Socializar a dos metros de distancia

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En los próximos días se conocerán las bases de las ayudas que el Ayuntamiento concederá a los negocios de hostelería y comercio, 3,1 millones para autónomos y pequeñas empresas. Foto: Nacho Izquierdo.

 

Por Gloria Magro.

La lluvia ha deslucido los primeros días de reapertura de bares y terrazas. Aún así, esta semana, en cuanto se ha permitido, los guadalajareños se han lanzado con fervor a tomarse unas cañas al aire libre. Socializando a dos metros y con las mesas ubicadas a una distancia prudente y legal,  la afluencia en los establecimientos que han apostado por subir la persiana ha sido masiva. En algunos casos ha llevado incluso a intervenir a la policía municipal y a que se pongan las primeras sanciones.

Nunca creímos que los echaríamos tanto de menos, ni tampoco pensamos jamás que un día, de buenas a primeras, los bares de Guadalajara, los restaurantes, las cafeterías, las terrazas, podrían cerrar sus puertas sin saber muy bien cuando ni cómo volverían a abrirse. Pero ocurrió. Ahora, tras dos meses de parón obligado, la hostelería se ha desconfinado aunque solo para aquellos establecimientos con espacio exterior. Un paso más hacia la normalización del sector después del tímido inicio de actividad de la semana pasada, cuando solo se atendían pedidos. Sin embargo, no todos los negocios que podían hacerlo han decidido abrir. Algunos propietarios han hecho cierre de actividad, en otros casos no saben aún si podrán remontar estas duras circunstancias, y muchos, la mayoría, con el buen tiempo por delante, se muestran cautos y prudentes aunque esperanzados con el futuro.

Los más afortunados, claro está, los que tienen la posibilidad de instalar mesas y sillas en el exterior. Con la lluvia como invitada inoportuna, aquellos locales con cerramiento se han llevado la parte del león aunque algunos, desbordados por la afluencia de clientes, han visto como los vecinos acababan llamando a la policía municipal y han tenido que echar de nuevo el cierre. En este escenario, a los propietarios de bares y restaurantes les resulta muy difícil tomar la decisión de reabrir. Unos porque no tienen más remedio, al no contar con espacio exterior, mientras que otros que si podrían hacerlo sopesan aplazar la apertura hasta finales de año, a la espera de que la situación sanitaria, legal y económica esté un poco más clara.

Herminia y su marido, Arek, mantienen cerrados a día de hoy sus dos locales. El de Guadalajara, el Dublin House en la plaza del  Ayuntamiento, tiene sin duda la mejor terraza de la ciudad. A cubierto, es la más concurrida en invierno y también la que más ocupación tiene con el buen tiempo. El espacio exterior del Dublin House mueve un volumen de negocio importante pero precisamente por eso y en estas circunstancias, con las restricciones impuestas en esta Fase 1 del desconfinamiento, sus propietarios creen que abrirla les ocasionaría más quebraderos de cabeza que beneficios. “Tendríamos que contratar a un guarda de seguridad -explica Arek-, no podríamos controlar a los clientes”. Así que han optado por esperar unos meses y ver si se relajan las normas impuestas ante el COVID-19. Después de muchos años al frente de distintos bares y restaurantes, el matrimonio de empresarios se plantea un nuevo tipo de negocio hostelero fuera de la ciudad. También cree que esta situación desembocará en cambios en todo el sector. “Nos  estamos pensando si reabrir, –cuenta Herminiahay malestar entre los propietarios de bares. La inversión en locales como el nuestro, en personal, permisos, impuestos, etc. ahora no compensa. Abriríamos a pérdidas”. El cierre de algunas terrazas estos días debido al incumplimiento de las normas por la pandemia o bien por problemas con la licencia municipal crea incertidumbre y enrarece el ambiente entre los hosteleros de Guadalajara.

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Empleados bien formados y profesionalidad, claves en la restauración durante la desescalada. Foto: Marlasca R2

El Ayuntamiento de Guadalajara afirma que está poniendo todo de su parte para agilizar la reapertura de los locales. El responsable del área de Urbanismo, Rafael Pérez Borda señala el “tiempo récord en el que se están resolviendo las licencias para la instalación de terrazas gracias al esfuerzo de los empleados del Área de Urbanismo”, y apela a la responsabilidad de hosteleros y consumidores “para que las normas establecidas por las autoridades sanitarias se cumplan de manera escrupulosa por la seguridad de toda la población”. El Ayuntamiento ha mantenido esta semana una reunión -virtual- con la Federación Provincial de Turismo y Hostelería con el objetivo de analizar la reapertura de las terrazas y resolver las dudas planteadas por el sector. El Ayuntamiento ha creado un correo electrónico para la atención inmediata a los negocios hosteleros, terrazas@aytoguadalajara.es. En los próximos días se conocerán las bases de los 3,1 millones de euros en ayudas que concederá a los negocios de hostelería y comercio cerrados durante la emergencia sanitaria.

Por su parte, la Federación Provincial de Turismo y Hostelería de Guadalajara,  ha agradecido al Ayuntamiento de Guadalajara la exoneración de las tasas de terrazas y veladores a los establecimientos de la ciudad, así como la posibilidad de ampliación del número de mesas en las terrazas, en aquellos lugares en los que sea factible para compensar la reducción del aforo al 50% exigido por las autoridades sanitarias. También se sopesa ampliar su horario durante los fines de semana. Los representantes de la hostelería de Guadalajara llaman a la responsabilidad de dueños y clientes.

