Una estocada de muerte

Por David Sierra

Una estocada de muerte. Así puede calificarse lo que ha supuesto la pandemia por Covid en el sector taurino, que ya valora las perdidas en millonarias y cuantifica en elevados los riesgos de que algunas ganaderías no puedan contener la embestida de la inactividad y la crisis económica y acaben cerrando. Ganaderos, toreros y empresarios siguen echando cuentas a la espera de conocer los pormenores de la tan deseada fase de desescalada, anunciada ayer mismo después de mes y medio de confinamiento. Si la situación no mejora, se quedarán en el campo alrededor de 20.000 toros que se liquidan en plazas y calles cada año, cuya crianza se valora entre 4.000 y 5.000 euros por animal.

toros_pandemia

Tras la suspensión de muchas de las ferias de este tiempo, como Sevilla y la madrileña San Isidro en Las Ventas, y el posible aplazamiento de otras como la de Pamplona, la incertidumbre del sector es manifiesta y son muchas las cuestiones que aún no tienen respuesta en espera del devenir de los acontecimientos. De hecho, algunos ganaderos han empezado a reaccionar destinando algunas reses de la cabaña a los mataderos, principalmente las quinqueñas, ante la imposibilidad normativa de que puedan lidiarse la próxima temporada.

De retomarse la actividad más adelante, las opciones que se barajan no apuntan al optimismo. La posibilidad de que puedan permitirse festejos a puerta cerrada y televisados podría paliar, de algún modo, la situación de aquellas ganaderías y toreros que están en la cúspide. Sin embargo, el desamparo al que están abocados muchos pequeños ganaderos y empresarios ante la posibilidad de que en buena parte de los municipios no se celebren festejos taurinos hasta después del verano podría ser el fin de sus negocios.

La pandemia ha llegado en un momento verdaderamente crítico dado que en estas fechas ya son numerosos los contratos que hay firmados o apalabrados y las inversiones realizadas por ganaderías de tránsito y empresarios en muchos casos se han efectuado. Quizá en los municipios más grandes, la situación se puede salvar de otro modo, pero en los pueblos de nuestra provincia las probabilidades de que no se celebren festejos taurinos aumentan exponencialmente cada día que transcurre con la población en estado de alarma y en alerta por la pandemia.

La compraventa de ganado bravo destinada a estos festejos de momento ha quedado prácticamente paralizada y la acumulación de reses bravas en las ganaderías puede generar auténticos problemas económicos a sus propietarios si, finalmente, no pueden dar salida a estas reses. En Guadalajara, son pocos los municipios que celebran festejos de plaza, pues la tendencia de un sector fuertemente regulado y con intereses contrapuestos entre los profesionales de los diversos ámbitos que participan de este negocio ha generado que los costes sean desproporcionados para los presupuestos que manejan. Por ello, los festivales, encierros campestres y urbanos se han normalizado hasta el punto de ser lo más habitual por su ‘asequibilidad’. Pero la acumulación de público que concentran estos espectáculos complican en demasía que puedan tener algún resquicio para celebrarse en periodo estival (julio, agosto y septiembre), cuando tienen lugar por encuadrarse la mayor parte de ellos dentro de las programaciones de fiestas populares.

La posibilidad de un verano sin toros puede marcar un ‘antes’ y un ‘después’ no sólo dentro del sector, sino también en la propia percepción de los aficionados. El hecho de que los organizadores de las fiestas de muchos municipios puedan manejar un presupuesto más racional para sufragar las actividades de ocio y diversión va a suponer una experiencia de cuyo resultado se pueden derivar consecuencias que determinen el devenir del propio sector taurino. Un año ‘sabático’ dentro del propio sector también podría resultar a la larga positivo si sirve para regenerar, de algún modo, el planteamiento de estos espectáculos para proporcionar una mirada más agradable, que permita acercar posturas entre quienes los aplauden y los detestan. Quizá sea el único halo de vida en un sector que antes del Covid ya agonizaba con respiración asistida.

Un pensamiento en “Una estocada de muerte

  1. Creo que tú final apoteósico de que es ” un sector que agonizaba…”, es un argumento que tendría que apoyarse con datos, de las s cuales careces ,al parecer.Se te nota la pluma.No tengo más tiempo que d ducharte, puesto q la síntesis de tu artículo se resume en una palabra.: Falacia.
    Espero que mejores.
    Un saludo

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