Rabo de toro

Por David Sierra

No es paradójico que el rabo de toro se cotice más que nunca en las carnicerías y que un buen plato de este suculento manjar se haya convertido en algo únicamente posible para los más pudientes, cuando hace tan sólo una décadas era una de las partes que quedaban como pasto de las moscas cuando las reses de lidia se desollaban colgadas de un árbol bocabajo, minutos después de haber finalizado su participación en el ruedo, y salvo que el matarife de turno no hubiese hecho méritos durante su faena para obtenerlo como obsequio.

Aunque buena parte de los municipios de la provincia han anunciado que no celebrarán este año festejos taurinos como medida de precaución para evitar la propagación del Covid-19, los ganaderos siguen aguardando con paciencia un cambio de rumbo en los acontecimientos que les permita dar salida de los cercados a sus reses por las puertas de chiqueros en vez de las del matadero. Y eso afecta también a los rabos.

Manifestación en apoyo al sector taurino en Guadalajara. / Foto: Burladerotv.

El sector taurino, como tantos otros, también ha sufrido las consecuencias de esa inactividad pandémica y quienes lo integran reclaman que las administraciones les echen una mano para sobrevivir. Al parecer, les parece insuficiente la propuesta formulada por el ejecutivo autonómico de bonificar la totalidad de las tasas por la organización de espectáculos taurinos o el hecho de estar dispuestos a ‘sortear’ el reglamento a base de muletazos para que los toros salgan de toriles. Por ello, se han echado a la calle y aprovechando la ocasión mediante ese envoltorio cultural con referencias a una tradición que, a duras penas, sostiene las actividades taurinas que se vienen desarrollando en la región, han trasladado a la administración autonómica todos los problemas derivados de la crisis por la que atraviesa el sector, anterior a la propagación del virus.

En Guadalajara, la protesta fue multitudinaria. Reunió a todo aquello que defiende lo que está generando que la fiesta de los toros se pierda. Y, por supuesto a buena parte de los que se aprovechan de un negocio, el de los toros, que en la provincia lo conforman fundamentalmente ‘corraleros’ dedicados a la compraventa de ganado. Así los denominaba un amigo muy taurino. Meros intermediarios que se dedican a adquirir los descartes de unas ganaderías para situarlos en acontecimientos populares que distan mucho de lo que fueron en su origen. El temor a que una temporada sin reses bravas ajusticiadas con un tiro en una cuneta pueda declinar la balanza del lado de quienes consideran innecesarios este tipo de festejos ha hecho saltar las alarmas de esa parte de aficionados que aún encuentran placer en este tipo de sacrificios, más allá de quienes viven de ello. Y lo expresan con fervor; el mismo que les ha faltado para, por ejemplo, exigir mejores condiciones laborales a nuestros sanitarios.

Al margen de las reivindicaciones mostradas en forma de carta por un conjunto de asociaciones integradas en la Coordinadora Antitaurina de Castilla La Mancha, que han mostrado su sentir ante la predisposición del gobierno regional de sufragar al sector taurino y han pedido al presidente Emiliano García Page que, frente a la situación de crisis económica y sanitaria, se de preferencia en las ayudas a aquellos ámbitos de interés público que más lo necesitan como es la Sanidad, la Educación y el Medio Ambiente; la pelota la tienen ahora todos esos alcaldes que han decidido, con apoyo plenario, la suspensión de sus fiestas y, por ende, los festejos taurinos que habitualmente las alimentan. Ningún regidor municipal, en su sano juicio y salvo excepciones puntuales que siempre acaban llevando como noticia a la localidad de Almoguera, desea que en sus espaldas recaiga la responsabilidad de un brote por permitir espectáculos sobre los que sea imposible garantizar esas medidas sanitarias que, aún en fase de ‘nueva normalidad’, son imprescindibles y necesarias.

Por otro lado, mientras otros sectores de la cultura y el espectáculo trabajan en la búsqueda de fórmulas que permitan la viabilidad y el desarrollo de sus actividades en beneficio de sus aficionados, la iniciativa taurina sigue sin dar señales de vida al margen de propuestas inverosímiles como la del Foro de Promoción, Debate y Defensa de las Ferias de Novilladas que plantea convertir la compraventa de ganado bravo en producto cultural para que se le aplique el IVA reducido o que los gastos de veterinario y ambulancias corran a cargo del contribuyente. Por su parte, los promotores de este tipo de festejos, al parecer, tampoco están dispuestos a brindar espectáculos a su público en los que la ganancia no esté asegurada y no quieren ni oír hablar de desarrollar actos con limitaciones de aforo, poniendo así en riesgo las propias manifestaciones artísticas y culturales de la tauromaquia.

A fin de cuentas, como en muchos otros ámbitos en los que la pandemia ha podido contribuir a fomentar un cambio que finalmente no se ha producido, el taurino tiene esa oportunidad para confeccionar una variedad de alternativas con el toro como protagonista adaptadas al siglo XXI, que pueda conjugar la emoción que suscitan las reses bravas con propuestas innovadoras que alienten la desaparición de todos aquellos elementos de barbarie que deslucen los actuales festejos y que, poco a poco, van distanciando a las nuevas generaciones. De momento, eso no tiene visos de ocurrir y cuando todo esto pase, podremos volver a degustar a un precio asequible el rabo de toro.

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