Culebrones

Estado actual del Poblado de Villaflores. // Foto: ANP
Estado actual de uno de los edificios del Poblado de Villaflores. // Foto: ANP

Por Álvaro Nuño.

No hay verano que no realice al menos una visita de inspección al Poblado de Villaflores. Confieso mi atracción por ese lugar tan fantasmagórico y mi desesperación al ver que año tras año, su ruinoso estado de abandono absoluto va de mal en peor. Cambiar, lo que se dice cambiar, ha cambiado poco desde que en 2016 se cayó la espadaña de la casona principal y la propiedad -la empresa Hercesa, por un lado, y el Ayuntamiento de Guadalajara, por el otro- tomaron alguna medida de seguridad, no fuera a ser que el siguiente derribo tuviera consecuencias fatales para las personas que, como servidor, siguen subiendo allí de vez en cuando para echar un vistazo. Así, se vallaron todos los edificios y se pusieron algunos contrafuertes de madera en aquellos inmuebles con amenaza inminente de derrumbe.

Cuatro veranos después, la cosa no ha cambiado nada de nada. Las vallas han sido derribadas en algunos tramos por los más curiosos -incluidos esos “simpáticos” grafiteros que tiñen de colores todas los muros que les dejen-, la casona principal sigue sin reloj, la naturaleza se apodera del espacio que hace casi un siglo y medio le arrebataron en forma de maleza, y los pocos viales que el urbanizador construyó siguen a medias, calles de hormigón sin aceras que no llevan a ningún sitio y que incluso son un peligro para los viandantes puesto que las alcantarillas no tienen tapa, convirtiéndose en pozos por los que cualquiera se puede colar si va despistado (en este asunto, convendría que el Ayuntamiento actuará urgentemente y de oficio y que adoptara una solución definitiva porque un día vamos a tener un disgusto).

Prácticamente coincidiendo con mi paseo de este año, el único concejal del Grupo Municipal de Aike, Jorge Riendas, proponía al Pleno del Ayuntamiento en una moción recuperación de Villaflores como patrimonio histórico-artístico y natural de Guadalajara y que los propios vecinos aportemos ideas en cuanto al uso de las construcciones que conforman el complejo, así como el arreglo lo antes posible del acceso y los alrededores para disfrute de propios y visitantes. No es la primera vez que se propone desde un grupo municipal la celebración de concurso de ideas para determinar de una vez por todas qué se hace con esas construcciones y cómo pueden ser rehabilitadas y utilizadas. Ya lo hizo el anterior alcalde, Antonio Román, en plena campaña electoral de 2015. En su caso, se dirigía a “arquitectos, urbanistas y expertos” y señalaba como usos el turístico-hostelero, el educativo y el cultural-formativo, entre otros. No tenemos ni idea de lo que pasó con ese concurso de ideas, pero la siguiente noticia que aparece en la hemeroteca sobre este antiguo poblado agrícola es la aprobación por unanimidad del Pleno del Ayuntamiento hace ya dos años, en septiembre de 2018 del Plan Especial de Protección del Poblado de Villaflores, que parece que tampoco ha logrado detener su deterioro. Ahora, el concejal independiente va más encaminado a la participación ciudadana a la hora de determinar los usos de todas esas construcciones, para los que el Ayuntamiento cuenta con un presupuesto de 3,7 millones de euros procedentes de la ejecución del aval a la antigua promotora que debía haber llevado a cabo la urbanización y rehabilitación de todo el conjunto, declarado Bien de Interés Cultural desde 2014 por la Junta de Comunidades.

Sin embargo, la propuesta no tuvo el apoyo de la mayoría del Pleno y, concretamente de los dos grupos del Equipo de Gobierno, que rechazaron la propuesta de ese concurso de ideas escudándose en la existencia de ese Plan Especial aprobado hace dos años y del que no se tienen noticias. El portavoz del PSOE, Santiago Baeza, además, quiso cuadrar el círculo al poner también como condición para comenzar a intervenir en esas ruinas, la actuación de Hercesa en la casona grande, en una actuación coordinada público-privada que se antoja más que complicada. “Bla, bla, bla” resumió la acción y la postura de PSOE y Ciudadanos el concejal de Vox, Javier Toquero, reproduciendo en el salón de plenos el silencio sepulcral que se escucha en un Villaflores abandonado y ruinoso, con el que el Ayuntamiento no sabe muy bien qué hacer. 

Algo parecido ocurrió en la misma sesión con una moción esta vez presentada por el concejal de Unidas Podemos, José Morales, sobre otro de los culebrones patrimoniales de la ciudad, como es el Fuerte de San Francisco. Morales pidió la ejecución de la sentencia que obliga a la Junta de Comunidades a rehabilitar el conjunto patrimonial, las naves y las viviendas en pleno centro de la ciudad, adquirida en 2004 y ratificada en 2010. Aquí, también los trece concejales del Equipo de Gobierno parecieron ponerse del lado de la Junta en vez del de la ciudad a la que representan y cuyos intereses se supone que deben defender. Por boca esta vez de la teniente de alcalde, Sara Simón, dijeron que los usos propuestos en el convenio firmado estaban obsoletos y que había que proponer otros nuevos.

También el debate sobre el culebrón del Fuerte sirvió -como había previsto el propio proponente- para que PP y PSOE se enzarzaran en su tradicional lucha sobre quién ha defendido de verdad este proyecto frente a la Junta de Comunidades, que en todos estos años, se ha embolsado el dinero por la venta de los terrenos para la construcción de viviendas, sin presupuestar un solo euro para la rehabilitación pactada.

“Llegado a este punto y para no esperar a 2050, si la Junta entrega los edificios del Fuerte con la cubierta cambiada, con agua y luz, estará pronto, pero si hay que cambiar usos, nos van a seguir dando largas y nos van a tomar el pelo, como le pasó al PP cuando gobernaba”, razonaba Morales, desesperado como muchos vecinos que ven degradarse estos inmuebles sin darles ningún uso salvo servir de plató a películas y series que necesitan ambientación de principios del siglo pasado. “La Junta se está riendo de Guadalajara” dijo el portavoz de Aike, apoyando a su vecino de bancada, mientras Simón defendía el trabajo del Equipo de Gobierno al que pertenece en el último año: “Este Ayuntamiento ya está trabajando en definir esos nuevos usos, y en breve se los dará a la Junta y ellos después ejecutarán en un plazo coherente. Si esperamos que la Junta de Comunidades venga y nos ponga 50 millones encima de lames para esto, estaremos soñando. Por eso hay que ser realista y sentarse a negociar”. Lo que no terminó de aclarar es qué usos son esos, en qué fase está la negociación y cuáles son los plazos establecidos. Los presupuestos de la Junta deberán decirlo porque aquí todas las voluntades deben traducirse en inversión real y tangible.

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