La constancia

Cielo

                                       //Imagen: Blanca Aranda, constante fotógrafa de cielos. Sin filtros.

Por Sonsoles Fernández Day

Es de manual el hecho de que para conseguir un objetivo nada hay más efectivo que la constancia. Quien quiera ser un maestro tocando un instrumento musical, deberá dedicarle horas y obligarse a una rutina de práctica. Si desea estar en forma, de poco sirve que se de la paliza un martes, por ejemplo. Tendrá que adquirir el hábito de entrenar, en su nivel, mínimo tres veces por semana. Así ocurre con todo, con los idiomas, las dietas, el deporte y también, con las cremas anticelulíticas. Por muy cara y estupenda que sea la crema, no se obtienen resultados si no es constante en la aplicación y el masaje. Lamentablemente, a veces, ni con eso.

En estas casi seis semanas de confinamiento hemos podido planificar, probar o retomar muchos proyectos y objetivos que tal vez teníamos aparcados por falta de tiempo. Solo los que hayan conseguido convertirlo en un hábito con su tesón y constancia habrán triunfado. Si han logrado ser firmes desde el principio de la cuarentena, es probable que ya estén notando los resultados. Teniendo en cuenta que la repostería y las mejores recetas de cocina están entre los tops de las aficiones del perfecto confinado, los más loables serán, por tanto, los que se propusieron hacer dieta y hayan logrado bajar de peso, o los que a fuerza de ejercicios de abdominales tengan ya un vientre plano, a pesar de las cervezas de los aperitivos virtuales. Personalmente, les daría el primer premio a aquellos padres que hayan encontrado la fórmula para trabajar y convivir con hijos pequeños 24 horas sin desquiciarse. He oído que los niños están felices, mientras que los padres persisten en un constante reinventar de actividades y convierten en hábito respirar hondo y contar hasta diez. Tranquilos papis, a partir de la semana que viene podrán sacar a los niños a la calle. A la calle o a la compra, aún hay que dejar que el Gobierno lo defina, que ellos viven en la constante improvisación.

Es tiempo de coronavirus y de constancia. Mientras que la población vive en el constante esfuerzo para sobrellevar el encierro y nos ponemos objetivos y retos, nuestro gobierno se mueve entre la constante improvisación y el permanente ejercicio de cometer errores. Uno detrás de otro. En un ranking internacional que califica la gestión de la crisis sanitaria en el mundo, han situado al Gobierno de España en el último lugar. Nos ha pasado lo mismo que en Eurovisión, aunque mejor no hacer el chiste porque no tiene ninguna gracia.

Parece que lo políticamente correcto es perdonarles la falta de previsión, insisten en que cualquiera hubiera hecho lo mismo, que nadie se imaginaba en lo que se iba a convertir esta pandemia, que nunca hubiéramos pensado en las consecuencias. Constantes excusas. Después de un mes y medio en estado de alarma, los muertos diarios siguen siendo por centenares, los sanitarios siguen trabajando desprotegidos y entre ellos hay miles de contagiados y, algunos mueren por coronavirus. Los tests que ha comprado el gobierno han resultado defectuosos por segunda vez y sigue habiendo escasez de mascarillas para la población. Constantes errores, aunque lo de los tests, más que error es chapuza.

Mientras España llora a miles de padres y abuelos, fallecidos en soledad, muchos de ellos en residencias de ancianos, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, declaraba en un canal de televisión que ‘en las residencias no están las personas válidas que pueden bailar o que cantan por la noche… en las residencias está la gente muy malita… gente que casi no se puede mover… mucha gente que tiene más de 80, 90 años’. El señor García-Page o no tiene padres, o no tiene corazón, o le falta el cerebro. Lo que si tiene es una tremenda constancia en decir barbaridades.

Seguiremos dos semanas más o lo que haga falta metidos en casa, perfeccionando nuestras habilidades a base de perseverancia. Pero ocuparnos de la rutina de cremas, bizcochos o deporte no nos va a hacer olvidar lo que está ocurriendo, aunque no lo veamos o, aunque no nos lo cuenten. Otra constante del Gobierno ha sido la falta de transparencia e información en general, y especialmente a la hora de dar datos de contagiados y fallecidos. Por si no lo han leído, a fecha de miércoles 22 de abril, hay 21.858 fallecidos en toda España, 2.140 en Castilla-La Mancha y 189 en Guadalajara. Personas fallecidas por coronavirus, oficialmente. En realidad, son muchísimos más.

No creo que me persigan o censuren por lo que he escrito hoy, aunque me podrían acusar de un constante empeño en alentar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno, que parece que les preocupa mucho. Nos espera una importante crisis económica después de esta crisis sanitaria, pero nada me da más miedo que la falta de libertad de expresión, por todo lo que conlleva. Espero poder seguir escribiendo lo que pienso, siempre desde el respeto y la constancia. Y que ustedes me lean.

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