La Grinch se va de vermú

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Imágenes del vermú 2018. // Foto: Guadalajaradiario.es

Por Patricia Biosca

Es posible que en estos mismos momentos que leen mis humildes líneas se estén preparando para salir al, desde hace unos años, populoso vermú navideño. O puede que incluso estén leyendo estas palabras con una cerveza en la mano. Gracias en cualquier caso y atentos si se encuentran en la segunda de las situaciones citadas a sus enseres y bebidas, que hay mucho amigo de lo ajeno. Más cuando una actividad se empieza a poner tan de moda que crea las aglomeraciones que solo una buena fiesta patronal consigue, pero reducido el espacio a la calle Mayor y aledaños. Aquí, en cuestión de unas horas, se junta la chavalería con la juventud tardía, quienes bailan al son de los djs en los altares de los escenarios de quita y pon con las bufandas y los guantes. También podemos encontrar, además de las verbenas del frío, sus típicos borrachos, que van calentitos por dentro. Y vasos tirados, colillas de cigarros espachurradas, espumillón, gorritos navideños, olor a cerveza agria y orín. Un festín. Sí, aquí llega de nuevo la Grinch Alcarreña. Para servirles.

Es innegable que se trata de un revulsivo para la economía hostelera del centro de la capital. Incluso para la de los pueblos, que ven a parroquianos que regresan a casa como el turrón y los mazapanes por estas fechas y que vuelven a pisar los azulejos que no les ven desde las fiestas del verano -con suerte-. No en vano en la capital se han sumado nuevos establecimientos a la iniciativa “vermutera”, que aúna a un total de 24 bares. Sin duda, el grueso del meollo estará en el centro, zona Jardinillo, Plaza del Concejo, Plaza de San Esteban, Plaza de Prim y la popular calle Mayor en los aledaños del edificio de Hacienda. Desde el lunes, el lugar se afana en colocar los escenarios y pone a punto las barras de lo que será uno de los días con más trabajo y también con más beneficios por hora. San Roque será de nuevo también protagonista de esta nueva tradición, si bien será el refugio de los que huyen de aglomeraciones. Y el barrio de la Amistad, pionero en esto de los vermús navideños, estará al pie del cañón un año más para ser epicentro de los de siempre y de los que se quieran acercar. Las novedades de este año: el Paseo de las Cruces se postula como nuevo centro neurálgico. Veremos qué tal se le da. 

En previsión, el Ayuntamiento asegura que velará por el correcto desarrollo de la jornada festiva estando atento sobre todo de dos cosas: el horario y la limpieza. El primero se cumplirá a rajatabla, para que nadie se pierda la opípara cena que le preparan en casa: a las 19 horas, todos recogidos y fuera de los bares. En lo segundo, ha introducido una medida algo polémica: cada establecimiento que abra tendrá que abonar el gasto del urinario portátil que le obligan a contratar. Sin WC de plástico no hay paraíso. Además, en el mismo momento en el que se echa la cancela de los locales por la tarde, un dispositivo de limpieza formado por un “vehículo recolector, dos barredoras con dos operarios con sopladora y dos baldeadoras” -no conozco la jerga del hombre de la basura, así que no tengo ni idea de si es una suerte de “Liga de la Justicia” de los barredores o se queda es un “escuadrón suicida” para luchar contra toda la mugre- se pondrá en marcha para dejar como los chorros del oro la zona cero del vermú. 

Y otra novedad: el botellón queda prohibido bajo pena de retirada del material -no se dice nada de multas-. Creo que la práctica de tan noble a la par que guarra y económica opción -incluso a veces sana, que el garrafón no es una leyenda urbana- se va a quedar en la memoria de los ahora treintañeros, junto con las “cantaditas” tecno tipo “Flying free” y las bandas para el pelo unisex a rayas de los rokeros. Aunque ojo, que si las riñoneras, los pantalones de corchetes y los de pata de elefante han vuelto, aún hay esperanza para los nostálgicos… y quizá para el botellón. 

Y después de esta poquito de bilis -no me negarán que he sido suave, porque entiendo que es Navidad- les dejo, que tengo que comprar tabaco y he quedado en Santo Domingo para comprar unas litronas. 

((Es coña: ni bebo, ni fumo, ni digo tonterías, ya lo saben ustedes. Y por si no nos vemos en el vermú: ¡¡¡FELICES FIESTAS!!!

De mi parte y de Raphael vestido de monaguillo))

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