Desafíos ecosociales en la ciudad jardín

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Las fotografías de Guillermo Mangada revelan el patrimonio medioambiental a preservar en Guadalajara, el punto de partida hacia un plan más ambicioso y de carácter socioecológico.

Por Gloria Magro.

El ámbito local es el punto de partida de la lucha contra el cambio climático. Las políticas de cercanía están en la actualidad en primera línea de las medidas que se implementan en ciudades de todo el mundo desde un punto de vista global y ecosocial. La Plataforma por el Clima de Guadalajara ha enviado una carta abierta al alcalde de Guadalajara, Alberto Rojo, en la que solicita una transición urbana hacia una ciudad más justa y sostenible.

Guadalajara es la ciudad española con más zonas verdes por habitante, por encima de la alabada Vitoria y el doble casi que Madrid, por establecer una comparativa. Después de una primavera especialmente lluviosa aunque confinada, los guadalajareños disfrutamos de nuevo de su esplendor. Sin embargo, el compromiso municipal con el medio ambiente debe de ir más allá del mantenimiento de parques y jardines. El contexto socioeconómico que abre la post pandemia es una oportunidad y un desafío.

Ayer, viernes 5 de junio, se celebró en todo el mundo el Día Mundial del Medio Ambiente, la fecha más importante del calendario oficial de Naciones Unidas para fomentar la acción ambiental. Se trata de una iniciativa mundial que busca inspirar un cambio positivo sobre la premisa de que un cambio global requiere de una comunidad global. En 2020 el tema es la biodiversidad, un motivo de preocupación que se considera urgente y en cierto modo existencial si consideramos la relación que puede existir entre virus y pandemias y el estado del planeta.

Coinicidiendo con esta fecha, esta semana se hacía pública la carta de la Plataforma por el Clima de Guadalajara. Según los firmantes de la misiva, las asociaciones locales Abrir Brecha, Ecologistas en Acción, El Enjambre,El Rincón Lento, Micorriza y WWF, la ciudad necesita de “cambios estructurales profundos que sustituyan su actual rol de ciudad dormitorio y tubo de escape de Madrid” que pongan en el centro de la actuaciones municipales “a sus habitantes y a su naturaleza, defendiendo la vida en todas sus formas y la igualdad de oportunidades. Para ello, la Plataforma propone cuatro elementos clave que van mas allá de una mera propuesta de carácter ecologista: reorganizar la movilidad, (re) naturalizar la ciudad, desmercantilizar la vivienda y revalorizar lo local mediante una economía sostenible y de proximidad.

Las propuestas de la Plataforma por el Clima de Guadalajara van más allá del mero marco ambiental y se adentran en medidas de carácter social, “actuaciones asequibles y objetivos realistas en línea con las medidas que se están tomando en otras ciudades”, según sus integrantes y que podría suscribir cualquier partido político comprometido en una candidatura verde. No se trata tan solo de una propuesta de carácter ecologista, sino que va más allá, hacia lo ecosocial, ya que está en juego “la propia supervivencia del planeta“. Medidas transversales y planes de futuro ambiciosos para los que comprometen el apoyo de la ciudadanía a la que como asociaciones de amplio espectro representa la Plataforma.

Con toda la legislatura por delante, el compromiso municipal del equipo de gobierno socialista con la protección del medio ambiente es claro. El programa electoral presentado hace ahora un año apostaba por una Guadalajara verde articulada en tres ejes: el río Henares y su (re) naturalización, la mejora y mantenimiento de las actuales zonas verdes y la articulación de un Plan de Parques. Se espera por tanto que en los próximos tres años se resuelvan los problemas provocados por las actuaciones de las últimas legislaturas, además de ir más allá con medidas transversales que impulsen cambios profundos.

La Estrategia de Adaptación al Cambio Climático del Ayuntamiento -en
cumplimiento al Pacto de Alcaldes sobre el Clima y la Energía- se firmó en 2017
con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 en Guadalajara en un cuarenta por ciento a través de la mejora de la eficiencia energética y un mayor uso de fuentes de energía renovables. Con un marco de actuación hasta 2030, se enfoca en aumentar la adaptación de Guadalajara a las repercusiones del cambio climático. Durante las últimas legislaturas se han ido adoptando medidas que han reducido las emisiones y permitido que la ciudad sea más eficiente, como la sustitución de las luminarias por otras LED, la renovación de la flota de vehículos municipales, la incorporación de vehículos de Gas Natural Comprimido en el servicio de transporte urbano, etc.

