Dime con quién andas

Por Sonsoles Fernández Day

El protocolo del Ministerio de Educación dice que si se da el caso de un alumno positivo en Covid-19 en un aula donde se use mascarilla y se mantenga la distancia de seguridad de 1,5 metros, sólo se pondrán en aislamiento los alumnos más cercanos a él. Los demás, seguirán yendo a clase, no será necesario confinarlos a todos. Leyendo esta información se me ocurre que podrían diseñar las clases como si fuera el programa de televisión ‘Ahora caigo’, el profesor en el centro y los alumnos alrededor perfectamente separados y colocados en su círculo aislado. Al primer síntoma maligno, se abre el suelo y ¡adiós! El niño cae, desaparece y vuelve a su casa por un túnel sin cruzarse con nadie. Problema resuelto.

Eso sí, habría que convencer a los profesores de que la trampilla del suelo no está para charlatanes o distraídos, sino solo para sintomáticos en coronavirus.

No ocurre lo mismo con los ‘grupos de convivencia estable’. Esos caen en el agujero negro en masa, todos a casa confinados. Por si no saben lo que son los ‘grupos de convivencia estable’, curiosa expresión invento de la señora ministra de Educación, se trata de los alumnos de Educación Infantil y primer ciclo de Educación Primaria, que tienen un profesor asignado y pueden socializar entre sí, sin obligación de mantener la distancia de seguridad. También se llaman ‘grupos burbuja’. Se supone que solo interactúan entre ellos y no tienen contacto con los otros grupos. La burbuja estalla en el momento que salen del colegio, pero eso parece que no se tiene en cuenta.

Es sorprendente lo que gusta en estos tiempos la creatividad lingüística, aunque realmente no sirva más que para justificar cargos, rellenar discursos, después noticias y posteriormente, artículos de opinión como este que escribo. Tendré que darles las gracias por la aportación. Cuando envían a casa a un alumno positivo y a los que están a su alrededor, pero no a toda la clase se denomina ‘confinamiento parcial’. Así lo explicaban ayer desde el Gobierno de Castilla-La Mancha, para ‘arrojar luz en momentos de incertidumbre’. La portavoz del Gobierno regional, con esta frase, da por hecho que la situación es caótica. Es un detalle. En lugar de ‘arrojar luz’ con explicaciones, ya podían aportar soluciones.

¿Se les ha ocurrido pensar el conflicto que les supone a las familias cuando dejan a un niño confinado en casa? ¿Han intentado pedir cita para que les hagan una PCR? Para cuando les den la cita, ya se ha terminado el plazo del confinamiento. El total, el parcial, la burbuja y la luz arrojada. Es un despropósito.

Hace mucho tiempo que se podían haber habilitado centros exclusivamente para test de Covid-19. Fuera de los centros hospitalarios y de los de Atención Primaria, que bastante tienen, y que en unos días ya estarán colapsados, más todavía, con las gripes y resfriados característicos de cada otoño. Y así, según cae en niño por el agujero, va directo a hacerse la prueba. El alumno y por qué no, toda su familia. Porque es más probable que lo haya cogido fuera del colegio y porque el resto de la familia necesita saber si puede o no hacer vida normal, o ‘nueva normal’, o lo que sea.

También podían haber creado centros exclusivos para el ‘rastreo’. Apareció la necesaria figura del rastreador, para localizar a todos los que hayan estado en contacto con un infectado, pero se lo encasquetaron a los centros de Atención Primaria. Después nos quejamos de que no cogen el teléfono o de las colas en la puerta. Realmente no dan abasto. Ayer mismo prometía el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page que a partir del 5 de octubre la región contará con 120 rastreadores del Ejército que se suman a los 556 con los que, según él, ya cuenta la Comunidad Autónoma. Como si dice 80 militares para 430 médicos, o 20 para 600. Las cifras ya no dicen nada a estas alturas. Hacemos un acto de fe y de caridad, y ahí lo dejamos. Por otra parte, los médicos de Atención Primaria se quejan sistemáticamente del esfuerzo extra, tras el cansancio acumulado por la situación de pandemia, que supone llevar a cabo labores de rastreo y consultas telemáticas. ¿Cómo no vamos a seguir sumando casos cada día?

La Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León se pusieron de acuerdo a principios de septiembre para compartir datos en materia sanitaria, entre ellos el de rastreo, para analizar la movilidad entre las tres regiones, además de otros ‘esfuerzos conjuntos y solidarios’ para combatir el coronavirus. Decía García-Page que ‘cuando los vientos de la recuperación vuelvan a soplar’ es importante que ‘las velas de las tres instituciones estén desplegadas’. Emiliano, es usted un poeta.

Ni la luz arrojada ni las velas desplegadas nos sacan de la que estamos metidos, pero hay que reconocer que es más inteligente aunar esfuerzos que seguir atacándose unos a otros. Falta hace que nuestros gobernantes miren hacia el futuro, el de todos, en lugar de ese empeño en remover el siglo pasado. O no salimos de esta.

 

 

 

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