El e-commerce, un imparable tsunami

compras online

Por Sonsoles Fernández Day

Si no lo habían oído antes, el e-commerce no es otra cosa que el comercio electrónico. Vayan acostumbrándose a escuchar esta expresión, porque su desarrollo es imposible de controlar, está cambiando nuestros hábitos, nuestra economía y si sigue así, nuestras ciudades. Según Wikipedia, el e-commerce es: Un sistema de compra y venta de productos y servicios que utiliza internet como medio principal de intercambio. Para usted y para mí, comprar por internet o compras online, como prefieran.

Unos poquitos datos estadísticos para que se den cuenta de cómo está el asunto. El 71% de los españoles entre 16 y 65 años hacen compras por internet. 7 de cada 10 españoles son e-shoppers. Así es como se designa a aquellos que hacen compras electrónicas, alrededor de 20,3 millones. Afortunadamente, algo más de la mitad de estos e-shoppers no solo compran online, sino que lo combinan con las compras offline. Vamos a dejar los jerogíficos, la traducción es que aunque cada vez son más los consumidores que hacen compras por internet, muchos siguen comprando también en las tiendas físicas. Además, los más adultos, entre 45 y 65 años, todavía prefieren las tiendas tradicionales a la compra electrónica. Como ya he dicho, afortunadamente, ¡gracias a dios!, menos mal que están los clásicos y que dure mucho.

La Generación Z, aquellos que han nacido ya en la era digital, con edades entre los 16 y los 23 años e intensos usuarios de internet, aunque son los que menos gastan, básicamente porque no tienen nivel adquisitivo, son quienes suelen hacer las compras exclusivamente online. También acuden a los centros comerciales, pero lo hacen porque es el lugar donde pasean y emplean su ocio. Ellos son los futuros consumidores y los que decidirán lo que vaya a pasar con nuestra forma tradicional de compra.

La principal razón por la que siguen creciendo las ventas online es la diferencia de precios. Amazon o Aliexpress, las plataformas de comercio electrónico con más éxito, normalmente ofrecen precios más bajos, aunque haya que pagar gastos de envío. La segunda razón es la comodidad. ¿A quién no le gusta comprar sentado? Eliges el producto desde tu móvil o tu ordenador y en unos días lo tienes en casa. Y la tercera razón más importante es la inmensa variedad de productos. Podría decirse que todo está en la red. Es imposible saber el tiempo que nos llevaría a veces conseguir un artículo yendo de tienda en tienda, eso contando con que lo tuvieran en nuestra ciudad o en nuestro país, mientras que en cuestión de unos minutos podemos encontrarlo online en cualquier lugar del mundo.

Igual que los centros comerciales acabaron con la mayoría de los pequeños comercios del centro de las ciudades, ahora las ventas por internet están afectando gravemente a las grandes superficies. Se calcula que 1 de cada 4 centros comerciales activos en Estados Unidos cerrarán en los próximos 50 años. Algo parecido ocurrirá en Europa.

La semana pasada se hacía pública una noticia bomba, Marta Álvarez, presidenta de El Corte Inglés, y su consejero delegado, Víctor de Pozo, llevarán a cabo un plan de reestructuración de los grandes almacenes que supondrá la venta, el cierre o la transformación de 25 centros comerciales de su red de unos 100 centros. El objetivo es modificar el uso de los puntos de venta que dan pérdidas. Y, como ya la mayoría de ustedes saben, en esa lista negra se encuentra El Corte Inglés de Guadalajara.

Si El Corte Inglés desaparece y las tres plantas que ocupa en el centro comercial Ferial Plaza no son sustituidas por otro negocio, la lógica es que la crisis arrastrará al resto de las tiendas y acabará cerrando al completo. Nos parece imposible, pero ya ocurrió, aunque en menor escala, con el centro comercial Divervalles que, cuando cerró el supermercado Simply, el gimnasio, la oficina de Correos y las tres tiendas que había no pudieron mantener el centro abierto por sí solas. Tampoco nos hubiéramos imaginado nunca la calle Mayor castigada con locales cerrados y tiendas en liquidación o la calle Virgen del Amparo convertida en chinatown, pero así ha sucedido por las nuevas costumbres de los consumidores. Ya veremos qué pasa.

Los tiempos mandan. Vivimos deprisa. Queremos todo fácil y rápido. Hasta los supermercados nos dan la posibilidad de tener una lista guardada en la aplicación para que no haga falta ni pensar en los básicos que se necesitan para la semana. La cesta de la compra llena en cinco minutos y en casa en unas horas, sin tener que desplazarse, aparcar, marearse por los pasillos, esperar la cola en caja ni cargar con las bolsas.

Cada vez más gestionamos nuestra vida a través de una pantalla. Ya no se habla por teléfono, chateamos por whatsapp. Contamos cómo estamos en las historias de facebook y exponemos nuestra vida en los stories de instagram. Ya no se liga en bares o discotecas, se hace match en una aplicación. Si la cosa sigue así y los garitos sufren las mismas consecuencias que las tiendas, en unos años las citas tendrán que ser en el chino de la esquina, que será lo único que quede abierto 24 horas.

Como estoy en la franja de viejunos románticos de entre 45 y 65 años, sigo yendo de compras. Me gusta mirar escaparates, ir de rebajas con mis amigas, probarme ropa con mi hermana y encontrar gangas con mis hijas. Voy al super para escoger yo misma la fruta y la verdura, elegir la pieza de carne que prefiero y mirar la fecha de caducidad del pan de molde. Que no me cierren las tiendas. Soy más de calle, si entran en crisis las grandes superficies, a ver si hay suerte y resucitan los pequeños comercios. Y los bares que no me los toquen. Amén.

Un pensamiento en “El e-commerce, un imparable tsunami

  1. Un ejemplo de muchos: compras cualquier aparato electrónico en un pequeño comercio y ellos mismos te sueltan que tiene un año de garantía cuando la ley dice que deben ser dos. Si lo compras en Amazon, sí que tienes los dos años de garantía. La propia Amazon se encarga de obligar al vendedor a CUMPLIR la ley. Me temo que la supervivencia del pequeño comercio no pasa por llorar, hay que espabilar. Los tiempos cambian.

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