La percepción de muchos ciudadanos es que vivimos en una ciudad verde, pero también en una urbe cementada, llena de solares y obras públicas de resultado fallido cuya consecuencia es un entorno agresivo y falto de empatía hacia las personas, especialmente en su casco histórico, pese a las grandes inversiones realizadas. Guadalajara es a día de hoy una ciudad aún en crecimiento con un gran margen de proyectos medioambientales y el inconveniente añadido de que muchas de las obras ejecutadas en estos últimos años han ido en contra no solo de las necesidades de la ciudad, sino también de cualquier consideración medioambiental. Esto significa que las próximas actuaciones municipales tienen que ir encaminadas a revertirlas, lastrando y comprometiendo por tanto desde el punto de vista económico cualquier iniciativa futura a corto plazo para avanzar hacia una ciudad más social y ecosostenible.

El último gran estudio integral de referencia sobre Guadalajara es de 2016, el Plan EDUSI: la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible, financiada con fondos FEDER de la Unión Europea, que establece medidas coordinadas para hacer frente a los retos económicos, medioambientales, climáticos, demográficos y sociales que afectan a las zonas urbanas. El estudio identifica de forma pormenorizada las debilidades de Guadalajara, las amenazas a su desarrollo integral y también los retos y desafíos medioambientales, así como las oportunidades que no se deberían dejar escapar. La puesta en práctica de los proyectos EDUSI ha supuesto la inversión más cuantiosa en infraestructuras y mejoras en Guadalajara desde los planes del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, más de veinte millones de euros vertidos en la ciudad en los últimos años con cargo a los presupuestos de la UE.

Como fortalezas de Guadalajara, el Informe EDUSI cita el elevado ratio de superficie verde por habitante, 27 metros cuadrados, cifra superior a la media nacional y a la recomendación de la OMS de 10 metros por habitante. También cita al río Henares y la finca Castillejos como oportunidades y  “grandes recursos naturales que bordean la ciudad y son fuente de biodiversidad”, así como la capacidad de mejora de los espacios públicos existentes. Sin embargo, la estrategia adoptada a este respecto por el anterior equipo del Partido Popular -Objetivo Temático 6 (OT6)- consistió en contravenir su propio proyecto allí especificado de extender la senda ecológica -la elevación sobre el río Henares- hasta Castillejos, seis kilómetros de paseo ecológico que en la práctica hubieran unido la ciudad con la finca – y que hubieran sido muy aprovechables durante el desconfinamiento-. En su lugar se ejecutó la totalidad del presupuesto en urbanizar apenas kilómetro y medio de ribera inundable del Henares a su paso por la ciudad. Esta obra, denunciada públicamente en su día por la oposición municipal y por los grupos ecologistas y asociaciones vecinales, compromete en la práctica su financiación y supone un grave problema a revertir.

Y no es la única actuación claramente contraria al sentido común. El Objetivo Temático EDUSI 4 (OT4) -“favorecer una transición hacia una economía baja en emisiones de CO2 promoviendo cambios de vida que requieran un menor gasto energético”-, contemplaba como una de sus líneas de actuación un nuevo carril bici para Guadalajara cuyo trazado desde un primer momento se reveló como impracticable y peligroso. Otra obra fallida a revertir. Además, las últimas actuaciones sobre plazas del casco histórico también han sido muy cuestionadas. El empleo del hormigón como solución urbanística convierte grandes superficies de la ciudad en áreas poco atractivas y adecuadas para la interacción social.

Dar solución a los actuales problemas ambientales de la ciudad, solucionar los que han quedado pendientes y hacer planes futuros que vayan mas allá de las medidas que se están tomando en la actualidad y se liguen a propuestas de carácter social y económico plantea numerosos desafíos y requiere de una profunda reflexión. Tal vez la sociedad de la post pandemia tenga la respuesta. De momento, la propuestas están sobre la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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