Agricultura insostenible

Por David Sierra

Como suele suceder cuando el Partido Popular no gobierna, el sector agrario ha vuelto a sacar los tractores a las calles. Sus reivindicaciones no están muy alejadas de las de otras movilizaciones pasadas en cuanto a precios bajos, ausencia de rentabilidad en las explotaciones, incremento en los costes de producción, recortes en las ayudas procedentes de la Unión Europea, la imposición de aranceles en algunos mercados estratégicos, la subida del Salario Mínimo Interprofesional y las quejas ante las imposiciones de la gran distribución.

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Buena parte de sus denuncias tienen fundamento y ponen de relieve la necesidad de llevar a cabo una transformación integral del sector para adaptarse a las demandas de un entorno global cada vez más expuesto y cambiante, en la medida en que productos agrícolas y ganaderos han entrado de lleno en el comercio internacional por lo que deben acomodarse a su normativa y reglas de juego para ganar en competitividad.

Según el informe sobre la caracterización del sector agrario español sustentado con información de la Base de Datos de Explotaciones, en nuestro país hay más de un millón de explotaciones de las que más de 90 por ciento corresponden a un titular físico y tan sólo un 6 por ciento son empresas. Éstas últimas obtienen casi la mitad del valor de la producción total. De ese millón de explotaciones, apenas 80.000 productores obtienen más del 70 por ciento del valor de producción y casi 600.000 apenas llegan al 3 por ciento de ese valor.

A partir de esta radiografía, es importante determinar la existencia de un amplio número de productores cuya actividad económica apenas genera ningún valor y que son los principales perjudicados de esta situación en la que, además, se da la circunstancia de que cuanto menor es la dimensión económica de una explotación mayor es la media de edad de sus titulares.

Tanto agricultura como ganadería son sectores estratégicos no sólo en nuestro país sino en todo el territorio comunitario y por este motivo están protegidos. De este modo, en torno a la mitad de la renta de los agricultores en España tiene su origen en fondos comunitarios a través de la Política Agrícola Comunitaria (PAC). La ayuda contrarresta aquellas variables como el clima, que pueden afectar a la producción; y contribuye además a garantizar que los trabajadores del campo produzcan bajo unas normativas concretas en cuanto a tipologías, calidades y volúmenes.

A partir de aquí, el campo como otros muchos sectores de la economía padece problemáticas concretas. En un mundo de distribución y competencia global donde cada vez es más complicado sacar la cabeza, el proteccionismo nacional y europeo al sector agrario ha generado que éste haya llegado mal y tarde a los mercados internacionales. Los pequeños productores, carentes de conocimientos y herramientas para dotar de valor a sus producciones o para explorar nuevas oportunidades y mercados, continúan supeditados a las grandes distribuidoras y comercializadoras que, obviamente fijan sus precios y establecen sus márgenes. También asumen buena parte del riesgo, pues en la mayor parte de los casos recogen la mercancía a pie de fábrica.

Un ejemplo de cómo funciona la cosa lo podemos encontrar en la propia Guadalajara con un producto que genera pingües beneficios con apenas manipulación, el espárrago verde. A pesar de llevar varias décadas produciéndose, es ahora cuando por fin los productores han decidido unir fuerzas para generar iniciativas que puedan ayudar a generar valor añadido.

Sin embargo, las asociaciones agrarias siguen empeñadas en hacer ruido y se mantienen entroncadas en la pataleta constante a sabiendas de que cualquier tractorada, aunque sea con nocturnidad, alevosía y con apenas cinco alborotadores tras una pancarta, siempre será bien emitida cuando desde La Sexta lo preparan.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea y la reestructuración del esquema de aportaciones y ayudas al ámbito comunitario por parte de todos los países o la amenaza arancelaria estadounidense a los productos europeos son estadios coyunturales que podrían ser sorteados con alivio si el sector agrario hubiera llevado a cabo el proceso de reconversión y modernización exigible. Pero la imagen del campo es otra.

Mientras desde el propio sector agrario se sigue viendo la vinculación de la agricultura con,  por ejemplo, la ecología y el medio ambiente como un impedimento más, lo cierto es que la demanda de alimentos crece de manera estable en torno al 3% anual, lo que implica que se haya convertido en un ámbito cada vez más atractivo para los inversores. Y eso debería ser una gran oportunidad para los propios agricultores que tienen mayor facilidades para llevar a cabo sus ideas de negocio.

Más pronto que tarde la agricultura tradicional, tal como la conocemos, está avocada a desaparecer para dar paso a un sector más tecnificado que permitirá aumentar la producción optimizando los recursos. También los humanos. El campo se muere para quienes tratan de subsistir con él. Pero puede convertirse en una interesante fuente de ingresos para quienes apuesten con fuerza por su aprovechamiento. La agricultura está llamada a ser una actividad donde del Salario Mínimo apenas tengan notoriedad.

Por ahora, entre las múltiples propuestas incoherentes planteadas por las asociaciones agrarias, la única trascendente ha sido la expuesta por la Unión de Agricultores y Ganaderos en la que aboga por la definición de la figura de “agricultor genuino” para identificar aquellos que perciben más del 25% de sus rentas de la actividad agraria con el fin de evitar que las ayudas de la PAC caigan en manos de no profesionales del sector.

Pero las movilizaciones interesadas han generado que el Ejecutivo se haya mostrado sensible a los llantos del sector, estableciendo una serie de modificaciones a la Ley de la Cadena Alimentaria con medidas que vienen a regular o prohibir situaciones poco frecuentes y que no son la nota dominante, como es la venta a pérdidas. Sin embargo, esta legislación pueden dar pie a la picaresca en cuanto a la inclusión de los costes de producción en los contratos a la hora de definir los precios.

Los distintos colectivos agrarios ya han anunciado que el paquete de medidas aprobado por el Gobierno es insuficiente y han pedido que acometa más reformas en la línea de solicitar más ayudas económicas. Su apuesta, un campo cada vez más subvencionado compuesto por agricultores tornados en malos empresarios. Amparados bajo el paraguas que, a día de hoy, ofrece el reto demográfico.

Un pensamiento en “Agricultura insostenible

  1. Muy paradójica la crítica al campo del articulista si la exponemos en contraposición a otros de sus artículos.
    Critica sobremanera a los agricultores como “malos empresarios” que además solo poseen una única expectativa, la del “vivir de las subvenciones y aumentarlas”.

    Sin embargo es paradójico que se le olvide y apoye a que en España, la de 47 millones de habitantes, con solo 16’5 millones de trabajadores, existen 3’5 millones de funcionarios de carrera, a los que se sumarían el doble como eventuales, interinos,laborales,…Y a los que sumar políticos,subvencionados como Fundaciones,ONG’s,medios de comunicación,periodistas,adláteres,…

    Es decir, 10 MILLONES DE TRABAJADORES REALES ALIMENTAN A 37 MILLONES DE ESPAÑOLES
    y va el autor y pone a caer de un burro a los agricultores, sin mirarse el ombligo y sin pudor alguno👏👏👏

    Se llama ESPAÑA QUEBRADA EN BANCARROTA donde 1/4 parte de españoles trabaja a ESCLAVITUD para esos 3/4…

    Hasta cantar el Bingo del NON PLUS ULTRA ESPAÑOL

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