Guadalajara sin mancha (II)

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En 1978, Ramón Tamames, decía que Madrid era “un conjunto que desborda los límites provinciales y que va desde Guadalajara a Toledo”. De prosperar aquella propuesta,  hubiéramos sido la Comunidad Guadmatol.

 

A La Mancha manchega, que hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite, mucho tocino.Y si vas a La Mancha no te alborotes, porque vas a la tierra de Don Quijote (…) Jota manchega (Ciudad Real). 

 

Por Gloria Magro.

Para muchos lectores esta será la primera vez que tienen delante la letra de una jota manchega y seguramente sean pocos los guadalajareños que puedan tararear su melodía. O saber como es un gazpacho en los Montes de Toledo o reconocer el traje típico de Las Pedroñeras. La identidad no entiende de fronteras y sí de la cultura que se hila a través del tiempo y la Historia. En Castilla-La Mancha llevamos ya más de cuatro décadas intentando forjar un relato común que nos de sentido como Comunidad y pese a ello los guadalajareños no hemos llegado aún a asimilar nuestra pertenencia a esta Autonomía.

La primera vez que yo personalmente escuché esta jota manchega fue en Bournemouth, Inglaterra, en una de aquellas estancias lingüísticas que por entonces financiaba la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha dentro de sus programas de Juventud. Se trataba de que los estudiantes de la región tuviésemos la oportunidad de viajar fuera de nuestras fronteras, pero también y en última instancia de que nos relacionásemos entre nosotros, de crear redes de amistad entre la primera generación de jóvenes castellano manchegos propiamente dichos. Con este fin se organizaban actividades donde primaba la convivencia, tanto fuera como dentro de la región. Miles de jóvenes de las cinco provincias tuvimos así la oportunidad de conocernos mejor y también de comprobar lo que nos separaba, pero también lo que nos unía. Aquellos programas de verano se mantuvieron durante muchos años, uno de los muchos intentos de hacer región que se pusieron en marcha desde la administración regional.

Y desde entonces no se ha cejado en el empeño de crear un sentimiento que nos una, pese a lo cual en Guadalajara seguimos sintiéndonos al margen del resto de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Si nos preguntan con que nos identificamos en términos de territorio, los guadalajareños decimos que con Castilla y con ello aludimos a un ente imaginario y seguramente irreal del que tenemos vagas referencias históricas alimentadas por cierta concepción del pasado común con las provincias vecinas que nos rodean

Afirma el cronista local Juan Enrique Ablanque  “que Guadalajara es de pendón morado, comunero y en esencia comunal y republicana”. Y explica que si hubiera que buscar el nacimiento de un sentimiento nacionalista en Guadalajara, habría que retroceder mil años atrás, a la  reconquista de estos territorios por Alfonso VI (1089), a “La Wad-al-Hayara musulmana, capital de la Marca Media de Al-Andalus y el territorio que controlaba a lo largo del rio Henares no era otra cosa que un territorio fronterizo, un territorio de nadie y por tanto sumamente despoblado. (…) Sin duda la repoblación de estos territorios fue algo prioritario y ahí es cuando se forman los Comunes de Villa y Tierra sometidos al régimen de realengo y al disfrute de los bienes comunales: dehesas boyales, egidos y algo mas tarde, con Alfonso X, la fundación del Honrado Concejo de la Mesta y con ello la red de vías pecuarias, conocidas como Cañadas Reales, que articularían el Reyno de Castilla donde la provincia de Guadalajara pasó a ser parte importante.

Y prosigue el cronista oficial de Marchamalo. “Con Alfonso VII se dotó a esos Comunes de Villa y Tierra de fueros y organización comunal y democrática en la toma de decisiones de los Concejos “reunidos a campana tañida como lo han de uso y costumbre para tratar las cosas de Dios nuestro Señor. No hay que olvidar que las costumbres y tradiciones hunden sus raíces en la devoción de los Santos Protectores en unos tiempos de plagas, epidemias y pestes, sin olvidar las costumbres ancestrales como las botargas que recuerdan aquellos otros tiempos anteriores a la conquista del Imperio Romano. No solamente los usos comunales, los Concejos y las advocaciones hacían “Patria” también se trataba del mas firme baluarte contra las apetencias de señoríos de nobles y el clero, ávidos de territorios donde poder ejercer su poder recalcitrante como ocurrió en Andalucia a medida que fue avanzando la Reconquista (…)”.

Mas de un centenar de comentarios han publicado los guadalajareños en Facebook al ser preguntados por sus sentimientos castellanos, que no manchegos, pese a que nunca nadie ha intentado en convertirnos en lo que no somos y solo se trata de un mero guión ortográfico entre los dos territorios que articulan la región.

