Más que un número: Julio Nuño Corral

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Julio Nuño Corral junto a su esposa, Paqui Martínez, // Foto: familia Nuño Martínez

Por Julio Nuño Martínez (*)

Julio tenía una alegría especial, y la característica propia de los currantes de su generación, ser un luchador nato. Esa fuerza la ha mantenido siempre pues ha peleado como un jabato con la enfermedad hasta el final, como peleó tantas jornadas infinitas llegando a casa estando ya sus hijos acostados. Sufrió cuando el zarpazo del paro le dejó sin trabajo, pero no descansó haciendo lo que hiciera falta por sacar adelante a la familia, junto con su mujer. Los dos han hecho un tándem antológico, un trabajo en equipo con un objetivo claro: extraer de una vida sencilla toda la esencia y transmitirlo a su familia.

Nos queda el descanso de haber sido formados con su ejemplo. Amante de su querido fútbol, de su Deportivo del alma, dejó de ser socio cuando sintió que lo manchaban, pero no dejó de seguirlo. Amante de su querida Guadalajara, de sus muchos amigos. Ha transmitido bondad en su paso por este mundo. Y lo aprendió de su familia de origen, sus padres, sus hermanos. Conocieron años duros para crecer pero les forjó, y sacaron un aprendizaje: juntos se va más lejos.

Y así vivió, no destacó por nada, pero a nada que dijera o hiciera dejaba su impronta. Ha sabido ser uno más en su sociedad haciendo lo que correspondía, pero para nosotros, su familia al completo, más que uno ha sido “único”. Se volcó con sus nietos, ha sido un abuelo digno de cuento, bueno un “yayo”, como le ha llamado su “nietada” si se permite la expresión. Los ha querido como ha sabido hacerlo él, y ha paseado con orgullo por Guadalajara el carrito con la nieta o nieto correspondiente como quien lleva un trono, y damos fe por comentarios que nos llegaban, “da gusto verlos” nos decían. Cedió todo por su “nietada”: posición en la mesa del comedor, tiempo robado a sus gustos, principios inculcados de épocas pasadas por otros que hacen época, en fin, puro Amor.

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Julio Nuño junto a su mujer y sus nueve nietos en 2019. // Foto: familia Nuño Martínez

Ha sido como muchos que han forjado nuestros días un hombre de su tiempo que ha sabido adaptarse a los tiempos. Ha pasado 15 días en el hospital sin su familia por razones de todos conocidas, no emitió una sola queja, solo nos reclamaba, para que fuéramos a su lado. Si conseguimos la mitad de su dignidad y de su fuerza, su familia nos sentiremos sobradamente satisfechos. Ahora descansa junto al Padre, y nos mira con su alegría y amor, con tantos a su alrededor, porque ahora nos toca a nosotros.

Descansa en Paz.

(*) Julio Nuño Martínez es hijo de Julio Nuño Corral (Guadalajara, 22 de mayo de 1936), fallecido en el Hospital Universitario de Guadalajara el sábado, 11 de abril de 2020, a los 83 años de edad, contagiado por el Covid-19. 


 

Este es le primer obituario o artículo de recuerdo de la serie “Más que un número. En memoria de las víctimas del Covid-19”, con el que tratamos de compartir los recuerdos de todas aquellas personas que se marcharon víctimas de la pandemia del coronavirus en Guadalajara y que ni siquiera sus familiares, amigos y conocidos pudieron despedirse de ellos. Trata por tanto de ser un espacio de memoria colectiva, que sean más que un número en las cifras oficiales.

Si conocías a alguna de las personas que lamentablemente han fallecido víctimas de esta pandemia en Guadalajara, compartimos aquí su recuerdo, en principio, todos los martes y viernes. Puedes hacernos llegar textos con enlaces y fotos de las personas recordadas a:

Se trata de recopilar buenos recuerdos. Confiamos en su veracidad.
¡Muchas gracias por vuestra colaboración!

Recuerdos víctimas Covid19.jpg

 

2 pensamientos en “Más que un número: Julio Nuño Corral

  1. Hace 40 años estábamos mi mujer, mi hijo y yo en Zafra (Badajoz) de vacaciones. Uno de los primos de mi mujer nos acompaño a tomar unas cañas antes de comer. En un bar nos presentó a un conocido suyo que, al parecer, había vivido en Guadalajara un tiempo. Desgraciadamente no recuerdo el nombre de esa persona. Al comentar con él que yo era de Guadalajara comenzamos una conversación y me dijo que había trabajado en Paulino Moreno.
    – ¡Anda! Mi hermano también trabaja en esa fábrica.
    – ¿Tu hermano como se llama?
    – Julio.
    – ¿Julio? ¿No será Julio Nuño?
    – Pues sí, ese es mi hermano.
    – ¡Dame un abrazo! No sabes la alegría que me da conocer a un hermano de Julio.
    Seguimos hablando y me dijo que Julio era la persona que más le había ayudado desde su llegada a Guadalajara; que, para él, era la mejor persona que había.
    – Si estáis en un hotel podéis dejarlo y venir a parar en mi casa desde ahora mismo.
    – Gracias, pero estamos en casa de la familia de mi mujer.
    – Te lo digo de corazón. Mi casa está abierta para ti y tu familia todo el tiempo que queráis.
    Le dije que, naturalmente, se lo agradecía mucho pero que no podía ser.
    – Bueno, pues al menos venid a comer todos los días, o a cenar.
    Al final accedimos a comer con su familia un día. Nos agasajaron espléndidamente.
    En fin, qué más puedo decir de cómo era mi hermano y de la huella que dejó en mucha gente.
    Está visto que las buenas acciones de las buenas personas siempre tienen recompensa e, indirectamente, benefician a terceros.
    Carlos Nuño Corral.

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