Una promesa con el poblado de Villaflores

Villaflores-Vista

Vista de Villaflores. // Foro: Lista Roja de Patrimonio

Por Patricia Biosca

Corría la primavera de 2008 cuando mis amigos me descubrieron aquel sitio. Ellos tenían recuerdos de su infancia ligados a aquellas barbacoas de piedra, a las correrías por el campo, a unos antiguos columpios y a aquel caserón. ¡Qué pena no haber disfrutado de las mismas historias! Eso pensé cuando “tiramos” los coches en medio de la nada de los restos del poblado de Villaflores. La mayoría de las barbacoas estaban reventadas a medias por el paso del tiempo, a medias por la acción de la estupidez humana; solo quedaban los hierros oxidados de la antigua zona de juegos, retorcidos y grises; pero las estancias de aquel enclave con varios edificios seguían llamando poderosamente la atención. Como una puerta del tiempo, como el delórean de Marty, la puerta del armario hacia Narnia, el microondas de Steins;Gate. Y allí que fuimos, a nuestra máquina del tiempo particular.

La mezcla de principios de siglo XIX con pintadas más recientes de mensajes que solo entendía la mano ejecutora era lo que podías esperar que hubiese dentro de aquellos muros. Y era lo que había. En realidad, no se diferenciaba tanto de otros sitios abandonados en los que ya habíamos estado -lugares por los que siempre hemos sentido predilección, sea dicho de paso-. Paseamos por las estancias, mirando aquí y allí, intentando averiguar qué le había deparado el tiempo, inventando relatos sobre fiestas clandestinas infinitas o espiritismo de andar por casa. 

villaflores07

Vista del interior de una de las edificaciones del Poblado de Villaflores. // Foto: Lista Roja de Patrimonio

La historia real es otra que no conocíamos por entonces y que nada tenía que ver con nuestras ocurrencias. Las obras se iniciaron en 1886. Las mandó construir María Diega Desmaissières y Sevillano, conocida como la duquesa de Sevillano -la misma mujer noble por la que también se alzaron el panteón que alberga a su familia y el colegio de Adoratrices- al reconocido arquitecto Ricardo Velázquez Bosco -cabeza de la que también salieron otros edificios como el Palacio de Velázquez, en el Retiro, o el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de la calle Alcalá-. Un año después se inauguró el complejo, que constaba de una casona principal, una suerte de retiro en el campo para la familia; un gran palomar en forma de cilindro, muy característico; cuatro edificios de viviendas en los que habitaban los trabajadores; y una escuela, una capilla e incluso una ermita rodeada de un cementerio. Un pequeño pueblo en el paisaje de El Sotillo. 

Pero hete aquí que la condesa de la Vega del Pozo (también era marquesa por partida doble, porque los títulos de la nobleza en aquella época parecían casi como cromos de Panini) encontró la muerte a los 64 años de forma repentina el año 1916 en Burdeos, mientras le hacían unas pruebas médicas. Y sus herederos -todos los que llegaron después hasta el siglo XXI- no tenían el mismo gusto que ella por sus pertenencias. Al menos las que se encontraban en medio del monte, perdiendo el interés por aquellos ladrillos vistos. Y así es como casi un siglo después contemplábamos losrestos de aquel pueblo artificial creado por una señora de rancio abolengo. 

Quiso el destino que en la siguiente estación, en el verano de 2008, de repente más ojos que los nuestros acabasen mirando el conjunto. El Ayuntamiento anunció a bombo y platillo que la empresa que se había encargado de crear Ciudad Valdeluz al calor del Tren de Alta Velocidad iba a cumplir la promesa que había hecho al Consistorio en 2002 de, a cambio de recalificar los terrenos, entregar el poblado rehabilitado para crear un parque temático dedicado a la astronomía. Pero a pesar de las promesas y las fotografías, eso nunca sucedió. Villaflores volvió al olvido una década más, hasta que en 2016 volvió a saltar a todos los titulares por elderrumbe de parte de la principal casona. En ese momento, la empresa propietaria -Hercesa- pedía un acuerdo público-privado (en ese momento estaban muy de moda, tras el éxito de otros proyectos similares, como el centro acuático) que ayudase a rehabilitar el conjunto. Por su parte, Ayuntamiento y Junta de Comunidades echaban balones fuera mientras los ladrillos se caían por la desidia de una zona que no parece interesarle a nadie desde la duquesa (y a las personas que aparcan solitarios coches en busca de aquella inapetencia para dar rienda suelta a sus deseos y apetencias personales). 

Enero de 2020. La compañera Nuria Fernández Monge hace una radiografía del poblado de Villaflores. Al leerlo, da la sensación de que la burocracia y la apatía siguen reinando en la zona, que no vislumbra un futuro nada halagüeño. Se habla de un museo, de un observatorio de fauna, de un recuerdo hacia aquellos que moraron el pueblo. Aquí dejo parte de mis simples y poco importantes memorias. Al menos yo cumplo mi promesa con aquella máquina del tiempo.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .