Los hombres de gris

 

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No habrá Feria del Libro, no se imaginan lo que la voy a echar de menos. Me queda el consuelo de que se celebrará en octubre. Foto: J.M.Vega.

 

Por José Luis Ramírez (*).

El final de la primavera siempre ha sido mi época favorita del año. Y no hay mejor lugar en el mundo para disfrutar de los meses de mayo y junio que mi ciudad, Madrid. Vaya por delante que no soy de esos madrileños que le profesan un amor incondicional al lugar que los ha visto nacer. En mi caso, no hay invierno en el que no desee estar en otro sitio, más pequeño, con mejor clima, más tranquilo, más acogedor, o simplemente más cómodo. Sin embargo, a medida que avanza el buen tiempo, las ganas de marcharme desaparecen y se transforman en una admiración profunda, casi devoción por Madrid, y en concreto por un lugar: El Retiro.

Esta conexión especial, por llamarlo de alguna manera, con el famoso parque madrileño quizá se deba al hecho de que nací a escasos quinientos metros. O tal vez porque en una de las primeras fotografías en las que aparezco, estoy en los brazos de mi padre en una caseta de la Feria del Libro de Madrid. Como también afectará, seguramente, la circunstancia de que me dedico a los libros desde hace más de treinta años.

Y fueron los libros los que, una vez más, me abrieron los ojos acerca de la realidad y, en este caso, del temible enemigo al que nos enfrentábamos. Porque no fui consciente de la gravedad e importancia de este aterrador virus que nos está matando, hasta que recibí un comunicado de la organización de la Feria del Libro, indicando que este año, por primera vez desde 1944, su celebración se iba a posponer hasta octubre. Aún trabajábamos todos con normalidad y no teníamos las espeluznantes cifras de contagiados y fallecidos, así que mi primera reacción fue pensar que se habían precipitado, que hasta junio quedaban muchos meses y posiblemente habían tomado la decisión influidos por el miedo.

Ahora sé que me equivoqué. La situación ha cambiado radicalmente en muy poco tiempo. Escribo este texto encerrado en casa, compartiendo más tiempo que nunca con la familia. Les confieso que en los primeros días de confinamiento pude comprobar las miradas entre extrañadas y curiosas de mis hijos. Sus ojos de sorpresa y quiero creer que también de complicidad, me han recordado una novela que leí cuando tenía su edad, Momo. La novela de Michael Ende, más conocido por su Historia Interminable, está protagonizada por una niña que tiene el don de escuchar a los demás con el corazón y por tanto representa una amenaza para los hombres de gris, preocupados únicamente porque los seres humanos no malgasten su valioso tiempo y lo dediquen exclusivamente a hacer cosas productivas.

Y como ocurre con los buenos libros, esos que te acompañan durante toda la vida y que cuanto más tiempo pasa, más de actualidad están, ha provocado en mí un pensamiento, casi un reproche, que estos días de encierro no deja de rondarme por la cabeza: ¿se han parado a pensar en el poco tiempo que dedicamos a nuestros seres queridos? Me refiero a tiempo de calidad, sincero. Minutos, acaso horas, en los que realmente no tenemos la mente en ningún otro lugar y nos limitamos a hacer algo tan improductivo como escuchar.

Este año la primavera será diferente. Madrid ya no es lo mismo. Nosotros tampoco. No habrá Feria del Libro, no se imaginan lo que la voy a echar de menos. Me queda el consuelo de que se celebrará en octubre y por entonces es posible, ¡ojalá!, que hayamos recuperado nuestras vidas. Será la primera vez desde que tengo uso de razón, que deseo que mayo y junio pasen lo más rápido posible. Pero mientras eso sucede, para no dejarme vencer por la desesperanza y el desánimo, tengo la necesidad de imaginar un otoño sin hombres grises.

Así, sueño despierto con un futuro en el que ya no estamos tan empeñados en hacer cosas productivas, ocupados únicamente en trabajar, en ganar más dinero y gastarlo aún más rápido. Un mundo en el que no tengamos la necesidad ni la obligación de ir corriendo a todos los lados, o al menos hayamos aprendido a ir más despacio. Un lugar en el que recuperar el tiempo perdido mientras compartimos risas y charlas desenfadadas con nuestros seres queridos.

También imagino ese futuro cercano más real, más sostenible, más sano, menos artificial, un lugar rebosante de esperanza e ilusión por el que vale la pena volver a intentarlo una y otra vez.

Cuando todo esto haya pasado, posiblemente volvamos a ser los mismos, los de antes del virus, pero qué quieren que les diga, en estos momentos difíciles en los que estamos rodeados de tantos dramas personales y tanto dolor, necesito pensar que no será así. Necesito soñar con ese lugar en el que aprovechamos el tiempo para lo que de verdad importa: escuchar a nuestros seres queridos con el corazón y parar únicamente para seguir aplaudiendo a aquellos que lo merecen.

Quelibroleo.com

 

descarga (1)José Ramírez es director de Grupo RC Consultoría de Marketing, socio fundador de www.quelibroleo.com y de la la editorial Quaterni. También es profesor de Marketing en el Centro de Estudios Financieros CEF y en Udima. 

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