¡Que vienen los madrileños!

coches en carretera a2

Autovía A2, dirección Madrid-Guadalajara

Por Sonsoles Fernández Day

Decían los más positivos que lo que hemos vivido estos meses atrás nos iba a cambiar para bien. Algunos pensaban que, a partir de la crisis del coronavirus, seríamos más conscientes de lo realmente importante. A causa de la Coronavirus crisis, que en inglés suena más científico, aunque se escribe igual, aprenderíamos a valorar más lo esencial y a olvidarnos de lo superfluo. No lo tengo yo tan claro. Es posible que en la curva de alguno de los 99 días de alarma social hubiera algún viso de esa armonía universal, pero en cuanto abrieron las terrazas de los bares, la memoria por los miles de fallecidos y el miedo al contagio se quedó en unos brindis y las tapas a pachas.

De un día para otro nos vimos encerrados, perdón, nos confinaron en casa, y así estuvimos durante semanas, con la sola escapada semanal al supermercado a pasar más miedo que otra cosa. El mensaje por megafonía de ‘no necesita acumular’ y ‘mantenga la distancia de seguridad’ en lugar de la típica musiquilla machacona, (jamás pensé que la echaría de menos), invitaba a salir de allí por pies cuanto antes. Lo normal era caminar sin levantar la vista de la lista de la compra. ‘-Bendito sea el fruto’, ‘-Con su mirada’. Como en El cuento de la criada cualquier charla con algún conocido sería sospechosa por covid-agitadora. Mejor evitarlo. Las horas que echaríamos después desinfectando aquel cargamento nos iban haciendo cada vez más ermitaños. Como en casa, en ningún sitio.

Llegó la desescalada, liberando a los confinados por fascículos. Nos fueron abriendo el círculo poco a poco, al ritmo de la curva descendente. En la fase 1 pudimos salir a pasear y a hacer ejercicio, pero solo en nuestro municipio y en el horario establecido. Se nos permitió movernos por la provincia, sentarnos en la terraza de un bar y los negocios que pudieron, abrieron cuando entramos en la fase 2. Y en la fase 3, desaparecieron las restricciones horarias y el círculo se abría a las provincias de nuestra comunidad autónoma en la misma situación. La sensación, aunque se iba ampliando la frontera, seguía siendo de isla. Aislados, para bien y para mal, de los habitantes que aún permanecían en otra fase.

Desde el pasado domingo se acabó el estado de alarma. Llegó la ansiada movilidad. Por fin podemos circular libremente por el territorio nacional sin miedo a que nos multen. Y el ermitaño en el que nos había convertido la Covid-19 y el Resistiré salió como un loco para defender el territorio. ¡Aquí que no venga nadie a perturbar la paz provinciana en la que nos encontramos! ¡Ya nos van a fastidiar los madrileños con sus coches y sus virus! ¡Quedaos en la capital, stay home!

Es posible que algo nos haya afectado el confinamiento. Guadalajara, ciudad y provincia, solo para nosotros. En lo que a tráfico y multitudes de gente se refiere, ha sido una delicia. A nadie le apetece volver a meterse en un atasco en la A2. Ninguno echamos de menos los colapsos de las horas punta de Cuatro Caminos. Y los que hayan salido los últimos fines de semana a dar una vuelta al campo o a algún pueblo, habrán notado y disfrutado la ausencia de los domingueros capitalinos. Pero seamos realistas. Quien más quien menos, en Guadalajara, en Madrid y en media España, están bajando las maletas del altillo para salir pitando en cuanto puedan. Si es que no lo han hecho ya.

El aislamiento nos ha hecho territoriales y recelosos, pero todo se nos olvida cuando se trata de nuestras propias vacaciones. Hay una frase circulando en redes sociales que dice: ‘No hemos salido de la pandemia, hemos salido con la pandemia’. Que no se nos olvide. Algunos madrileños vendrán a Guadalajara, probablemente porque tienen casa en el pueblo donde nacieron ellos o sus padres. Muchos van a visitar a su familia, a la que hace meses que no ven. Y, tristemente, bastantes irán a misa o al cementerio por los que se han ido sin duelo. Hosteleros y comercios también estarán esperando la llegada de clientes. Con su mascarilla y su aforo limitado, pero negocio, al fin y al cabo. Y los de Guadalajara aprovecharemos para ir a Madrid, que también apetece. Los que no tengan miedo, que, si sale el ermitaño a relucir, ni quiere visitas, ni se mueve de su coto privado.

Tampoco hay que hacer tanto ruido de quejas porque los madrileños, como todo hijo de interior, lo que quieren es irse a la playa. Pasarán de largo. Y nosotros, si podemos, detrás. A ver qué dicen los de la costa.

Para los próximos fascículos, quédense con la siguiente nueva expresión: confinamientos perimetrales. Si se producen rebrotes en alguna zona, como si hubieran caído en una casilla maldita del juego de la Oca, retroceden una fase y se quedan aislados hasta que bajen las cifras de contagiados. Aunque no hayamos aprendido a ponernos la mascarilla estamos aprendiendo mucho vocabulario. Tiren los dados y según lo que salga, pronto sabremos lo que suponen las escapadas y las estampidas.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .