Animales de compañía

Por Gloria Magro

Los gatitos campan a sus anchas por la calle principal. Escuchimizados y con poco lustre, son la última camada de una gata maltrecha que hace dos veranos no se dejó atrapar. Contra todo pronóstico, aquella bola de pelo sobrevivió al invierno en el pueblo y con ayuda de una caridad mal entendida es a día de hoy el origen de una colonia descontrolada y en continuo crecimiento. En el verano de la pandemia, con la mayor concentración de vecinos desde hace décadas, uno de los desafíos recurrentes que han afrontado ayuntamientos de toda la provincia son los problemas ocasionados por la convivencia con animales domésticos y no domésticos.

O más bien con sus propietarios. Sin festejos taurinos generalizados por primera vez desde que se tiene memoria, sorprende que se mantengan las actuaciones de la Guardia Civil y del Seprona y que muchos alcaldes tengan que lidiar con situaciones más propias de décadas pasadas que de 2020. Perros en condiciones precarias, aves de corral -gallinas, patos, pavos e incluso pavos reales- dentro de casco urbano y abundancia de felinos sin castrar componen la trinidad de los problemas de ruidos y salubridad pública en muchos pueblos. Situaciones que ayer entraban dentro de la normalidad pero que en la actualidad atentan contra las leyes vigentes y además nos resultan inadmisibles.

Tradicionalmente, la tenencia de animales en el medio rural era una necesidad asociada a la economía de subsistencia y a su uso como fuerza de trabajo. Así, hasta hace algunas décadas estaba generalizada la presencia de gallineros, conejeras, cochiqueras, palomares y cuadras en muchas viviendas; convivencia necesaria y útil por ambas partes. Hace tiempo que esto ya no es así y en muchas localidades las ordenanzas municipales prohíben su tenencia doméstica por motivos sanitarios y para evitar molestias a los vecinos.

En Castilla-La Mancha las Cortes Regionales aprobaron el pasado 3 de agosto la nueva Ley de Bienestar, Protección y Defensa de los Animales de Castilla-La Mancha, con los votos a favor de PSOE y Ciudadanos y la abstención del PP y que sustituirá en breve a la actual Ley de Protección de Animales Domésticos de 1990. En aquel momento esta Ley marcó un hito importante al establecer una serie de requisitos mínimos que evitaban situaciones de maltrato además de tipificar sanciones. La nueva Ley ha registrado más de mil alegaciones y un intenso debate.

El nuevo texto establece textualmente una serie de de obligaciones y prohibiciones generales para los poseedores y subsidiariamente para el titular de cualquier animal: “Destacando entre las prohibiciones generales el maltrato, la práctica de mutilaciones con fines exclusivamente estéticos, el sacrificio o matan a de los animales sin reunir las garantías previstas en esta ley, el mantener permanentemente atados o encadenados a los animales… el empleo de animales en circos, publicidad, fiestas populares y otras actividades si ello supone para el animal sufrimiento, dolor u objeto de tratamientos antinaturales”.

El Partido Popular justificaba su abstención por considerar que suponrdrá una carga económica adicional para los ayuntamientos al sumarles competencias.. En Guadalajara, las instituciones –Ayuntamiento, Diputación y Mancomunidades– reiteran su compromiso con la defensa y protección de los animales, ya sean domésticos o no a través de la prestación de servicios directos o bien mediante convenios con distintas asociaciones.

En Santiuste (14 habitantes), un pequeño pueblo junto al pantano de El Atance, las tres colonias de gatos están castradas. Se encargó una vecina, de forma particular, pero si su Ayuntamiento hubiera recurrido a la Diputación de Guadalajara, la asociación ANAA lo hubiera llevado a cabo como parte del acuerdo que tiene con la institución provincial. Cualquier localidad puede solicitar el servicio aunque en el Corredor del Henares son las mancomunidades quienes lo prestan. En el resto de la provincia los operarios de la Diputación se encargan de recoger y derivar los casos que les llegan.

El diputado provincial de Ganadería, Medio Ambiente, Desarrollo Rural y Agricultura, Héctor Gregorio, tiene experiencia en estos temas como alcalde de su pueblo, Jadraque (1.434 habitantes). Después de poco más de un año en el cargo ha lidiado personalmente con algunos de estos problemas, recogiendo quejas de los vecinos, apelando a la buena voluntad de los propietarios para resolver situaciones indeseadas y en última estancia con la promulgación de un bando el pasado mes de junio con el que se ha adelantado a la nueva legislación regional.

Gregorio parte de sus propias convicciones personales, además del bagaje que da el haber crecido en la localidad y conocer de primera mano a sus vecinos y la problemática en este ámbito que presentaba el pueblo al tomar posesión del cargo. Como alcalde desgrana las situaciones que ha resuelto estos meses pasados y las que aún le quedan por resolver. Y explica que es necesaria una labor de concienciación ciudadana como la campaña que  se está ultimando desde la Diputación Provincial y que se pondrá en marcha este próximo otoño en colaboración con la Asociación Protectora de Animales y Plantas La Camada.  También da cuenta de las intervenciones que a diario realizan por toda la provincia, recogiendo y derivando animales para su asistencia veterinaria. De hecho, en las próximas semanas la institución provincial recibirá un nuevo vehículo que sustituya al viejo remolque que hasta ahora realizaba el servicio y que ha quedado obsoleto.

Muchas localidades cuentan ya con ordenanzas que protegen y aseguran las condiciones de los animales domésticos o de labor. Su redacción es sencilla y los Ayuntamientos las promulgan en aras de la convivencia y para evitar abandonos y maltrato. Castilblanco, Torija o Yunquera son pioneros en esta materia. Cualquier vecino puede recurrir a ellas para denunciar y corregir situaciones indeseadas aunque en los pueblos la política de buena vecindad y la cercanía con el resto de conciudadanos suele ser un impedimento que permite que se perpetúen  situaciones indeseadas.

El diputado de Medio Ambiente aboga por que cada localidad de la provincia redacte su propia normativa, dentro del marco general de la ley regional. Así se evitaría por ejemplo la tenencia aún hoy en día de corrales en domicilios privados. Los gallineros domésticos siguen estando muy extendidos, una cuestión de tradición más que de rentabilidad y resultan difíciles de erradicar. En los lugares más insospechados se escuchan gallos desgañitándose sin respetar horarios, algo normalizado y asociado a la vida rural cuando en este caso la normativa no distingue pueblos de ciudades. Con la Ley en la mano, solo se pueden tener cinco aves de corral en zona urbana, los gallineros deben de estar alejados al menos doscientos metros de la localidad y cualquier número superior se considerará explotación y deberá regularse dentro del Registro Ganadero de Castilla-La Mancha. Muchos alcaldes lidian a diario con problemas de este tipo que pudieran parecer menores pero que afectan a la convivencia y pueden llegar a convertirse en un verdadero quebradero de cabeza.

Afortunadamente cambian los tiempos y cambian las sensibilidades. La sociedad avanza y con ella las costumbres. En relación con los animales afortunadamente hemos dejado atrás comportamientos y hábitos que deben de quedar en el pasado y de no ser así, ahí están las leyes para aplicarlas.

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