La procesión va por dentro

Fiesta Balcon

Una familia celebrando #UnaFiestaEnTuBalcon. // Foto: TVE CLM

Por Álvaro Nuño.

Viernes Santo. Para los creyentes que se quedan en Guadalajara y viven con fervor la pasión y muerte de Jesucristo, quizás el día más importante de toda la semana porque prácticamente todas las cofradías de la ciudad, en unas circunstancias normales, saldrían con sus capuchinos y sus bandas de música a la calle a procesionar con sus respectivos pasos.

Comenzaría por la mañana desde su sede de San Ginés el Santísimo Cristo del Amor y de la Paz con ese gran crucifijo sobre un montículo de claveles rojos bajo los cuales cargan sus costaleros. Al ritmo de su marcial banda de cornetas y tambores llegarían a la puerta de San Nicolás, donde se realiza el encuentro con la Virgen de La Soledad. Ambos enfrentan sus pasos y los bailan al unísono y el espectáculo es de los que merece la pena ver, amén del sentimiento cristiano que entraña.

Es esta cofradía la que inició la Semana Santa que actualmente conocemos con sus costaleros y toda la parafernalia que trasladó desde su Córdoba de origen un sacerdote de  la Obra de La Iglesia, cuando llegó a la parroquia a mediados de los años ochenta y convenció a los jóvenes del hogar parroquial a meterse debajo del Cristo cargando el paso con el costal al estilo andaluz. En un principio, esto no fue bien acogido del todo por el resto de las cofradías, que practicaban una Semana Santa mucho más recia y austera, más castellana. No sacaban sus pasos a hombros, ni con costaleros ni con cargadores, sino que las imágenes iban sobre ruedas. Tampoco había tantas paradas ni tanta música -por supuesto, ni se cantaban saetas, ni el público presente aplaudía- en la principal procesión de esa Semana Santa, la del Silencio y Santo Entierro, de los Viernes Santos. Pero claro, los del Cristo del Amor y de la Paz lo cambiaron todo. Su paso iba mucho más despacio que los demás, tenían que descansar y hacían mucho más lenta la procesión. Además, el tradicional «silencio» sepulcral de la procesión -como su propio nombre indica- se rompía con su acompañamiento musical.

El asunto se zanjó con la salida de los de San Ginés de la procesión general, y celebrando su propia procesión por la mañana del mismo día, lo que tampoco terminó de gustar al resto de cofradías, que veían con cierto recelo, un tanto de afán de protagonismo.

Pero lo que comenzó como una desavenencia interna en la Junta de Cofradías entre los defensores de mantener el estilo castellano o importar la espectacularidad de otras ciudades como Sevilla, Málaga o Valladolid, la zanjó el público, que acudía fiel y en masa a ver al Cristo de San Ginés mientras que el resto de las imágenes pasaban sin pena ni gloria. O sea que, por extensión, al final todas las cofradías decidieron cargar sus pasos y hacerlos más espectaculares, celebrar sus propias procesiones alrededor de sus parroquias, incluso, celebrar salidas o encuentros en los que la devoción se demuestra con espectacularidad. Así, si en San Ginés, los costaleros sacaban a su paso de rodillas, en Santiago, los jóvenes de la Cofradía de la Pasión del Señor acabaron haciendo lo propio en la procesión de Jueves Santo, salvando el desnivel entre la iglesia y la calle en una especie de «pique» entre cargadores y costaleros de las diferentes parroquias.

Este año, la procesión va por dentro. En la antigüedad, esto se decía cuando por las inclemencias meteorológicas, el desfile no se podía realizar a cielo abierto y entonces se procesionaba dentro de los templos o de los claustros de los conventos. Ahora con ello tratamos de expresar aquel sentimiento que se profesa de manera interior por parte de cada uno, sin dar más cuartos al pregonero.

Quizás en esta situación de confinamiento y en plena Semana Santa, este dicho adquiera su sentido más que nunca. Serán muchas las personas que estén sufriendo estos días en silencio, por supuesto las familias de todos aquellos que han fallecido y no han podido siquiera acompañar a sus difuntos, pero también muchos que sufren en diferente grado este encierro obligado, que sienten la tragedia colectiva que el país y el planeta estamos pasando, o los miles a los que les atenaza la incertidumbre que se cierne sobre el futuro cercano. Todos aquellos que nos preguntamos cómo vamos a salir de esta, si cuando vayamos a quitar el botón de pausa, la música volverá a sonar a su ritmo y volumen anterior o si nada volverá a ser como antes, si la vida volverá a las calles, si los cierres de nuestros comercios volverán a abrir, si todos los trabajadores afectados por los ERTEs volverán a sus puestos o se quedarán en este desesperante limbo. Pocos o mejor dicho, nadie lo sabe a estas alturas.

