De puertas para adentro

home sweet home 2

Por Sonsoles Fernández Day

Llevamos veinte días metidos en casa, unos más confinados que otros, dependiendo de los metros cuadrados habitables, la situación laboral de cada uno o el papel que se haya asumido dentro del grupo de combate en el hogar. Han pasado veinte días desde el 14 de marzo, fecha en que el gobierno decretó el estado de alarma y comenzó oficialmente la cuarentena. El 13 de marzo los chavales ya no fueron al colegio ni al instituto, pero casi mejor que no quede en los registros que todo empezó un viernes 13, no vaya a ser que se vengan arriba los estudiosos especializados en teorías de Cábalas, Templarios o predicciones de los Mayas, y terminen de hundirnos a base de profecías apocalípticas, que bastante tenemos con ver cada día los informativos.

Estar metido en casa por obligación y sin saber hasta cuándo lo lleva cada uno como quiere, o tal vez debería decir, como puede, porque no siempre somos dueños absolutos de todas las horas del día, a no ser alguien que viva solo, y, en este caso, también se cansan, créanme. Es normal que los que se pasan el día bregando con el teletrabajo y los niños exigiendo atención, estén medio desquiciados y añoren la libertad que les daban las horas de guardería y colegio. Por otro lado, muchos solateras que pueden organizarse el día a su antojo, a estas alturas hasta le habrán cogido manía al sofá y al televisor, porque no es lo mismo la soledad elegida que la impuesta. ¿Dónde está la respuesta para encontrar el equilibrio? ¿Cómo vencer el estrés, la frustración o el aburrimiento? Yo les diría que, con una cerveza bien fría o una copa de vino, pero, aunque ayuda, no es la respuesta correcta. Tampoco dos cervezas y media botella de vino, lo siento.

Los psicólogos aconsejan, primero, asumir la realidad, aceptar que esto es lo que nos ha tocado vivir y hacer lo correcto, es decir, quedarse en casa. Lo hemos hecho, qué remedio, y lo cumplimos. Y, en segundo lugar, planificarnos esa vida en casa. Dicen que cuanto más organizados estemos, mejor para todos. En las tres semanas que llevamos de confinamiento hemos tenido tiempo, casi todos mediante el ensayo y error, para establecer unas nuevas rutinas que nos hagan llevadera, y para algunos, incluso placentera, la vida entre cuatro paredes. No quiere decir que a partir de ahora sea un camino de rosas, pero ya nos vamos adaptando. Pasos uno y dos, checked.

En tercer lugar, nos recomiendan evitar la sobreinformación. Muchos de nosotros estamos enfermos de ‘querer saber’ y no nos damos cuenta del daño que nos hace. Probablemente por eso dormimos tan mal. Cansancio, hartazgo, desesperación, indignación, depresión, ansiedad… y lo peor es que cuanto más oímos o leemos, mayor es la sensación de que nos están engañando por todas partes. Hay que buscar vías de escape. Por supuesto, con libros, música, series o películas. Hay tiempo para todo. Mis hijas me han enganchado al universo de las películas de MARVEL. Historias de fantasía, de héroes y guardianes de la galaxia, escritas con humor y final feliz. Mucho mejor soñar con Thor, ¡dónde va a parar!

El cuarto consejo de los expertos lo cumplimos virtualmente a rajatabla: mantener los contactos. Vivimos en la era de la tecnología. Chats y videollamadas individuales y de grupo nos mantienen unidos al resto de la familia y a todos nuestros amigos y conocidos. No me puedo imaginar lo que hubiera sido esto en tiempos del teléfono fijo. Eso sí que habría requerido una precisa e indispensable planificación. Y hasta un candado, muchos sabrán a lo que me refiero. Sin embargo, nada dicen los psicólogos de la ausencia de calor que hay en esta comunicación virtual. Se supone que hemos aprobado el punto uno y hemos asumido la realidad, pero todos nos quejamos de la falta de abrazos y besos reales. Quién sabe cuánto tiempo tiene que pasar para que vayamos por ahí regalando abrazos, con lo bien que nos vendrían ahora.

