Covid, el enemigo invisible

Oscar Ortigado

Óscar Ortigado trabaja como médico en una UVI Móvil desde hace 20 años // Foto: O.O.M.

Por Óscar Ortigado (*)

Como parte de la Generación X (nacidos entre 1960 y 1980), he crecido en lo que todo el mundo llama “la sociedad del bienestar”, un modelo de Estado que nos ha llevado a unas condiciones sociales, políticas y sanitarias ideales para que nuestra vida sea de gran calidad, como así había sido hasta ahora.

Como generación, nuestra infancia fue, en su mayor parte, una época feliz. Hemos visto cambiar la televisión de blanco y negro a color, fuimos los primeros en tener teléfonos móviles y hemos asistido a grandes hitos históricos como la caída del muro de Berlín o la guerra fría entre la URSS y EEUU, pero nunca habíamos vivido ninguna situación tan generalizada y catastrófica que hiciese tambalearse dicho bienestar.

Ahora he de decir que, desde hace un par de meses, puede ser la primera vez en la que en mi vida de médico he pasado miedo.

Trabajo como médico de urgencias y emergencias sanitarias desde hace mas de 20 años, tanto en el ámbito de la medicina de atención primaria como de la  medicina hospitalaria. Soy especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, y Máster en Emergencias por la Universidad Complutense de Madrid. Y ¿quién no ha escuchado esta frase en algún momento de su vida? “Tenemos la mejor sanidad y los mejores sanitarios del mundo”.

Pues sí, España es el tercer país con la mejor sanidad del mundo solo superada por Japón y Singapur. Estamos en el podio de los mejores sistemas del planeta, por encima de cualquier país europeo y norteamericano. Nada nos hacia imaginar que el ataque de un “ser invisible”, de origen dudoso, pondría en jaque a todo el sistema.

Como médico con una amplia experiencia  en las urgencias, tenia perfectamente identificada toda la casuística de los casos clínicos que suelen acudir a la puerta de un hospital en función de la época del año. Más infecciones respiratorias y cuadros catarrales en invierno, más cuadros de gastroenteritis y accidentes durante épocas de mejor tiempo como el verano, atendiendo en cualquier momento patologías mayores en el ámbito de la urgencia como pueden ser el infarto agudo de miocardio, el ictus,… etc. Cuando de repente nos vimos sorprendidos por este tsunami sanitario en que se ha convertido el famoso COVID-19.

A  finales de Diciembre del 2019 y durante Enero de este año, veíamos incrédulos a través de los medios de comunicación como en una ciudad China se confinaba a toda la población en sus hogares por culpa de una infección por un virus. Los sanitarios aparecían enfundados en trajes como si fueran astronautas y construían un hospital de 2.000 camas en 2 semanas. Todo parecía muy lejano, muy irreal y sin capacidad de llegar a afectar a nuestra “sociedad de bienestar”.

La situación cambió bastante cuando la infección salto a Italia y en pocos días observamos de forma mucho mas cercana la catástrofe sanitaria que se nos venía encima.

Empezamos a recibir, vía wasap principalmente, advertencias de nuestros colegas italianos avisándonos de la infectividad y agresividad del virus. De cómo ellos se habían visto sorprendidos por esta realidad que superaba las peores noticias que sospechábamos de lo ocurrido en China, país poco transparente. Cada día era un paso mas hacia el desastre sanitario.

Es entonces cuando empezamos a estudiar de una forma mas interesada a nuestro amigo el Coronavirus.

Un par de semanas después , las predicciones se cumplieron y de repente nos vimos desbordados en nuestro propio país, en nuestra propia ciudad. Algo inimaginable estaba pasando, cientos de pacientes inundaban las urgencias hospitalarias con problemas respiratorios graves, muchos de los cuales precisaban de un tratamiento muy especifico así como incluso de ingreso en UCIs. Dichas unidades no daban a basto a tal demanda y nos obligó a decidir quién se beneficiaría de ellas de una forma mas estricta. ¡Pacientes que hace meses ingresarían en una UCI sin problema ahora tenían que se tratados de forma paliativa por falta de recursos! En definitiva, una verdadera catástrofe sanitaria.

Las jornadas de trabajo eran infernales tanto en volumen de pacientes como en gravedad de los mismos.

A esta situación hay que añadir que veíamos cómo empezaban a enfermar nuestros compañeros, tanto por la agresividad del virus como por la inicial falta de material de protección personal.

En los medios de comunicación se trasladaba la idea de “tranquilos, sólo afecta a gente mayor con patologías previas “. Nada más lejos de la realidad, sabíamos que no era así. Un patógeno muy agresivo y lo mas inquietante un gran desconocido.

Desconocíamos realmente su forma de transmisión, el tiempo que podía permanecer en el aire, en la ropa, en las superficies, etc. y desconocíamos su fisiopatogenia. ¿Por qué había individuos que pasaban la infección de forma asintomática mientras que otros fallecían a los pocos días?

Personalmente , mi preocupación aumentó cuando, tras tratar múltiples casos banales, tuve que atender a un varón de 61 años sin antecedentes de interés que venía con gran trabajo respiratorio y no remontaba la saturación de oxígeno en la sangre a pesar de administrarle oxígeno a altas dosis. En la radiografía se apreciaba una neumonía intersticial bilateral muy agresiva (los pulmones parecían queso gruyere) y tras un paso breve por la UCI, no aguanto ni 48 horas. ¡Ahí comenzó mi miedo!

Cada días íbamos a trabajar con la cabeza llena de dudas… ¿Nos infectaríamos en esa jornada?… ¿Seremos el del porcentaje de pacientes donde la enfermedad es tan agresiva?… ¿Mi familia enfermará por mi culpa?…  Mil cuestiones que hacían aún más estresante esta situación.

En el fragor de la batalla solo estás concentrado en luchar y a veces tomas riesgos innecesarios. Por ese motivo reconozco que los médicos de Urgencias somos un poco kamikaces. Cuando todo esto pase, nuestra adrenalina y nuestro estado de alerta bajará  y seremos más conscientes del enorme esfuerzo físico y psicológico que nos ha conllevado .

A día de hoy seguimos esta lucha diaria ya de forma más tranquila y con mas conocimiento de nuestro enemigo.

No quería terminar sin agradecer a la población por los aplausos de las 20 horas que aparte de transmitirnos fuerza y emocionarnos a diario, nos han demostrado que juntos somos mas fuertes. De aquí seguro que saldrá una sociedad mejor.

Ha quedado claro que a nivel sanitario España sigue estando en el pódium de la sanidad mundial, pero a nivel humano somos los número 1.

Oscar Ortigados(*) Óscar Ortigado, nacido en Guadalajara (alcarreño de pura cepa), es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Alcalá de Henares, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria por la Unidad Docente del Hospital General Universitario de Guadalajara y Máster en Urgencias y  Emergencias por la Universidad Complutense de Madrid. Acumula una experiencia laboral de 20 años en UVI Móvil, así como en el servicio de Urgencias Hospitalarias. 

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