¿Porqué economía circular?

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Foto: Área Metropolitana, Valle de Aburrá, Colombia.

 

Por Santiago Ramos (*).

Antecedentes

En estos últimos días hemos podido leer un nuevo récord en la concentración de gases de efecto invernadero en 2018 (408 partes por millón). Este último verano ya hemos alcanzado las 411 ppm (Observatorio de Mauna Loa, Hawai). Hace cuatro años que sobrepasamos la barrera de 400 que habían puesto como límite los científicos.

La verdad, este número nos queda un poco lejos y tampoco nos dice mucho. Puede que ahora nos suene un poco más porque se está celebrando el COP25 en Madrid (Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) y en los medios de comunicación se está haciendo una amplia difusión. Pero, en cualquier caso, seguimos con nuestra rutina diaria, que no es poco.

Creo que trabajar con datos y analizarlos para avanzar en soluciones es importante, pero en muchas ocasiones no es accesible para los mortales que estamos más al pie de la calle. Así que lo mejor es ver y tocar para hacerlo más próximo. Así que algunos ejemplos de lo que está sucediendo en nuestro medio ambiente:

  • Polo Norte: el paso para que los barcos pudiesen ir del Atlántico al Pacífico y viceversa, solo estaba disponible en los meses de verano. Desde el año 2017, se puede navegar durante todo el año. Ya no hay hielos que lo bloqueen en invierno.
  • Isla de Borneo: la tercera más grande del planeta (archipiélago malayo), ha perdido más del 50% de sus bosques autóctonos por el cultivo intensivo de especies extranjeras.
  • El glaciar de Monte Perdido en los Pirineos (el último de España) está perdiendo 1 metro de espesor al año, en 20 años puede haber desaparecido.

Más allá de que creamos o no que el cambio climático es cierto, estos son hechos que están pasando en nuestro entorno más o menos cercano. Es posible verlo, tocarlo y sentirlo, no hay que hacer ningún acto de fe. Pero demos un paso más, es verdad que a lo largo de los 2.000 últimos años hemos tenido periodos de mayor y menor temperatura:

  • Periodo cálido medieval entre los años 900 y 1.300 que afectó a toda la región del Atlántico norte con un aumento promedio de 1ºC
  • Pequeña edad de hielo entre los años 1.600 y 1.850, fue un fenómeno global que provocó una disminución promedio de 1ºC

Estas variaciones tenían diferentes causas naturales: actividad solar, erupciones volcánicas, variaciones en las corrientes oceánicas. Estas afectaban de diferente forma según la localización geográfica, provocando cambios en la agricultura y ganadería, por lo tanto, se producían hambrunas, epidemias y conflictos entre regiones y países. Todo esto nos puede llevar a pensar que estamos inmersos en uno de estos ciclos naturales, pero hay una clave muy importante que no podemos dejar pasar por alto: la demografía. Hasta el siglo XIX, la población en este planeta no llegó a superar los 600-700 millones de habitantes. En estos momentos, superamos los 7.500 millones de habitantes. Las estimaciones indican que llegaremos a los 10.000 millones en 2.050

Esta explosión demográfica está unida a los avances industriales y tecnológicos que han mejorado las condiciones de vida en los últimos 200 años: mejoras sanitarias, mejoras en la alimentación, acceso a energía y agua,…, aunque estas mejoras no han sido uniformes y todavía se mantienen claras diferencias entre países desarrollados y en vías de desarrollo. Esa es la clave, la acción del ser humano en el planeta. Muchos científicos aseguran que estamos en la Edad del Ser Humano (Antropoceno) y que esto va a marcar la evolución del planeta y del propio ser humano.

Economía Lineal

Las ventajas y beneficios de las diferentes revoluciones industriales que hemos tenido son indudables y nos han traído hasta donde estamos ahora:

  • En la primera (finales siglo XVIII) se consiguió la mecanización industrial gracias a la máquina de vapor, así como mejoras en las producciones agrarias.
  • En la segunda (segunda mitad siglo XIX) alcanzamos la electricidad que facilitó mayores niveles de producción, extendiendo el acceso a muchos productos que antes era impensable.
  • En la tercera (1969) se llega a la producción automatizada, gracias a la electrónica y la informática, controladores programables, robots.
  • Y acabamos de estrenar la cuarta con sistemas “inteligentes”, autónomos, basados en datos, internet de las cosas y lo que nos quedará por llegar en los próximos años.

Pero todo este nivel de desarrollo requiere de recursos: materias primas, energía, agua. Y en muchos casos, estos recursos de infravaloran y se usan de modo incontrolado y como si fuesen infinitos. Es el modelo de economía lineal que está establecido entre nosotros: extraer recursos-producir-usar-tirar (en el mejor de los casos, reciclar). Este modelo no preserva el valor de los recursos que forman parte de los productos:

  • Diferentes materias primas como metales, madera, plástico.
  • La energía necesaria para la extracción de los recursos, su adecuación y posterior utilización. Además, en la gran mayoría de los casos la energía tiene origen en combustibles fósiles.
  • El agua forma parte de muchas de las materias primas o es básica para su obtención, por lo que forma parte de los recursos necesarios de la cadena productiva.

Los recursos no se preservan porque al final de la “vida útil” del producto, nos desprendemos de él, terminando  en muchos casos en un vertedero o incineradora. Perdiéndose el valor de los metales que lo forman, el plástico o la energía necesaria para su producción.

Economía Circular

El modelo lineal no es infinito, los recursos no son infinitos, la población mundial sigue aumentando, el nivel medio de vida mejora, las necesidades de productos se incrementan. Este modelo no se sostiene y termina devorándose. Como alternativa se presenta la Economía Circular. Lo que plantea es algo muy sencillo y no es nada nuevo (solo lo hemos olvidado): mantener el valor de los recursos, regenerándolos o restaurándolos.

La Economía Circular presenta varias opciones para conseguirlo (caso de materiales técnicos), por orden de mayor valor preservado a menor, ya que las primeras suponen menos esfuerzo y coste que las últimas (esto es lo que se denomina 5 “R”):

  • Reducción: parte del principio de que el mejor residuo es el que no se produce. Si evitamos generarlo, estamos contribuyendo a un menor consumo. Está relacionado con un consumo sin sentido, por el mero hecho de tener, sin lógica alguna.
  • Reutilización: es probable que una vez que ya no necesitamos el producto que hemos comprado, lo guardemos o lo tiremos después de un tiempo. El producto sigue siendo útil y válido para seguir usándolo, pero ya no lo queremos. Le podemos dar una segunda vida y que otra persona lo pueda seguir disfrutando. Se puede donar, regalar o vender en un mercado de segunda mano.
  • Reparación: puede ocurrir que se estropee y para seguir disfrutando de él haya que repararlo. Lejos del efecto “soplido” (“Puf….., mejor cómprate otro, te saldrá más barato que repararlo”). Para ayudar en este punto, hay que contar con el ecodiseño y evitar la obsolescencia programada (la Comisión Europea ya está legislando en este sentido)
  • Refabricación: el producto no se puede reparar, pero la gran mayoría de sus componentes se pueden reutilizar para hacer uno nuevo (carcasas, cableado, tarjetas electrónicas, envolturas,…). De este modo, o el propio fabricante o una empresa especializada pueden recuperar los componentes y volverlos a integrar en el proceso productivo.
  • Reciclaje: por último, todo aquello que no se puede reutilizar, reparar o remanipular, se deberá reciclar. Se han de separar los materiales que lo forman: metales, plástico, cartón, madera,…, de este modo se podrán usar de nuevo como materia prima para un nuevo producto, sin necesidad de tener que extraerlo de la naturaleza o producirlo. Así se ahorran recursos, dinero y protegiendo nuestro entorno.

En el caso de los materiales biológicos (procedentes, por ejemplo, de los residuos sólidos urbanos), su recuperación es imprescindible para la obtención de otros productos como fertilizantes naturales o biocombustible. Hay que tener en cuenta que se desperdicia a lo largo de la cadena el 33% de los alimentos producidos (en origen, cadena logística, tiendas y hogares)

Una vez revisados los ciclos de los materiales técnicos y biológicos, otro punto a considerar es el uso de energías renovables. Como ejemplo, en la actualidad en España, el 17% de la energía usada es de origen renovable (biomasa, eólica, solar fotovoltaica, hidráulica), el compromiso es que el año que viene se alcance el 20% en todo el conjunto de la Unión Europea. Para 2050, el objetivo es que seamos neutros en emisiones, por lo que las energías renovables serán imprescindibles.

Este cambio que propone la Economía Circular va a suponer un gran reto para las empresas, administraciones y sociedad. Son las tres patas del banco, si una falla, no funcionará. El compromiso por parte de todos es fundamental.

Para terminar, quiero dejar un ejemplo: un teléfono móvil. ¿Cada cuánto tiempo lo cambiamos? ¿Por qué lo cambiamos? ¿Podríamos “estirar” su vida útil de alguna manera? Solo un dato: de media, cada móvil puede llegar a tener hasta 15 metales diferentes en cantidades muy pequeñas. Más de la mitad son considerados por la Unión Europea como materias primas críticas por su escasez y ser necesarias para el desarrollo de las nuevas tecnologías y aparatos electrónicos. Su uso en cantidades tan pequeñas hace inviable, a día de hoy, su recuperación.

El teléfono móvil es solo un ejemplo, pero se pueden encontrar más. ¿Continuamos con este modelo lineal o damos el paso a la Economía Circular?

 

0(*) Santiago Ramos es licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad Autónoma de Madrid y cuenta con un máster en Gestión y Desarrollo de Energías Renovables. Ha trabajado como ingeniero de procesos y de producción en empresas punteras del sector de los componentes plásticos. En la actualidad es consultor especializado para empresas de la Fundación Escuela de Organización Industrial, así como profesor de la misma y CEO fundador de Reloops, dedicada al asesoramiento empresarial en materia de sostenibilidad.

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