El siguiente consejo, aprovechar para hacer lo que nunca tenemos tiempo de hacer. Esto también lo estamos cumpliendo y de muchas maneras. Repasar un idioma olvidado, leer sin prisa, escuchar música y descubrir grupos desconocidos, intentar reproducir esas rosquillas que recuerdan a una madre o conseguir el carrot cake perfecto, ordenar la casa al más puro estilo Marie Kondo, alargar cada comida de la semana como si fuera sábado, recuperar y disfrutar de los hijos que ya no vivían en casa y han vuelto, o sí vivían, pero veíamos poco, y, ¿por qué no? dedicarse tiempo a uno mismo, meditar y relajarse. Aprovéchenlo, y si hay algo que querrían hacer y no pueden, no se enfaden, recuerden otra vez que hemos aprobado el punto uno.

Otra recomendación es hacer deporte. En YouTube podemos encontrar lo que nos apetezca hacer incluso en los espacios más reducidos. Los gimnasios están mandando planes de entreno a sus socios y en Instagram hay sesiones en directo constantemente, dirigidas por alguien desde el salón de su casa. No se lo piensen, es divertido y las endorfinas del ejercicio les harán sentirse bien, además de quemar los excesos con la nutella. Seguidamente nos aconsejan no descuidar la salud y la higiene personal, es decir, llevar una dieta equilibrada, (ahora siento haber nombrado la nutella), dormir el número de horas adecuado, la importancia de exponerse a la luz natural, aunque sea por la ventana, al menos veinte minutos al día, y asearse. La ducha diaria que no falte, no olviden que en casos extremos, hasta los vídeos ‘huelen’.

Un consejo más sería no ponerse fechas, sobre todo para que no se nos haga muy duro si nos hacemos a la idea de un plazo y después no se cumple. No creo que a estas alturas nadie se atreva a pensar que vamos a salir de esta en pocos días. Ni de esta ni de fiesta. Sin caer en teorías conspiradoras ni apocalípticas, piensen que el encierro va para largo, y si luego se acorta, nos llevaremos una alegría.

En algunos casos, hay que prestar atención a los demás. Esto se refiere a saber percibir una situación preocupante y, por otro lado, a controlar nuestras propias actitudes y emociones. La convivencia puede llegar a ser difícil. Y, por último, si es necesario, hay que pedir ayuda profesional. Existen teléfonos de asistencia gratuita para cualquiera que lo esté pasando mal.

Estas recomendaciones y mucha más información se encuentran en el artículo El impacto psicológico de la cuarentena y cómo reducirla, publicado en una revista médica británica que se llama ‘The Lancet’. Tampoco tengo cámaras espía en casa de mis amigos. Lo que escribo me lo han contado ellos mismos. Cómo cada uno afronta, sufre o disfruta esta nueva situación. Es sorprendente la capacidad de adaptación a las circunstancias del ser humano.

Sin embargo, hay algo que dijo un amigo mío que no sale en ese informe tan completo y tan británico. ‘Hace quince días que no toco a nadie’, contaba mi amigo refiriéndose a su familia ya que él trabaja fuera de casa. Mis hijas y yo tampoco nos tocamos, porque me bajé de un avión a mediados de mes y porque soy yo la que sale a la compra. Y ya son veinte días. Está ocurriendo en prácticamente todas las familias. ¿Qué pasa con la distancia en casa? ¿Cómo y cuándo vamos a superar eso? Al final me he puesto más seria, será que el tema lo es, que me puede la preocupación y que me faltan abrazos. Y no nos podremos tocar hasta que no sepamos quién es inmune. Y no vamos a saber quién es inmune porque no hay test para todos.

Igual que cada día de la semana se parece mucho al anterior, cada pensamiento que desarrollamos nos lleva a tener que empezar en el punto uno, aceptar la situación. Nos lo está poniendo difícil el puñetero bicho.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .