Historias del fútbol (infantil).

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Con mi equipo de Fútbol Sala tuvimos que salir corriendo a toda velocidad de una pista en un pueblo cercano porque no se nos ocurrió otra cosa que ganar en los últimos segundos al equipo de allí… Salió un montón de gente a por nosotros. Menos mal que pudimos meternos en los coches de nuestros padres y salir pitando. Pedro J. Ortega (Facebook)

 

Por Gloria Magro. 

El coordinador del equipo no daba crédito al mirar la ristra de mensajes en el whasup de padres. Una docena o más de respuestas airadas y malévolas se sucedían a su petición de apremio de pago de la cuota del semestre del club, visto que ya era enero y había que haber cerrado cuentas en diciembre. Para ser una colaboración poco menos que voluntaria, al padre que hacía de nexo entre el equipo de alevines y las familias de los niños se le estaba atragantando el café esa mañana mientras miraba el móvil. Historias del fútbol, infantil para más señas.

Las anécdotas del Fútbol Base Infantil se cuentan a puñados, casi tantas como clubes o escuelas hay. Las que llegan a los medios de comunicación son las que incluyen lenguaje inapropiado y conductas poco edificantes, generalmente por parte de los padres y fuera del terreno de juego, que aunque suelen concitar un rechazo generalizado, no por ello dejan de producirse. Cientos de niñ@s juegan cada fin de semana en los campos de fútbol de la provincia y muchos también lo hacen en categoría regional. Se trata de la actividad extraescolar más demandada durante la Educación Infantil y la que más pasiones despierta, hasta el punto de que existen cursos para que los padres gestionen su relación emocional con este deporte.

Mis hijos de siete años juegan al Fútbol Sala en el Multiusos. El año pasado, con 6 años, jugaron contra el equipo de un pueblo de los alrededores. El partido, por llamarlo algo, consistió en que se pasaron todo el rato dando patadas, codazos, agarrones, etc. Lo malo de aquello fueron los padres y el entrenador, animando a que siguieran con ese tipo de juego. Y ya la guinda era una madre de una edad ya apreciable, en la grada pegando voces como una desaforada, y poniéndose al nivel de cualquier hooligan. Repito, estamos hablando de niños de 6 años. Hace un par de domingos, este equipo jugaba a continuación del de mis hijos, y por curiosidad me quedé a verlo un rato. Lamentablemente, aquello seguía igual. De hecho uno de los padres del otro equipo increpó al entrenador por el juego sucio, y este le contestó literalmente: “esto no es un juego, esto es fútbol, y si no os gusta no vengáis. Alfredo Sanz.

Los expertos suelen aconsejar que los niños practiquen un deporte individual y uno colectivo. El fútbol es con diferencia la práctica deportiva infantil por equipos que más adeptos tiene, la más popular, por encima del balonmano o el baloncesto y cada Escuela pone en práctica una serie de valores que los pequeños jugadores incorporan a su bagaje personal en forma de enseñanzas para el futuro, haciendo realidad aquel eslogan de los años 80, “en la vida como en el deporte”. Pero ni todas las familias lo entienden igual, ni todas las escuelas deportivas asumen las mismas enseñanzas. Así, en algunos clubes de fútbol lo primordial es ganar el campeonato en su categoría y toda la práctica deportiva está encaminada a ese fin, mientras que en otros se priman otro tipo de valores en línea con potenciar la participación de todos los jugadores por igual sin que importe realmente la valía técnica individual. Se trata sin duda de dos visiones contrapuestas de un deporte que a este nivel no deja de ser una actividad extraescolar de pago, más un entretenimiento infantil que una actividad profesional en ciernes. Tampoco todos los padres lo entienden igual y en muchos casos las victorias o derrotas del pequeñ@ de la casa se viven cada sábado como si de un encuentro de Primera División se tratara.

Estuve entrenando a niños y jugando la liga local de Fútbol Sala. Fue apasionante, siempre les decía que lo importante era participar y hacer amigos. Algún padre me decía que era muy blando y que no les motivaba para ganar. Mi respuesta siempre era la misma: estamos aquí para divertirnos y es muy difícil que algún niño el día de mañana sea figura y nos permita quitarnos de trabajar. Hoy me ven esos niños y me dan las gracias por enseñarles a competir de manera deportiva y siempre sin tener ninguna polémica. Nunca entenderé las broncas de los padres y entrenadores habiendo niños de por medio. Eduardo Díaz.

La pedagoga y coach deportiva María Jesús Rubio González, señala que efectivamente el fútbol, como deporte colectivo lleva asociado multitud de beneficios y valores, así como compromisos: “Una actividad que se oferta desde clubes deportivos o desde actividades extraescolares, sea como sea, implica un compromiso, una responsabilidad y busca el desarrollo integral de los menores, así como un primer acercamiento al deporte y eso implica que las familias sean ejemplo y acompañen este proceso”. En este sentido, esta experta incide en la importancia las motivaciones del niñ@ para iniciarse en esta actividad extraescolar: “si es porque les gusta este deporte y quieren empezar a familiarizarse con el mismo, porque sus padres les obligan, porque era la actividad que más llamaba la atención del catálogo de actividades y vale cualquiera, por motivos de conciliación laboral y familiar… Ése es el punto de partida para entender situaciones que puede que se produzcan a lo largo del curso en relación a las familias”. Así, continúa la coach deportiva, “si se priorizan los intereses de los padres por encima de los niñ@ el proceso de enseñanza-aprendizaje no fluirá y no se aprovechará la actividad como se debería, ya que muchos de los comportamientos de las familias irán en contra de las propia de la actividad: decisiones del entrenad@r, implicación en entrenamientos, compromiso en partidos, filosofía de club o de proyecto”. En opinión de María Jesús Rubio, “eso determinará la evolución de la misma. No todas las actividades son para todos los niñ@s. Ttodo lo que se fuerza termina generando problemas y frustración y las familias han de ser ejemplo para todo”. 

No todas las familias son ejemplares. Uno de los múltiples ejemplos de situaciones vergonzantes y vergonzosas que suceden periódicamente saltaba estos días en un hilo de Twitter con miles de visitas (en la imagen).

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A la experiencia que contaba la tuitera respondían muchos padres relatando situaciones parecidas vividas con sus hijos en campos de fútbol de toda España y en todas las categorías infantiles. Tal vez lo que más destacaba en estas historias personales era la actitud de presión de muchos progenitores hacia sus hijos, esos pequeños Messi en potencia pese a que solo tengan siete, ocho o diez años.

En un barrio de una capital cualquiera yo puse la “c” a la asociación deportiva, la “c” era de cultural pero tendría que haber sido “e” de educación. Sobre todo mis dinámicas iban a los padres, unos verdaderos energúmenos, sin matizar. Había equipos que no querían venir a jugar del miedo. Me costó muchísimo pero logré que algún niño le dijese a los padres que no quería que fuesen a los partidos… con excusas, claro: no decían la verdad. Floro García. 

En otras ocasiones, visto el contexto y puestos sobre una balanza los pros y los contras, muchas familias desisten y prefieren dirigir a sus hijos hacia otros deportes donde no sea tan frecuente presenciar situaciones violentas o de competitividad extrema. Algunas veces son los propios niños los que toman la decisión.

“Mi hija dejó de jugar al fútbol por una experiencia similar. Allí se oía pártele la pierna al 7 y los niños tenían 7 u 8 años. Mi marido no podía ir nunca a ver los partidos y  ¡casualidad! acudió a ese. Le impactó tanto que ya no pudo ir a más y la niña por decisión propia al acabar la temporada lo dejó. Ayer mismo al pasar por los campos de Jerónimo de la Morena dijo,” mi deporte favorito”. Le recordé que lo dejó porque ella quiso y me contestó que sí, porque no le gustaba nada de lo que sucedía alrededor. Maribel Romera Pardo.

Voy a contar nuestro caso personal con el fútbol, una experiencia que vivimos de forma completamente distinta con nuestros dos hijos. El mayor empezó a jugar en el equipo de un centro escolar distinto al suyo, donde no había esa posibilidad. Se trataba de un club competitivo en extremo donde solo jugaban los que se esforzaban al máximo, no faltaban a los entrenamientos y en último extremo, los niños que estudiaban en el colegio antes que los venidos de fuera, pese a que todos pagábamos la misma cuota anual. Nuestro hijo valoraba y disfrutaba mucho la pertenencia a ese equipo aunque rara era la vez que jugaba partidos. Y cuando cuestionábamos en casa que su entrenador apenas le convocase y mucho menos le diera minutos de juego, el niño contestaba que el suyo era un equipo ganador y que ellos jugaban siempre para ganar así que era lógico que seleccionase a los mejores, siempre los mismos. En ese contexto de ganadores y perdedores que tenía tan interiorizado, la respuesta que le dábamos nosotros, sus padres, es que se trataba de una actividad extraescolar y que merecía jugar como los demás, ni más ni menos. Aún así, valorábamos la disciplina y el grado de compromiso que adquirían allí los niños. Con el tiempo y la entrada en Secundaria, nuestro hijo decidió dejar el fútbol y ahora practica atletismo. Su hermano, por el contrario, se decidió por la escuela de fútbol donde jugaban sus amigos del colegio, un club mucho menos ambicioso donde todos los niños salen al campo en cada encuentro y donde no hay que presentar poco menos que un certificado médico en caso de no acudir a un entrenamiento. Cierto es que no suelen ganar ningún campeonato, pero tampoco parece importarles.

Mañana domingo en El Hexágono, las apreciaciones y el punto de vista de la coach deportiva María Jesús Rubio.

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