Léxico familiar alcarreño (II)

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Los paneles informativos del Museo Etnográfico de Atienza recogen multitud de vocablos ligados a usos y profesiones que han quedado hoy en día obsoletos y en desuso.

 

Cuando yo era pequeña y vivía en casa de mis padres, si mis hermanos o yo volcábamos un vaso encima del mantel o se nos caía un cuchillo, mi padre tronaba: “¡No hagáis groserías!” Si mojábamos plan en la salsa, gritaba: “¡No rebañéis los platos! ¡No hagáis mejunjes!” (…) Durante las comidas solía hablar de las personas que había visto ese día; era muy severo en sus juicios y todo el mundo le parecía estúpido. Para él, un estúpido era un tonto. “Me ha parecido un grandísimo tonto”, decía de alguien a quien acababa de conocer. Además de los tontos, estaban los “palurdos”. Para mi padre los “palurdos” eran las personas que se comportaban torpe y tímidamente… Natalia Ginzburg, Léxico Familiar. (*)

 

Por Gloria Magro.

Todas las familias, incluso las más cultas, han compartido tradicionalmente un lenguaje propio y unos códigos que se interpretan sin la menor vacilación en el ámbito doméstico. Esos códigos pueden tener el mismo significado o no tenerlo en la casa vecina, en una misma localidad o en una misma zona geográfica sin que por ello trasciendan al idioma normalizado que aparece en los diccionarios de la Lengua.

Los códigos lingüísticos son trasversales, todas clases sociales tienen el suyo propio, no se trata por tanto de que un lenguaje tenga mayor valor o peso que otro si admitimos que su valía está ligada a la facilidad para entendernos, el objetivo primario de la comunicación. Ampliando un poco esta explicación y extrapolándola a Guadalajara, muchos de nosotros compartimos un vocabulario y unas expresiones que nos parecen propias tanto de nuestra familia como de nuestros pueblos; y porqué no, de toda la provincia como si el alcarreño existiera y fuera un dialecto con entidad propia. Tal vez esto no sea estrictamente así pero nos gusta pensar que lo es.

No sé si habéis oído espicazar.  Si lo habéis hecho seguramente lo habrán utilizado mal porque habrán querido decir desmigar, hacer picadillo y no son sinónimos. Espicazar lo usan los murcianos como “explicar con detalle” y en nuestra mingaña, la jerga de los esquiladores tratantes de Milmarcos y Maranchón (**) significa tirar algo, aunque si se acompaña significa cosas diferentes. Espicazar chazas es, con perdón, cagar y espicazar chorris , con perdón también, mear. El caso es que de una forma u otra de vez en cuando escucho a alguien espicazando algo. Jesús Ramón Valero Díez.

Eres un avanto”. Sandra L. Castillo.  Eso siempre nos lo decía mi madre cuando eramos chavales a mi hermano y a mí. Y a veces decía ” Estás hecha un avanto lanudo” cuando iba como un torbellino o hacía alguna trastada. Silvia Martínez González. A mí me decían “abanto melonero”. Lorenzo Mulero Cava.

Esvolverse por dar vuelta o girar. Como muchas otras expresiones que se están poniendo, también se usan en la Alcarria conquense. Luis Vicente Pérez.

Muchas de estas palabras recopiladas con ayuda de los lectores del grupo de Facebook de Amigos de la ciudad de Guadalajara están en desuso hoy. El aumento del nivel educativo en las últimas décadas, el aprendizaje de un castellano normativo durante la etapa escolar y la influencia omnipresente del lenguaje usado en los medios de comunicación, por citar algunas causas extrínsecas, han terminado por sustituir ese vocabulario ancestral por uno estandarizado. Y pese a ello, en cuanto nos adentramos un poco por los recovecos de nuestra memoria empiezan a aflorar expresiones  al  margen de la norma. Muchas de ellas se circunscriben a un área geográfica concreta o al menos así lo percibimos cuando decimos que  los  vecinos de tal o cual municipio, tal o cual zona de la provincia utilizan esta o aquella palabra con esta o esa acepción que choca -llama la atención- o es desconocida unos kilómetros más allá.