Y dentro de este oscuro panorama, siempre hay quien intenta mantener algo de color. Por ejemplo, la Concejalía de Infancia del Ayuntamiento de Guadalajara, que lleva celebrando desde el pasado sábado y hasta el viernes 17 el programa «Una fiesta en tu balcón» dirigida a los niños de la ciudad y que trata de alegrarles un poco el encierro en sus casas animándoles con música callejera cada día en un barrio de la ciudad de seis a ocho de la tarde. Incluso se puede mandar un correo cuando un pequeño cumple años y desde un vehículo con megafonía se le felicita por su nombre pasando por su calle. El Ayuntamiento anima a los pequeños a salir a balcones, terrazas y ventanas el día que toque su barrio disfrazándose, cantando o disfrutando a su manera.

La iniciativa parece inocente e incluso acertada porque es evidente que los más pequeños de la casa necesitan desfogarse después de tres semanas metidos en casa, sin cole, ni columpios ni fiesta de cumpleaños en el peor de los casos. Pero hay muchos que se han preguntado si era conveniente esta «fiesta» dentro de la gravedad de la situación general, en un municipio que, a la vez, mantiene el luto oficial por sus vecinos fallecidos. Uno de los más críticos ha sido el ex-alcalde, Antonio Román, quien lo ha tachado en sus redes sociales como «lamentable y de falta de sensibilidad absoluta (../..) hacia los centenares de fallecidos en la ciudad por #COVID19″. Para el ahora senador del Partido Popular, «No es tiempo de fiesta cuando Guadalajara llora a sus muertos». Evidentemente, su crítica ha suscitado una catarata de comentarios a favor y en contra, algunos de ellos cargados de una crítica descarnada hacia la concejala Sara Simón a quien se le presupone autora de la idea. Ya sabemos que los comentarios de las redes sociales son el lugar ideal para que a uno se le caliente la tecla y acabe llamando perro judío a cualquiera, arrogándose la posesión absoluta de la moralidad. Y claro, aquí se mezcla el asunto con bandos políticos en los que si te indican el camino, es fácil apoyar a los propios y criticar a los de enfrente.

«Los niños y las niñas de Guadalajara no entienden de muertos ni deben entender de eso. Deben ser felices. Llevamos tres semanas de confinamiento y ya sabemos que nos quedan mínimo otras tres ¿de verdad es tan malo intentar que los niños y las niñas puedan pasar un rato agradable asomados al balcón?», contesta la concejala socialista. Evidentemente, y como ocurre en todos los ámbitos de la vida, la fiesta va por barrios. Y si sacamos de su contexto esta medida o la vemos desde los balcones virtuales de personas que estén gravemente afectadas por esta pandemia, enfermos, familiares de fallecidos e incluso simplemente familias sin niños en casa, efectivamente, podemos entender como Román, que la medida no es apropiada en este momento. Pero, sin embargo, si tenemos niños pequeños en casa subiéndose por las paredes por este casi mes de encierro y nos pasamos el día intentando hacerles más agradables estos días, jugando con ellos, proponiéndoles actividades, diciéndoles que pinten arco iris y que los cuelguen en las ventanas, sin duda veremos con buenos ojos e incluso acertada esta pequeño oasis en el desierto del confinamiento hogareño.

También en sus redes, el Ayuntamiento dice que ha recibido «cientos de mensajes de familias -la verdad es que en las redes no se prodigan los testimonios de fotos y vídeos que el Consistorio animaba a colgar con la etiqueta #UnaFiestaEnTuBalcon– que han disfrutado ya del paso de esta actividad para niños y niñas por su barrio. Sacarles una sonrisa en este duro confinamiento para ellos, que ya dura más de tres semanas, es la mejor recompensa». Y para los pequeños que ha coincidido además con su cumpleaños, me consta que ha sido una verdadera fiesta, casi la única fuera de las cuatro paredes de su casa.

 

 

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