Medios, COVID-19 y sociedad: Una visión sobre nuestra forma de comunicarnos en crisis

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Por David Fernández Day (*)

El 15 de marzo de 2020 entró en vigor el estado de alarma y hoy, 56 días después, nuestras vidas son otras muy distintas a las que vivíamos entonces. Un día antes, mi mujer y yo caminamos varios kilómetros por una Guadalajara vacía, con calles llenas de eco y el miedo encerrado puertas adentro. Esa misma tarde se anunció el confinamiento y todo cambió: ¿será para siempre?

Soy especialista freelance en Marketing Digital y escribo todo tipo de textos para el entorno online de grandes empresas. Mi trabajo tiene un fondo de análisis y una cuchara sopera de escoger las palabras adecuadas. Eso sí, para lo que no suele haber espacio es para la opinión.

Cuando me otorgaron un hueco en esta tribuna, una sugerencia fue hablar acerca de mi trabajo. Por eso, aquí quiero hablar de Comunicación en tiempos de coronavirus. Así que aquí les propongo mi particular punto de vista. Espero que les guste.

  1. El problema: Un mundo en crisis

Los Millennials viejos, como yo, sobrevivimos al “efecto 2000”, al 15-M y al terrorismo islámico, a la crisis económica de 2008 y a muchas otras vicisitudes. No vivimos una guerra y ya nos llaman la generación perdida. Sin embargo, ha tenido que ser un virus microscópico el que ha saltado por los aires el mundo tal y como lo conocemos.

Y que nadie se engañe: no importa el color de tu piel, el dinero que tengas en el banco, a quién votes, tu orientación sexual o el dios al que dedicas tus plegarias. El nuevo coronavirus SARS-CoV-2, o COVID-19, es un problema de la misma relevancia para todos y frente al que solo seremos eficaces si estamos unidos.

Vivimos en el momento de la Historia de la Humanidad en el que es más fácil informarse y, por el contrario, es extremadamente sencillo caer en la confusión, ser presa de la desinformación o simplemente tomar por verdaderos los temidos bulos y las fake news.

Por eso, en este primer punto de este pequeño (y humilde) manual de comunicación en crisis globales, tengo que pedir al lector que se arme de un gran valor: el análisis. Revisemos las fuentes, porque no podemos tomar por cierta cualquier información: ¿De dónde sale esta pieza? ¿Quién la publica? ¿Qué línea editorial tiene? ¿Quieren “venderme” algo o hacerme partícipe de una opinión sesgada?

Tras dos meses de confinamiento, parece que caminamos hacia la luz del final del túnel. Todo indica que la lucha contra la COVID-19, y la crisis económica que vendrá después, nos acompañarán durante meses, incluso años. Aprendamos a compartir en redes información veraz, comprendamos que Internet produce millones de noticias al día y no todas merecen la credibilidad que les otorgamos.

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  1. Los retos: aprendamos a vivir con el “otro”

En casi 60 días de distanciamiento social y confinamiento en el hogar, hemos podido comprobar que la sociedad española es capaz de grandes cosas. Aun así, el enfado creciente por numerosos motivos (encierro, soledad, sobreinformación, injusticia…) ha generado muchísima rabia en redes sociales, Whatsapp y todos los cauces digitales.

Abunda la indignación en estos días, seguro que podemos hacerlo mejor:

  • Respeto por encima de todo: de la misma forma que discrepamos online de los demás, tenemos que aceptar que otros no piensen como nosotros. Vivimos en un país democrático en el que gozamos de libertad de expresión.
  • Respeto libre de descalificaciones: es fácil insultar desde la comodidad del sofá, desde el anonimato de nuestro smartphone. Hay que pensar siempre que detrás de ese perfil público, ya sea un ciudadano común, un político o un famoso, siempre hay una persona que merece el mismo respeto que cualquiera de nosotros.
  • Abandonemos la crispación: no hay peor enemigo para la razón que el impulso descontrolado. Antes de compartir en Facebook o enviar por email una noticia o comentario, respiremos y pensemos qué estamos enviando y con qué fines. Si nos gobierna el mal rollo o si pretendemos desacreditar al otro, ¿estaremos actuando correctamente?
  1. Las herramientas: “dadme una caña y no el pescado”

Me encantan las palabras del famoso lingüista del MIT de Massachusetts, Noam Chomsky, cuando dice que con un martillo puedes construir una casa y también abrirle la cabeza a alguien. No culpemos a la herramienta: los nuevos medios de comunicación nos hacen más libres y nos permiten estar más cerca incluso cuando estamos aislados en casa. Eso sí, nos corresponde a nosotros actuar con responsabilidad y darle un buen uso a estas herramientas.

