ser el centro de atención, pero que se convirtió en una heroína para muchos”. 

Muere Ascensión Mendieta, símbolo de justicia para las víctimas de Franco”, escribe en su titular Katharine Q. Seeyle, veterana periodista del medio de la que se dice a final de página que “ha cubierto seis campañas presidenciales y ha sido pionera en la cobertura política en la línea de The Times”. Después de escribir sobre Clinton, Bush, Obama y Trump, ahora viene a contar la vida de la niña de Sacedón a la que le robaron a su padre con 13 años, de la mujer que creció con el sueño de volver a recuperarlo, de la anciana luchadora que finalmente consigue su objetivo -obviemos la parte en la que escribe que “Sacédon” está “al este de Madrid”-. Seeyle, después de escribir sobre los hombres que deciden en gran parte la marcha del mundo, gira su mirada hacia la mujer de un pueblo de Guadalajara con aquellos ojos abiertos de par en par. Los de la niña a la que se le paró el mundo cuando unos señores muy educados le preguntaron que dónde estaba su padre.

No la conocí personalmente, a pesar de haber escrito muchas veces su historia. Apenas la vi de lejos en una de las ocasiones fallidas que acompañó a los voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica a remover la tierra donde finalmente hallaría a su padre. Timoteo Mendieta fue enterrado con otras dos decenas de personas más, caídas a su suerte después de ser fusilados frente a una fría pared del cementerio en noviembre del 39. Tras la muerte de Franco, ella igual que muchos pidió que se recuperaran aquellos restos sobre los que moral y humanamente tenían derecho. Su lucha continuó incluso en la vejez, cuando con 88 años viajó a Argentina para agregar su caso al archivo de una jueza que consiguió un poco de dignidad entre los que clamaban de forma bochornosa “no remover heridas”. 

Ascensión era una de las miles de familiares que pedían recuperar los 100.000 cuerpos que aún tenemos abandonados a su suerte al lado de las carreteras por las que pasamos todos los días. Esparcidos sin orden ni concierto dentro de los cementerios a los que llevamos flores de las lápidas de nuestros familiares, “enterrados como Dios manda” porque no tuvieron la desgracia de morir como el padre de Ascensión. Apilados dentro de un mausoleo que pese haber sido construido con su sudor, enaltece el sudario de otros. Pero entre todas estas historias, una vez más, ella vuelve a sobresalir, como su mirada y sus guantes. Y no es por el tiempo de lucha -también muy remarcable-, sino por la forma: sin politizar su reclamo. A pesar de haber podido ser muy fácil y de que se lo pusieron muy difícil. De su boca -al menos de la suya- solo salieron las ganas de encontrar a su padre y el sueño de enterrarse con él. Nada más y nada menos. Y aún hubo quien incomprensiblemente se lo negó, aunque sin sostenerle la mirada. 

Por eso, aunque la muerte suele ser triste, Ascensión firmaba un triunfo el pasado 16 de septiembre, cuando con 93 años por fin cerraba los ojos de niña y terminaba el cuento con final feliz, cumpliendo su última voluntad de descansar junto a los huesos de Timoteo Mendieta. Ojalá la historia se repita con muchos más en tomos más cortos, sin ocho décadas de lucha. 

 

Descanse en paz, Ascensión. 

ascension-primer-exhumado-justicia-argentina_ediima20160119_0503_19.jpg

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .