Una miaja de apechusque

la vereda

La Vereda, pueblo abandonado en Guadalajara  //Foto: Sonsoles Fdez. Day

Por Sonsoles Fernández Day

Una señora de Honrubia, Cuenca, se quejaba hace unos años en un reportaje de televisión porque cerraban el servicio nocturno de urgencias en su pueblo. Ocurría lo mismo en varias poblaciones por toda Castilla-La Mancha. La intervención de la señora no se hizo viral porque aún no existía esta expresión, pero se hizo muy popular en YouTube. ‘No te pongas a las nueve, que no te llega el santolio. Como te dé una miaja de apechusque, la roscas’, decía la buena mujer. Con esta frase tan de la zona lo que quería decir era tan sencillo como que no te puedes poner enfermo después de las nueve porque te mueres sin remedio. Al menos sirvió para llamar la atención.

Han pasado siete años y lejos de haber encontrado una solución, seguimos igual, en Castilla-La Mancha y también en Guadalajara. Sigue habiendo centros de salud sin servicio de urgencias nocturno en muchos pueblos de nuestra provincia. Y estos centros de salud atienden a varios pueblos de alrededor. Los pueblos más pequeños tienen un consultorio al que acude el médico tres veces por semana, con suerte, un día el enfermero y un día a la semana, el pediatra. Si alguno de los habitantes tiene una urgencia, tiene que desplazarse probablemente más de veinte kilómetros por carreteras comarcales. ¿Qué pareja joven querría vivir en un pueblo sin pediatra? Son varias de las razones de la despoblación de nuestras zonas rurales.

Faltan médicos de familia y un 30% de los actuales están a punto de jubilarse. Los médicos rurales que se van a jubilar lo tienen difícil para encontrar un relevo entre los recién graduados, para ellos tampoco hay alicientes en esa España vacía. Se quejan de haberse quedado muchos años sin vacaciones porque no encontraron sustituto. Su dedicación es completa, hacen muchos kilómetros cada semana para ver a todos los pacientes que les corresponden y además de médico, acaban siendo psicólogos, asesores e incluso, hijos.

Lo mismo ocurre con los farmacéuticos rurales. Su situación es casi de esclavitud. No tienen capacidad económica para contratar personal así que trabajan solos sin poder cerrar por vacaciones ni faltar por enfermedad. Uno de cada tres días están de guardia. Difícil compaginar este trabajo con una vida familiar. A muchos les toca elegir entre tener hijos o seguir con la farmacia, pero en su conciencia tienen la certeza de que, si cierran, la gente se iría del pueblo.

El drama de la España vaciada es una realidad que no parece preocupar mucho al nuevo gobierno. Con lo generosos que han sido otorgando ministerios ya podían haber dedicado uno a este asunto. El Ministerio para la España vacía no parece interesarles. Debe ser porque si está vacía, no da votos. En fin… Está Teresa Ribera, vicepresidenta cuarta para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que quizás quiera ocuparse de las zonas despobladas pero su objetivo es, según los resúmenes de medios serios, luchar contra la crisis climática. Me parece estupendo y necesario, pero ese es otro tema. El Ministerio de Sanidad está ahora a cargo de Salvador Illa, licenciado en Filosofía y anteriormente, secretario de Organización de PSC. Seguramente no le compete a él, pero tampoco tiene pinta de que a este señor le vaya a interesar que un guadalajareño tenga que ir a Cuenca o a Ciudad Real a hacerse una prueba médica.

Esto es lo que está ocurriendo desde hace años y se ha convertido en un disparate. Los enfermos de Castilla-La Mancha hacen kilómetros arriba y abajo para someterse a pruebas diagnósticas y tratamientos. Una señora de Guadalajara tenía que estar en Cuenca para una prueba a las ocho de la mañana. Se quedó a dormir allí en un hostal para ahorrarse el viaje de noche y cuál no sería su sorpresa al saber que la dueña del hostal venía la semana siguiente a Guadalajara a hacerse su prueba. Es de locos. Hay personas de más de ochenta años que van tres veces por semana a Madrid para someterse a diálisis. Casi todos tenemos a alguien en la familia que haya tenido que ir a Ciudad Real a hacerse un TAC. Es todo un sin sentido.

Pero estos bailes y desplazamientos no evitan las listas de espera. El Sescam, Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha cerrado 2019 con 93.160 pacientes en listas de espera, casi 5.000 más que al final de 2018. Sin embargo, la directora gerente del Sescam, Regina Leal, resta importancia a este incremento porque según ella ‘mientras las listas no superen los 100.000 pacientes se estará cumpliendo el objetivo’. 35.779 pacientes están esperando una intervención quirúrgica, pero parece que no es lo suficientemente grave mientras no sea un número redondo. Como dicen mis hijos cuando prefieren callarse a opinar, ‘pues ok’.

Nos quedamos sin médicos, sin farmacéuticos y sin urgencias. Y a armarse de paciencia y a apuntar las fechas en el calendario que cualquiera se acuerda si te dan la cita para dentro de dos meses. Yo, hasta hace poco, solucionaba los apechusques con paracetamol o ibuprofeno, según lo que fuera más conveniente. Ya me lo están complicando porque ahora piden receta para eso también. Así no arreglamos las consultas colapsadas ni la falta de médicos.

 

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