Félix Rodríguez de la Fuente y sus lobos de Pelegrina

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Félix Rodríguez de la Fuente en una fotografía de archivo.

Por Miguel Pou (*)

Félix descubrió el hermoso cañón de Pelegrina persiguiendo un halcón para recapturarlo. Los halcones se le escapaban a veces y debía correr horas. Era un fantástico corredor. En aquel año de 1969 soñaba con tener un programa propio de filmaciones y lo logró 5 años después, gracias al descubrimiento de aquel valle y roquedos, desde que llevó animales de nuestra fauna para rodar la Serie ibérica, que daría la vuelta al mundo y que aún se emite por ser aceptada como un clásico imperecedero lo mismo que las obras de Mozart o Beethoven.

En el final del barranco tomó Félix alquiladas dos hectáreas para rodar escenas de la vida de numerosas especies animales entre las que destacaron sus lobos, linces, ginetas, siete zorros y especialmente una llamada Betty, turones, las tejonas Niska y Zara, águilas reales e imperiales, halcones, azores, buitres leonados y un buitre negro, pájaros carpinteros, un mirlo acuático, escorpiones, topillos, víboras, culebras, ciervos, muflones, varios cormoranes moñudos, alcaudones, un cuervo y muchos otros representantes de la fauna que protagonizaron estupendas y abundantes anécdotas que he contado al detalle en mis libros.

Pelegrina era un entorno ideal paisajística, geográfica y orográficamente hablando. Por sus acantilados y laderones, los animales era difícil que escaparan; está a menos de 100 kilómetros de Madrid y los telones de fondo son naturales y soberbios. Encima tiene un castillo, cosa que por ser medieval le entusiasmaba. Su alegría se vio reforzada por el hecho de que era un paraje desconocido y por tanto libre de ruidos y de curiosos. Allí filmaron como el 70% de la Serie Ibérica dividida en 4 partes, durante cinco años, de 1974 a 1979.

No es verdad que todo El Hombre y la Tierra se filmó con animales cautivos -como le criticaron- pues grabaron por toda España. Tampoco es cierto que aquellas estrellas naturales estuvieran domesticadas ya que no perdieron sus instintos ancestrales y una prueba de ello es que, una vez filmadas, Félix liberaba en su medio a algunas especies. Éstas se volvieron a asilvestrar.

Tal vez uno de los episodios más interesantes fue la cría, tenencia y filmación de lobos que describo con detalle en mi libro “El lobo: la más bella historia de amor de Félix Rodríguez de la Fuente”, recientemente aparecido y fruto de 10 años de investigaciones, en que nuestro Naturalista, entusiasmado con los progresos de su defensa del “gran proscrito”, quiso darle un nuevo giro y a la vez un reforzado impulso a la salvaguarda de la especie (de no ser por Félix los lobos se habrían extinguido). Para defenderlos mejor contra la opinión de España decidió filmar lobos suyos hambreados, y a la vez estudiar su conducta. Algunos lobos venían de la Casa de Campo donde llevaba años estudiando su conducta, pero el momento álgido de conocer a estos canes en estado semisalvaje fue cuando les dejó cerca distintos animales-presa, lo que logró unas peripecias publicadas en el aludido libro, del cual mostraré otro tema, en concreto el extracto de una parte: un subcapítulo de la página 170 titulado “Un experimento con luna llena”, que dice:

“Un día Félix llamó a su gran amigo y colaborador Carlos Llandres y, con él y otros, se fue desde Madrid a Pelegrina (…). Deseaba comprobar las actitudes que pueden asimismo albergar un significado concreto para los distintos miembros del clan.

-`Vente con esta luna llena -dijo a Carlos-, que haremos un experimento. Las manifestaciones acústicas cumplen un importante papel territorial y de cohesión de grupo’.

“Había que entrar de noche y con walkie-talkies en el gran espacio de los lobos, donde se veía muy poco, a hurtadillas y con el máximo silencio. Y es que Félix había percibido que las orejas, los labios y la cola eran las partes del cuerpo de los lobos -también en lobos semisalvajes- que cambian de posición más a menudo. Por eso se puso fuera del extenso cerco y aulló. Algunos lobos respondieron. `Félix entró y aullo -recuerda Carlos- y calló. Los lobos dejaron de contestar, y entonces nos dijo por walkie talkie: `iros al coche’ (…). Estuvo aullando un buen rato, y los lobos se le acercaron’.

“El experimento debió hacerlo varias veces y los lobos contestaban desde diversas distancias, fuera del cercado y luego dentro. Pero en realidad le respondían antes ya que le habían detectado por el olor a muchísima distancia, y además habían oído llegar su coche a kilómetros”.

En la Obra sigo contando cosas de lobos en Pelegrina y conocemos lo que El amigo de los animales descubrió con asombro y complacencia, y hay más capítulos y subcapítulos llenos de anécdotas y de sucesos en Pelegrina, como la vez que el famoso escritor Miguel Delibes se quedó de piedra ante un lobo sin poder moverse y sintió que por poco no lo cuenta. Se libró por los pelos.

Definitivamente, la Hoz de Pelegrina se había convertido en un laboratorio de estudio de la vida y de la conducta de las especies y en un plató natural ajetreado, con naturalistas que criaban lobeznos con biberones y se despertaban de noche cada 3 horas, cámaras que filmaban animales propios de allí como los buitres, alimoches, chovas, cuervos, desmanes de los Pirineos o el águila real -las especies eran en los años 70 mucho más abundantes y diversas-. Incluso hubo niños que iban a visitar los lobos desde Sigüenza en plan serie Verano azul, y en definitiva Félix y sus colaboradores hicieron real un sueño que hoy recordamos con igual anhelo que profundo agradecimiento y que sigue nutriéndonos y llenándonos de amor y vida.

Actualmente la Hoz es una reserva natural, pero este tipo de figuras de protección no garantizan lo mas mínimo el aumento de especies y su regreso a la maravilla que fueron en la época de Félix, que es lo que Guadalajara y España necesitan con Absoluta Urgencia y con Total Determinación. Más bien la reserva atrae a gente de ciudad.

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Foto: Enrique Roel

 (*) Miguel Pou es Técnico en Empresas y Actividades Turísticas y el biógrafo más antiguo y prolongado de Félix Rodríguez de la Fuente, y el más prolífico, con cuatro libros sobre él. Siguió sus pasos, creó dos Reservas Naturales y es varios premios científicos como el WWF-España y el Príncipe de Asturias. Preside la Federación de Asociaciones de Félix Rodríguez de la Fuente, con la página en Facebook: http://facebook.com/FelixRdlF. Le han publicado los libros “Félix Rodríguez de la Fuente: el hombre y su obra” (Planeta), “Félix el amigo de los animales” (Equipo Sirius), “La Conciencia Planetaria de Félix Rodríguez de la Fuente”, y “La maravillosa infancia de Félix Rodríguez de la Fuente” que son imprescindibles para disfrutar y conocer a Félix. El último, recientemente aparecido es “El lobo: la más bella historia de amor de Félix Rodrígiuez de la Fuente”. Las obras las puedes conseguir pidiéndoselas a: proyectofelix@yahoo.com

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