Amar lo que hace posible las ideas

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“Hay que AMAR el propósito que nos lleva a emprender, hay que AMAR la actividad que nos lleva a la consecución de ese propósito, hay que AMAR la relación con el ecosistema que también permite lo anterior”.

Por José Luis Santamaría (*).

Tengo una ligera sospecha de cuándo se denotó en mí la necesidad de emprender, en su sentido semántico más estricto (“Empezar a hacer una cosa determinada, en especial cuando exige esfuerzo o trabajo o cuando tiene cierta importancia o envergadura”). Surgió a los quince años, cuando me sacaba algún dinerillo en los veranos trabajando como mozo en supermercados. Y nació como una auténtica necesidad, ya que me aportaba algo que consideraba fundamental, MI COHERENCIA. Que lo que pienso, siento y hago esté alienado. Tras formarme como ingeniero, desoí esa necesidad y estuve trabajando durante años “para otros”, como ejecutivo en grandes multinacionales. Y eso me pasó factura (la incoherencia es lo que tiene), hasta que decidí, hace años, no cerrar los oídos de mi consciencia a esa llamada y escucharla hasta ser capaz de desarrollar negocios e iniciativas de servicio útil para los demás (que en mi caso es lo que “alinea” mi coherencia).

Tras años como emprendedor, podría verme inclinado a dar consejos a quienes empiezan. Pero si opto por dar consejos al ámbito del emprendimiento o soy un temerario, o un mentiroso o un escritor de best-seller. Imagina que pudieran ser las tres, ninguna sería úti. Un consejo es un “dictamen” y, por la propia naturaleza del emprendimiento, dar consejos en este ámbito me parece una “temeridad”. Cada proyecto de emprendimiento es único, ya que integra o debería integrar lo que el emprendedor es y cada emprendedor es único.

Pero sí considero que puede ser útil, a quien lea esto, el percibir, y quizás asumir, aprendizajes que yo me he encontrado en mi camino. Eso que los anglosajones llaman “lecciones aprendidas”. Lo bueno o malo de este enfoque es que no tiene por qué servirle a cualquier emprendedor (aquí nunca hay certezas), pero lo que sí es seguro es que en mi caso es “real”.

Cuando mi amiga Gloria Magro me propuso escribir un artículo en el que pudiera compartir con los lectores un compendio resumido de esas lecciones aprendidas, me “abdujo” una reflexión que se convirtió automáticamente en emoción. Es algo que puedo resumir en un infinitivo, que en el día a día se convierte en gerundio. El infinitivo es “AMAR”, y el gerundio, obviamente, es… “AMANDO” (“amando me ando”).

Hay que AMAR el propósito que nos lleva a emprender, hay que AMAR la actividad que nos lleva a la consecución de ese propósito, hay que AMAR la relación con el ecosistema que también permite lo anterior, hay que AMAR las noches, los días , las fiestas que no se disfrutan, los momentos personales que te pierdes,…. Y, por encima de todo, hay que AMAR con consciencia lo que te hace ser coherente: lo que sientes, lo que piensas y lo que haces tiene que estar alineado con lo que buscas en tu emprendimiento.

Un peligro, casi endémico en nuestro ámbito, es AMAR nuestra idea o proyecto. Hacer esto nos lleva a no estar atentos a aquellas señales que nos permiten identificar las áreas de mejora, nuevos enfoques, los verdaderos retos o necesidades a resolver de nuestro clientes… que harán que nuestro proyecto tenga éxito. No hay que AMAR la idea, hay que AMAR lo que lo hace posible (la actividad, los clientes, …)

Y pensando en ese AMAR, en infinitivo, surge un acrónimo (basado en palabras en inglés, lo siento), y que aglutina lo que considero son los 4 pilares fundamentales de mi vivencia, al menos hasta ahora, como emprendedor.

El acrónimo AMAR”– los cuatro PILARES:

  1. La “primera A” (aim en inglés, PROPÓSITO en castellano). ¿PARA QUÉ emprendo? No “por qué”, si no cuál es la motivación (motivo) más profundo que me lleva a emprender. Descubrir este propósito debería ser la primera tarea de cualquier emprendedor, mucho más que la “idea”, “producto”, “servicio”,… a desarrollar con nuestra actividad o empresa. Y no es un ejercicio fácil, como casi nunca es fácil lo que es importante. Hay que ser muy “auto-inquisitivo” para no conformarnos con esos “primeros propósitos” que muchas veces no son nuestros, si no de otros. Pongamos por ejemplo que me pregunto “¿cuál es mi “para qué”?, y me auto-respondo que “el dinero”… Ya, vale,… “¿Y qué me aporta el dinero?”… “Seguridad”… “¿Y por qué es importante para mí la seguridad?”… y así hasta que la cadena de preguntas termina en una reflexión “sentida”/”emotiva”, que tiene que ver con “lo que quiero llegar a sentir cuando consiga lo que pretendo”. El propósito es “mi brújula” a lo largo de todo el proyecto de emprendimiento. Es el mecanismo que me ayuda y orienta a identificar si me alejo o me acerco a lo que buscaba cuando inicie mi proyecto de emprendimiento.
  2. La “M” (mindset en inglés, MENTALIDAD en castellano). La mentalidad es lo importante. En términos de emprendimiento la mentalidad es la disposición con la que nos enfrentamos a los retos. Ha de estar siempre enfocada al PROPÓSITO (“la primera A”), pero ha completarse con la DISPOSICIÓN con la que me enfrento a mis RETOS, teniendo en cuenta los RETOS, OBJETIVOS y NECESIDADES de mi ECOSISTEMA y cómo IMPACTO en él. Y esto hay que aprenderlo y entrenarlo. En mi caso es una actividad casi diaria que desarrollo a través del coaching.
  3. La “segunda A” (Apprentice en inglés, el “eterno” aprendiz en castellano). El eterno aprendiz, el emprendedor ha de serlo. El día que piense que ya no tiene que aprender estarán redactando su esquela. He de ser consciente de modo continuo de mis fortalezas y mis debilidades, incrementando las primeras y trabajando en un continuo aprendizaje sobre las segundas.
  4. La “R” (en este caso podría coincidir en inglés y castellano: “Responsabilidad”). En el sentido etimológico del término. He de incrementar mi habilidad para responder, y no para reaccionar. Si aprendo a responder, lo cual implica haber aplicado las tres primeras siglas de “AMAR”, estaré decidiendo y actuando teniendo en cuenta lo que me importa, lo que importa (mentalidad) y mis fortalezas y debilidades. Pero si no lo hago, si no respondo, estaré reaccionando ante las cosas que me pasan, perderé el control y la gestión y estaré abocado a que mi proyecto fracase.

En definitiva, he de AMAR mi forma de vida. Y, como en todo amor, habrá días inmensos y otros tristes. Pero, como en todo amor, siempre merecerá la pena.

 

IMG_6186.jpg(*) José Luis Santamaría (Logroño, 1973) es ingeniero, antropólogo, coach y empresario. Director ejecutivo durante casi dos décadas en multinacionales como Tecnocom, Siemmens, Steria y Microsoft, en la actualidad es coach empresarial y personal, consultor y mentor ejecutivo, aunque prefiere definirse como “un eterno aprendiz”. También es CEO en NewBeing, socio en Innova on Wars y de Arbinger Institute en España y fundador de iniciativas como “Magia con mensaje” y NB Placement. También da clases en EAE Business School, ISEMCO y en la Escuela Superior de Ingenieros en Telecomunicaciones.

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