Vuelta al cole

Por David Sierra

Sucede cada día durante el curso escolar. Padres y madres acuciados por la hora de entrada al centro dejan sus vehículos medio tirados en cualquier parte después de dar varias vueltas al colegio. Sin miramientos ni reparos. Algunos utilizan la doble fila. Otros aprovechan una parte de la acera para subirse. También están los que bloquean las entradas de los garajes. “Es sólo un minuto” argumentan. Algunos aprovechan incluso la parada en un paso de cebra para proceder a la descarga. El propósito es sólo uno, aparcar en la misma puerta y todos intuyen que ese día tendrán esa suerte que nunca llega. El conductor del autobús urbano, que recorre cada día esa ruta que le obliga a pasar cerca de varios colegios, casi nunca hace parada. Sin embargo, ya prevé el atasco que le impedirá cumplir con los horarios establecidos. Ni siquiera utiliza el claxon. Está acostumbrado. En las horas de salida de los centros, más de lo mismo.

Preguntaba el diario El País en su edición digital si habría que peatonalizar los entornos escolares para proteger a los niños de la contaminación. La pregunta partía de una propuesta del Ayuntamiento de Barcelona para crear plazas peatonales delante de 200 colegios con el propósito de mejorar la calidad del aire en torno a estos centros, así como para reducir el ruido y los accidentes. La idea ha contado, entre otras dificultades, con la oposición de muchos de los padres debido a que llevan a sus hijos en coche. El periódico abría la posibilidad a los lectores de participar en un foro aportando sus respuestas a la pregunta planteada en el titular, seleccionando después algunas de las respuestas para su publicación.

Desde Valladolid, un lector proponía la creación de “espacios-colchón” para favorecer la calidad del entorno de los escolares. Desde Córdoba otra lectora planteaba la creación de zonas de “carga y descarga de niños”. En otros casos, veían conveniente la peatonalización de todas las calles que rodean los centros educativos y hay quien argumentaba incluso la necesidad de una mejor planificación y ordenación del territorio.

Los cambios en los modelos de vida han propiciado en la mayor parte de las ciudades modificaciones que han influido también en la propia identidad de los barrios y en los centros escolares de cada uno de ellos. Si hace unas décadas lo normal era que la población escolar de un centro estuviera compuesta por estudiantes del entorno, las cada vez mayores facilidades para la elección de los colegios ha originado que la premisa principal para elegirlo no sea tanto la distancia del hogar sino otras como el proyecto educativo, las instalaciones, el profesorado o la fama, entre otras.

entrada_colegio_Gijón

Entrada de un colegio en Gijón. / Fuente: http://www.elcomercio.es

Ante esta perspectiva, cada vez es menos habitual ver a los escolares, mochilas al hombro, acudiendo a los colegios a pie. También es menos frecuente verles acompañados por otros compañeros pues se da la circunstancia de que residen más lejos entre ellos. Y, por el contrario, la imagen cada vez más corriente es la de una vorágine de vehículos particulares colapsando las entradas y salidas de los centros en sus horas punta.

Hasta la fecha, los ayuntamientos – o al menos el de Guadalajara – se han dedicado a apaciguar las quejas constantes del vecindario que rodea estas instalaciones. Mirar hacia otro lado, enviando a las patrullas locales para regular la situación  y evitando sanciones a la ordenanza de tráfico ha sido la principal medida. Sin embargo, la idea planteada por el Consistorio barcelonés abre la puerta a que otros muchos tomen la iniciativa para llevar a cabo acciones que favorezcan el tránsito de los escolares por la ciudad, priorizando su seguridad y la sensibilización medioambiental.

Los futuros desarrollos urbanísticos deben dar solución a cuestiones como ésta de la misma manera que empieza a ser urgente una transformación en los sistemas de movilidad públicos y en especial el del transporte escolar; al menos hasta que el sistema educativo público evolucione de tal forma que las distancias dejen de ser elementos diferenciadores en el proceso de elección del colegio.

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