Me preocupa cómo, en los últimos años, ha crecido un descrédito generalizado hacia la ciencia. La UNESCO define la ciencia como “la mayor empresa colectiva de la humanidad”. Ahora nos enfrentamos a retos y preguntas para los que quizá los colectivos científicos todavía no tengan respuestas concretas. Pero para eso hay que otorgar tiempo a los expertos, que son los encargados de estudiar y dar con explicaciones que tanto nos hacen falta en tiempos de crisis.

Y que no nos engañen páginas webs y medios tramposos que utilizan estudios opacos a favor de sus argumentos. La ciencia nunca debe ser el sostén de intereses políticos o de beneficios particulares.

Es clave identificar lo que algunos autores como Ralph Keyes han denominado como “posverdad”. RAE lo define como “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.”

El término se ha popularizado y es el origen de esas fake news que son hoy el escudo de los cobardes sin argumentos. La posverdad supone creer en lo que a uno le parece cierto aunque existan hechos que avalen lo contrario. ¡Otra vez! Seamos analíticos, pues puede haber muchas formas de interpretar la realidad, y los hechos no pueden ser manipulados.

Los ciudadanos no podemos ser engañados. Ni por gobiernos, ni políticos, ni siquiera por el vecino. Esta crisis será una dura prueba para todos y todos estamos en el mismo barco. ¿Seremos capaces de remar en la misma dirección?

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  1. Conclusiones: una nueva vida.

Angela Merkel ha calificado esta crisis como “el mayor desafío desde la Segunda Guerra Mundial”. Nos enfrentamos a algo histórico, global y de consecuencias difíciles de cuantificar en este momento. Pero siempre hay lugar para la esperanza. Será un gran reto y seguro que juntos podemos hacer del mundo un lugar mejor.

Por ejemplo, esta semana he visto padres con niños jugando en el parque, un día entre semana, a media mañana. ¿Y si conseguimos una vida con mayor conciliación familiar? ¿Y si logramos una realidad laboral con más teletrabajo y menos calentar la silla?

Dejemos de ser la “policía del balcón” en redes y olvidemos la paja en el ojo ajeno. Que esa responsabilidad y deber quede para las autoridades, aunque no negaré que hay cafres que se saltan las normas y pagamos los platos rotos todos. Pero no nos corresponde acusar, tenemos que encontrar más unidad y menos crispación.

Que sea por los que nos han dejado y por sus familias, que ni siquiera han podido llorar juntos, sufrir juntos. ¿Qué pensarían los que ya no están de nosotros, que andamos a vueltas en programas de televisión o en discusiones de Twitter?

En otoño de este año loco, mi mujer y yo seremos padres de nuestro primer hijo. Me gustaría creer que de este hoyo saldremos fortalecidos, y que ese niño que vendrá al mundo, encontrará un sitio mejor donde vivir. Quizá ese mañana no sea inmediato y tengamos que luchar fuerte por ello, pero yo sé que tú, lector, si has llegado hasta aquí abajo y has aguantado mi discurso, también querrás lo mejor para los tuyos. Trabajemos juntos, abandonemos el odio y la división, tendamos puentes y entendámonos: el futuro está en nuestras manos.

David Fernández Day(*) David Fernández Day, nacido en Guadalajara en 1983, es Content Marketing Specialist y en su portfolio se encuentran trabajos para grandes empresas como El Corte Inglés, Amazon, Volvo o la escuela de negocios ISDI. Su formación y vida laboral han estado ligadas a la Comunicación, el Marketing y el Periodismo.

FOTOS | Daniel Tafjord, Cottonbro, Anna Shvets

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