Una lección de las peñas

Ferias y Fiestas 2018, concentración de peñas y chupinazo

Pregón de Ferias y Fiestas 2018. // Foto: Ayuntamiento Guadalajara

Por Patricia Biosca

Corrían principios de los dosmiles cuando la que escribe se encontraba debatiendo en una mesa de redacción sobre las Ferias y Fiestas de ese año. A pesar de ser una humilde becaria, la confianza hizo que levantase la voz para dar mi opinión sobre uno de los debates más viejos de la historia del hombre junto a qué fue antes, si el huevo o la gallina: ¿Ferias sí o Ferias no? Yo, con apenas veinte años y recién pagada la cuota de la peña, esgrimía el famoso “es solo una semana al año”. El resto profetizaba aquello de “ya crecerás” para indicar que el tiempo me sacaría de ese error. Lo que sí teníamos claro ambos “bandos” es que la festividad en honor a la Virgen de la Antigua no se dejaría de celebrar. Nunca. Jamás. Ni de coña. Pero de esto que llegó un murciélago en vez de una paloma y…

La noticia llegó como las telenovelas o las colecciones de los quioscos de septiembre, en previsibles capítulos y fascículos retractilados. Cualquier persona que no haya estado en una cueva sin contacto con el resto de la sociedad desde diciembre sabrá que el mundo entero ha tenido un “pequeño” problema con una pandemia mundial que nos ha obligado a recluirnos en nuestras casas. Visto el desarrollo de estos acontecimientos, que tornaron desde la incredulidad e incluso la mofa acabando en la total alarma y preocupación -y aunque ahora solo caiga el olvido-, todo hacía presagiar que este mes de septiembre no se celebrarían las ferias. No al menos como las conocemos, con sus santos y señas más identificativos: nada de desfiles, nada de pregones, nada de verbenas, nada de conciertos, nada de encierros y probablemente poco de corridas de toros, coches de choque, cachivaches varios e incluso patatas asadas rellenas de mil brebajes. Todo lo que conocemos de las ferias se basa en la celebración en grupo, el contacto directo y el jolgorio acompañado. 

Por eso se acabó filtrando en redes sociales que el Ayuntamiento había cancelado los festejos. La gente, sobre todo los peñistas, asumía la noticia con deportividad, a lo Oliver y Benji en un partido que se lleva alargando demasiados capítulos. Si bien hay quien aún vio un rayo de esperanza cuando el consistorio de Alberto Rojo negó la evidencia, diciendo que aún no se había tomado la decisión. Estaba claro que era la oposición la que había filtrado la noticia, seguramente apoyada de buenas fuentes, pues un tema así estaba cantado desde hacía tiempo: mientras caían en cascada las fiestas patronales de todos los pueblos de la provincia, la “populosa” capital -al menos en referencia a toda la población de Guadalajara- resistía de forma inexplicable. Y cuando salió la noticia en redes sociales, el Ayuntamiento se marcó un Sara Montiel diciendo “qué invento es este”, aunque todos sabíamos de sobra que la hazaña era imposible. 

Algo más de una semana después, el alcalde por videoconferencia -lo más “in” del momento- confirma que, efectivamente (¡oh, sorpresa!) las ferias 2020 no se celebrarán. A partir de aquí, las peñas empiezan a hacerse eco de la noticia, todas y cada una justificando la decisión y hablando de que la mirada ya está puesta en 2021. Nada de debate, nada de crítica. Y aún sabiendo que cada cabra tira para su propio monte y que hay peñas más afines que otras a según qué partidos -y quien lo niegue se estará haciendo otro “Sarita”-. Las agrupaciones, que cobran su mayor sentido en estos días, no tendrán su fiesta, su razón de ser. Y aún así, lo asumen, lo comparten y lo apoyan en un ejercicio que sonroja a todos los políticos que se han tirado los trastos a la cabeza -y recuerden que aún nos quedan meses dedimes y diretes sobre a dónde se destina o no el dinero presupuestado para ferias 2020-. 

Yo, en este punto y tras leer varios comunicados, solo puedo recordar con una sonrisa irónica a esos que dicen que los peñistas son unos insolidarios, que solo viven para emborracharse, que han acaparado las fiestas de la capital y que solo traen ruido y malos olores. Que se gastan un dineral, que no aportan, que cada vez dan más vergüenza. Esos mismos a los que se critica septiembre tras septiembre han conseguido con su actitud -no solo ahora, sino también durante el confinamiento, ya que muchos organizaron iniciativas solidarias o sociales para ayudar a sus vecinos, muchos de los que les critican con saña- que yo siga pensando una década más tarde que hay muchas cosas que merecen la pena de la ciudad y, entre ellas, están sus peñas. A la altura de sus bizcochos borrachos. Larga vida a las ferias de Guadalajara. Nos vemos en 2021. 

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