Desde luego me siento castellano y nada manchego. Guadalajara está unida a Madrid, Soria, Cuenca y también a Zaragoza y Teruel, pero desde luego no a Albacete, Ciudad Real o Toledo con los que no tenemos nadal que ver. Juan Antonio Corral Ochaíta.

A mi me da igual ser cabeza que cola, yo lo que quiero es calidad de vida y no tener que ir, por ejemplo, a Cuenca para un tratamiento oncológico. Para mí no se trata de identidades, se trata de calidad de vida. Amalia Cañas Quílez.

Creo que para ser manchego hay que sentirlo y yo no lo siento. Si me siento y me identifico con ser castellano porque eso es lo que somos: castellanos. César Fernández de Marcos. 

El comunicador Jesús Ramón Valero, también matiza que nunca se nos ha pedido ser manchegos: “No hay rivalidades identitarias con los manchegos pues tampoco discutimos su castellanía ni su patria chica, la comarca de La Mancha, pero si que somos absolutamente reacios a la denominación castellano manchego pues anula la identidad de nuestras comarcas supeditando la que abarca cuatro de las cinco provincias de la actual Castilla La Mancha (…)“. A juicio de este reconocido profesional de los medios de comunicación de Guadalajara, el recurso a la Historia y a cierto romanticismo idealista es una vez más el origen de nuestro sentimiento identitario común como provincia y a su vez diferenciador del resto de la comunidad: “Nuestro nacionalismo –explica Jesús Ramón Valero– es romántico, paciente y conformado. Por muchos palos que nos den no hacemos más que rezongar un poco y asumir. Castilla es Madre de España y a la vez su víctima y objeto de las venganzas de las periferias” . Y puntualiza que la identidad castellana de Guadalajara es más antigua que la propia provincia. Esto podría parecer una perogrullada dado que las provincias castellanas no existieron hasta el siglo XVIII, pero siempre hemos formado parte de la historia castellana como ciudades, señoríos y comunes de villa y tierra dentro de la Corona de Castilla. Nuestros territorios tuvieron una importancia tremenda y sus señores fueron muy influyentes durante siglos, Baste mencionar a los Mendoza o los Lara en Molina. Además comprendemos Castilla como una nación de comarcas, más incluso que de provincias. Nos sentimos antes alcarreños, molineses, campiñeses o serranos antes que guadalajareños pero siempre castellanos”.

Recurrir a la antigua idea de Castilla y sus dominios para reivindicar quienes somos hoy los guadalajareños y de donde descendemos nos une a lo que se manifiesta desde otros territorios nacionales que además hacen de sus diferencias y particularidades históricas, su razón de ser. Sin traslación política alguna, en Guadalajara preferimos el nacionalismo de salón y cierta idea romántica que no se acaba de plasmar en nada concreto en términos políticos pese a ese regusto amargo que nos hace creer que no estamos donde nos corresponde, administrativamente hablando, aunque no haya otro lugar donde acomodarnos. En su momento, intentos hubo. Explica el experto en movimientos sociales, Enrique Alejandre, que  “hace mas de cuarenta años, en 1978, cuando se estaba conformando el actual modelo autonómico, en una entrevista publicada en el diario El País (1-10-1978) al economista y entonces diputado del PCE, Ramón Tamames, éste habló de Madrid como “un conjunto que desborda los límites provinciales y que va desde Guadalajara a Toledo. Hay que actuar globalmente y buscar el equilibrio de ese continuo urbano” A este equilibrio Tamames lo llamó Guadmatol– obviamente, Guadalajara, Madrid y Toledo- y proponía que para que este área metropolitana tuviera “ un crecimiento racional” había que “potenciar las provincias de la meseta sur, casi despobladas a excepción de media docena de puntos urbanos”.

Bajo la denominación común de Castilla-La Mancha nuestra provincia pertenece a una entidad que nos realza y nos da presencia más allá de nuestras fronteras. En FITUR, por ejemplo, la Feria Internacional de Turismo donde Guadalajara estará presente de forma conjunta bajo una enseña común. La próxima semana en El Hexágono, más aportaciones de los lectores y de como juntos sumamos como región por encima de consideraciones individuales.

Un pensamiento en “Guadalajara sin mancha (II)

  1. Cualquiera que sepa un poco de Historia sabe que la provincia de Guadalajara siempre fue lo que hoy es gran parte de la sierra de Madrid, provincias reales de 1789, y los señoríos de los Mendoza como antecedentes. Y grandes relaciones históricas provinciales vecinales de Guadalajara con Madrid,Segovia,Soria y Cuenca.(Más Toledo y su Obispo con Tierras en Guadalajara, más bien nada con Teruel o Zaragoza).

    Creo que la autora falla gravemente en su visión historicista pero no en alguna parte de su contenido en la exposición del tema “manchego” – castellano.

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