Esmenorao. Pequeño, menudo de tamaño, aplicado siempre a personas. Alto Tajo. Carlos Paulos Rey.

Maquinillo para referirse a un taladro es una palabra que es sólo de Guadalajara. Javier Carrero. Conozco gente de Cuenca, Toledo y Madrid y en los tres dicen el maquinillo. Antonio Gómez San Andrés. 

Ainarse, quedarse sin aire. Es otra palabra endemica de la provincia. Javier Carrero.

Mostruo, palabra muy dicha en la zona de Molina de Aragón, quiere decir persona noble, leal, sincera, valiente. Zarrio palabra que yo creía que solo se dice en la zona de Molina de Aragon, pero no, también por la alcarria, quiere decir mueble viejo sin ninguna funcionalidad. Miajitica palabra miy dicha en Brihuega, quiere decir menos que una miaja. Francisco Del Olmo.

En Brihuega también se dice alelé para referirse a una persona con pocas luces. Maribel Romera Pardo.

Rodilla: trapo de cocina. En mi casa también se decía que una cosa estaba amogada, no se si con o sin h, para decir que estaba mohosa. Irene Sanz.

En Atanzón, un joven me ofreció agua del botijo y en el alboroto oí que me llamó escriada, pregunté después y significa que no haces caso de lo que te dicen. No lo encontré en Google. Algunas de estas palabras me resultan familiares y en casa y con amigos llaman la atención, da pena que caigan en desuso tras el verano y en la ciudad. No las empleo fuera de casa. Silvia Fraguas.

Muchos lectores coinciden también en que aparte del vocabulario entendido como endémico de la provincia, hay pequeñas expresiones, interjecciones que también nos son propias, como el famoso vale, que efectivamente, vale para todo. O el maja, tantas veces citado por los lectores. Miaja también es muy nuestro aunque nos aclara, una vez más Jesús Ramón Valero Díez que es de uso generalizado en toda Castilla. Quizás se use incluso más cuanto más al sur. Significa “poca cosa” y viene de una moneda, la divisible más pequeña del Vellón, moneda de la Edad Media. Era como el céntimo de un céntimo… poca cosa. Hay sitios donde dicen meaja.

Estas expresiones son de las pocas que han sobrevivido al cambio de costumbres que ha traído la modernidad. En nuestra casa en el pueblo aún quedan bolsas de tela hechas de algún retal y con un cordón para cerrarlas. Eran las taleguillas o talegos. Se utilizaban para guardar el pan rallado y que no se amogara. Cuando se vertía algo en ellos o en un saco, se hacía entre dos y uno de ellos se encargaba de aparar, de sujetarlo. También servían para llevar comida al campo cuando se hacían faenas agrícolas, para el almuerzo, que no era la comida principal del día pero sí algo contundente. Los recipientes que contenían las tajadillas de chorizo o lomo, metálicos, no eran nuestros tupperware sino algo mucho más básico y resistente, las tarteras metálicas. Ahora la llamamos vajilla de camping. Cambian las costumbres y cambia por tanto el lenguaje.

Gran parte del vocabulario que se usaba tradicionalmente ha perdido por tanto hoy su uso al estar ligado a actividades propias de épocas pasadas. En los paneles informativos del Museo de Etnológico de Atienza, en la Posada del Cordón se pueden aún  leer  muchas  de estas  palabras que  ya no  tienen un sentido práctico porque denominan actividades o útiles que ya no existen como telera, vascuño, valorta, yugo, esteba, barzón, telera, reja... (***). Este vocabulario ha desaparecido de los diccionarios, aunque tampoco se puede afirmar que fueran localismos propios de estas tierras. Además de olvidadas, a día de hoy también son difíciles de utilizar por cuanto el corrector de Google las deshecha sin miramientos, algo que ocurre con muchas de las palabras que estamos incluyendo en este artículo. Para que no caigan en el olvido, muchos pueblos han optado por elaborar sus propias recopilaciones. Torremocha del Pinar es uno de ellas.

Cobete, que se puede interpretar como un vulgarismo por no saber como es la palabra correcta pero que también se dice en la alcarria conquense, con quien también comparte Guadalajara reo por turno, vez, ronda… Estirazar, que está aceptado por la RAE, creo: estirar mucho. Esvolver por dar la vuelta. Estas dos son típicas del pueblo de mi madre  en la alcarria conquense pero que yo oí en su momento en Illana. Galvana, pereza asociada al calor. Luis Vicente Pérez.

Nuestros alcarreñismos tienen también una transcripción literaria en obras archifamosas, como el Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, autor que recogió multitud de expresiones que le resultaban curiosas mientras caminaba de pueblo en pueblo allá por los años 40 del siglo pasado. Pero quien recoge el alcarreño en todo su esplendor es un autor guadalajareño que le da especial importancia al lenguaje, Andrés Berlanga, autor de La Gaznápira (****). De esta novela, la profesora de la UNED María Concepción Ortíz Bordallo ha extraído un Diccionario Léxico Dialectal que contiene términos de uso común en el pueblo natal del autor, Labros (9 habitantes), una pedanía de Tartanedo, en la zona del Señorío de Molina. Así, en la novela se pueden leer en su uso original hasta los años 60 términos hoy desconocidos como acusar -guiñar el ojo-, almostá -porción de cualquier cosa que se coge entre ambas manos-, charlador -parlanchín- y un largo etcétera ordenado alfabéticamente por esta investigadora del lenguaje.

-¡Tú a lo tuyo, Daría, que si la envidia fuera tiña…

-No, si yo lo digo porque calor parecía sobrarla. ¡Virgen de las Nieves bendita: siempre con las chichas al aire, escoruta perdida| Lo mismo ha cogido un mal aire y se ha quedado en el sitio, si antes no se ha estozalao. 

La Pitona, como su madre la Gurrumia se creía la más clara del mundo. Pero no había chinchorrera con más chismes y simplezas en la boda, ni zorrería en sus intenciones que esta Daría Larriba. (…).

En la web serraniadeguadalajara.com hay una recopilación en pdf de 145 páginas nada menos donde se recoge también de forma ilustrada las palabras de 23 pueblos de la provincia. La obra cultural de la Diputación Provincial, muy activa en todo lo referente a salvaguardar los usos y costumbres de Guadalajara, también se ha ocupado de la tradición lingüística, dándole la importancia que merece. Se puede encontrar en sus Cuadernos de Etnología.

En resumen, ya sea en casa alrededor de una mesa en una comida familiar, entre vecinos en el pueblo o bien en las páginas de un libro o porque no, entre los lectores y usuarios de una página web de Facebook, el alcarreño existe y tiene vida, aunque no sea con lustre y esplendor, ni en muchos casos tenga el respaldo de los diccionarios. Nosotros nos entendemos, que es lo que realmente importa. Muchas gracias a los lectores por hacer, una vez mas, estos artículos posibles. Y también a Carlos M. Paulos Rey por sus aportaciones bibliográficas, así como a Luis Romero de la Diputación Provincial de Guadalajara.

Mañana, aquí en El Hexágono, la versión formal del vocabulario alcarreño de la pluma de una experta y entusiasta del lenguaje como es Ana García Lamparero.

 

(*) Léxico familiar. Natalia Ginzburg. Ed. Lumen. 2007

(**) La migaña o mingaña: jerga  o jeringonza de tratantes, muleros y esquiladores de Milmarcos y Fuentesanz en Guadalajara. Tomás Gismera Velasco. 2ª edición, 2016.

(***) Canciones de la Alcarria. Edmundo Cabellos. Ayuntamiento de Cifuentes 1994.

(****) La Gaznápira. Andrés Berlanga. Ed. Noguer. 1988

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