Póntelo, pónselo

Por David Sierra

Fue a finales de los ochenta, en 1988 concretamente, cuando un anuncio sobre las prácticas de riesgo para contraer el SIDA alteró las conciencias conservadoras hasta el extremo. El spot, encargado por el Ministerio de Sanidad dentro de la campaña de prevención de esta enfermedad, y recogido bajo el lema ‘SiDa / NoDa no cambies tu vida por el SIDA’, se retransmitió por TVE y mostraba dos dibujos animados con formas redondeadas manteniendo relaciones sexuales, pinchándose con jeringuillas, besándose o bebiendo litronas, entre otras conductas susceptibles de favorecer el contagio de este virus y cómo se debía actuar para evitarlo.

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Un par de años después, otro anuncio de televisión dentro de la campaña “Póntelo, Pónselo” y dirigido a los jóvenes les recordaba la importancia de uso del preservativo como freno efectivo a la enfermedad. La escena recogía en el gimnasio de un colegio a un grupo de adolescentes a los que el director había reunido para, tras enseñarles un condón, preguntar de quien era. Ante las miradas cómplices de los chavales, uno de ellos se levantaba confesando que era suyo y acto seguido le fueron siguiendo el resto del grupo.

Sectores conservadores como la Iglesia y algunas asociaciones ultracatólicas de padres pusieron el grito en el cielo. En una entrevista a eldiario.es, la exministra de Asuntos Sociales de esa época, Matilde Fernández, recuerda que las críticas venían “de ese sector que defendía que de los adolescentes no tenían que encargarse los poderes públicos, sino las familias”. Y apunta que “su argumento era que el preservativo no es un medio eficaz, que lo único verdaderamente eficaz es la abstinencia. En realidad, lo que molestó, el problema, era el ‘pónselo’: plantear que la chica fuera activa, quien pusiese el preservativo” dice. “La situación social y política actual es gloria bendita comparada con aquella. Se arrancaron carteles de las vallas del metro, se rompieron cabinas, tildaron aquello de invitación a la promiscuidad” explica en este mismo medio Luis Felipe Moreno, en 1990 director de Producción Audiovisual en Contrapunto, la agencia que realizó el anuncio.

A lo largo de los años siguientes, la mayor parte de las Comunidades Autónomas desarrollaron una serie de recursos didácticos dirigidos a la acción escolar con programas específicos para la prevención del SIDA, que fueron ejecutados en las aulas. Amando Vega, en su trabajo ‘La escuela ante el SIDA y sus consecuencias’ enumera algunos de estos programas tal como el Pla Educatiu de Prevenció de la SIDA de la Generalitat Valenciana (1994), que estaba dirigido a los alumnos de 6º, 7º, 8º de EGB (Educación General Básica), ESO, Bachillerato, COU y FP. Los objetivos eran claros. Ejercer conductas preventivas que eliminen prácticas de riesgo y desarrollar actitudes de solidaridad hacia los afectados. El material contaba con fichas e incluso hojas de evaluación. Navarra, Galicia, La Rioja, Castilla y León, el Ayuntamiento de Barcelona o Andalucía, entre otros desarrollaron programas similares que se impartieron en las aulas.

A pesar de que los detractores de este tipo de iniciativas hicieron todo lo posible por frenarlas, llegando incluso a la Audiencia Nacional, Fernández explica que el contexto internacional, sin embargo, les amparaba. Se acababa de aprobar la Convención de los Derechos del Niño (1989), “y se estaba dejando de ver a los menores como objetos a proteger, pasaban a ser sujetos de derecho”. En la página web del Defensor del Pueblo, en el apartado de infancia, explica como a través de esta convención los niños dejan de ser “meros proyectos de futuro” para convertirse en “personas con plenos derechos, valiosas en sí mismas y en cada una de las etapas de su crecimiento y maduración” y “con derecho a participar en las decisiones que afectan a sus vidas. El niño pasa a ser un individuo con opiniones propias en consonancia con su capacidad y madurez”.