En el Marlasca R 2, un bar restaurante y cafetería que da servicio a los empleados de las empresas del Polígono de Cabanillas así como a los muchos camioneros que transitan por la zona, creen que esto mismo, la responsabilidad, es fundamental en estas circunstancias. Mara, su propietaria es de la opinión de que a la hostelería le falta corporativismo pero especialmente, formación. Y es ahora cuando se ve que la falta de profesionales preparados complica en muchos casos las reaperturas. La hostelera subraya que la inversión en formación del personal no siempre se valora pero que es en situaciones como la actual cuando más se ven sus resultados. “Cualquiera puede tener un restaurante –explica esta empresaria de larga trayectoria a sus espaldas junto con Alberto, su marido– pero necesitamos de categorías profesionales adecuadas a su formación. Ahora, con la pandemia, es este personal el que garantiza el orden y la organización”. Y añade que ellos han rescatado a tres de sus empleados del ERTE, personal de confianza que sabe dirigirse a los clientes y asegurar el aforo permitido por la ley. El balance que hacen desde el Marlasca R2 de estos primeros días de reapertura es positivo “pese a las caretas, las mascarillas, los geles hidroalcohólicos y demás. Los clientes han respondido muy bien, la gente está muy concienciada“, afirma Mara. De hecho, esperan volver a tener a todo su personal trabajando en breve, una vez la previsión del tiempo mejore. “Hemos tenido la terraza al máximo de la ocupación permitida pese a la lluvia. La gente tiene la necesidad de salir fuera de la empresa a comer y dejar de lado el bocadillo de estos dos meses”, explica.

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Cachopo en Arriaca Café. Comida para llevar o consumo de cocina en las terrazas, únicas opciones para la restauración en esta fase del desconfinamiento. Foto: Facebook.

Los propietarios del Arriaca Café, en la calle Virgen del Amparo, también quieren ponerse en marcha. Para ello necesitan que les confirmen la posibilidad de adelantar la ampliación anual que hacen de su pequeña terraza cada verano. Si el Ayuntamiento les diera luz verde es posible que repescaran del ERTE a parte de su personal y volvieran a abrir sus puertas. Para tener cierta rentabilidad y cumplir con la normativa de distancia social necesitarían contar con esa ampliación que cada año conlleva que una empresa les instale una plataforma en la vía pública sobre la que colocar las mesas. Las cuentas les saldrían, me cuenta Bárbara, porque sus famosos cachopos y otras especialidades asturianas tienen mucha demanda y sus parroquianos no suelen tener problema en consumirlos incluso en el exterior, de ser necesario. En el Arriaca Café también confían en el tirón del servicio de recogida de comida en el local, que hasta ahora tenía una clientela fiel que creen se verá incrementada a partir de ahora. “Nosotros abriríamos con todas las garantías de higiene, de distancia -explica esta propietaria-, si se adelanta la Fase 2 del desconfinamiento y nos dan permiso para instalar la plataforma”. Y aventura una fecha de reapertura de su local para el próximo 25 de mayo.

Tal vez para esa fecha pueda volver a ponerse detrás de la barra de su local José Antonio, propietario, camarero y único empleado del Bar Sacedón, en la Colonia de Sanz Vázquez. Hijo de hostelero, José Antonio lleva toda la vida en el negocio, desde que ayudaba a sus padres en el quiosco que regentaban en Sacedón. La situación actual y el hecho de tener el bar cerrado sin fecha concreta de apertura le crean una incertidumbre hasta ahora desconocida. O cambian las condiciones impuestas de aforo o José Antonio ve inviable poder reabrir en la segunda fase del desconfinamiento. Su pequeño local, sin espacio exterior y con unas pocas meses en el interior que atiende en solitario hace que las cuentas no le salgan, ni tampoco las referentes a mantener la distancia social de sus parroquianos. “No tengo garantías para volver al trabajo, ni desde el punto de vista profesional, ni para con mis clientes”, explica. Y echa de menos un poco más de corporativismo y unidad en el sector.

Fuera de Guadalajara, en Marchamalo, también tratan de recuperar cierta normalidad, y no hay normalidad sin bares y restaurantes abiertos. “Desde el lunes ya se intuía un cambio. Varios de los bares del pueblo empezaron a pensar en cómo adaptarse, a repensar su forma y su fondo”, afirma Rafa Esteban, el alcalde, quien señala que todos los negocios de hostelería han reabierto esta semana sus puertas. “La crisis parece que llama a reinventarse –explica el edil-, hemos visto cómo uno de los bares que había cesado su actividad hace tres meses, a las puertas del estado de alarma,  ha sido “cogido” por el propietario de uno de los bares con más negocio del pueblo. Le pregunté y me dijo que ahora veía una oportunidad y que se lanzó a por ella”. Y alaba la inventiva de sus hosteleros a la hora de reiniciar sus negocios pese a la situación actual. “El inquilino del Hogar Parroquial, que ha remozado su aspecto y ha decidido solicitar terraza, era el único establecimiento del pueblo que no la tenía solicitada. Ha pintado y hecho una pequeña reforma en el interior para habilitar un espacio de terraza cubierta a su entrada. ¡Hasta el quiosco de la plaza tiene “novias” después de tres años cerrado!

La reflexión sobre la coyuntura que atravesamos que hace Rafa Esteban es aplicable tanto a su pueblo, Marchamalo, como a Guadalajara. “La crisis nos va a obligar a cambiar, a estructurar nuestras vidas, a pensar más allá del dinero del negocio, haciendo que el bienestar del cliente y el buen servicio nos hagan diferentes”.

 

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