Han pasado más de 30 años. Y a pesar de los avances en derechos sociales y la mayor concienciación en favor de movimientos que fomentan la igualdad de género junto con el reconocimiento y constatación de problemas como la violencia a la mujer y la diversidad sexual, lo cierto es que aquellos sectores ultraconservadores apenas han evolucionado en sus postulados que, poco a poco, relucen a través de esa nueva marca política con la que pretenden imponer el retroceso ganando espacio en el arco parlamentario. Guadalajara, a través de su concejal, ha aportado su granito de arena con el llamado pin parental, una propuesta de herramienta administrativa, implantada ya en la región de Murcia, para que aquellos padres que así lo consideren puedan excluir a sus hijos de cualquier materia, charla, taller o actividad que esté relacionada con cuestiones de identidad y diversidad de género y feminismo.

La idea es impedir a los menores formarse sobre estos aspectos, que son claves para que más adelante definan su orientación sexual y respeten la del resto. Y lo más grave, interferir de manera directa en los programas y actividades curriculares previamente consensuados entre profesionales de la educación pública, AMPAS y responsables de las administraciones públicas. Al margen del impacto mediático y la controversia, quizá lo lamentable haya vuelto a ser – y no es ya novedad – la utilización de recursos y datos falsos para justificar esa argumentación y suscitar un debate que en el ámbito educativo público es inexistente.

El Gobierno central, como no podía ser de otro modo, ya ha actuado, instando al ejecutivo autonómico murciano a retirar el veto dado que vulnera el derecho de los alumnos a la educación en cuanto a su papel en el “desarrollo de la personalidad humana en el respeto de los principios democráticos” y ha anunciado que, de no ser así, acudirá a los tribunales. La polémica, por tanto, está servida.

Es necesario recuperar, sin falta, aquel anuncio de ‘Póntelo, pónselo’ de manera que las charlas, los talleres y las materias previstas para los escolares también se hagan extensibles a todos los padres y, en especial, a aquellos que aún no han entendido que la mejor manera de evitar que el virus de la intolerancia se propague es utilizando el condón de la formación.

 

Un pensamiento en “Póntelo, pónselo

  1. Creo que el autor del artículo no ha entendido nada.

    En su artículo solo habla de imposición y en base a “charlas y talleres” extraoficiales de obligada asistencia para él,charlas que no han pasado ningún “control oficial” desde el Estado para su calidad y de “materias” fuera del currículum que pueden estar,y muchas veces ya lo están,integradas en asignaturas curriculares.

    La elección de la “Libertad de enseñanza” (27 CE) constitucional para los hijos de sus padres puede ser vulnerada por muchas de esas “charlas y talleres” sin control de las que habla el autor.

    Qué menos que los padres deban de ser informad@s de esas “charlas y talleres” de toda índole para sus hij@s,de su contenido, tratamiento,impartidores, supervisión…,que se establezca un protocolo estatal de autorización,desarrollo y supervisión para esas charlas con los elementos y que los padres autoricen si desean que sus hij@s asistan o no conforme a la Constitución de tod@s y para tod@s.
    Es paradójico que se pidan autorizaciones paternas para proteger la imagen de los niños, excursiones, actividades físicas, ausencias,…Pero si alguien decide dar un “Taller sobre fabricación de bombas” ésta no tenga un protocolo de autorización,actuación y supervisión que la permita,o no,fuera del centro educativo y que los niñ@s estén subyugad@s por imposición a asistir en su realización,no es inconstitucional,no,es un claro delito penal y constitucional y lo que es peor delinque contra el “Ser” de nuestros niños y niñas.

    Muy equivocado el autor en su concepción básica.

    De otra parte decir que me parece un verdadero acto de censura el que un medio informativo como el vuestro utilice un filtro donde decidís si se publica o no las opiniones de los lectores, y que sí se publiquen al parecer si son del agrado de vuestros intereses partidistas, ideológicos,…Una sociedad para avanzar merece pluralidad divulgativa, cuando la información y opinión es sesgada la sociedad retrocede.

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