Invasión de Bambis (I)

Por Gloria Magro

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Foto: Silvia Fraguas

Cientos de animales silvestres mueren cada año atropellados en las carreteras de Guadalajara. Erizos, conejos, liebres, jabalíes, zorros y sobre todo corzos, una especie que en los últimos años se ha convertido en una verdadera plaga en amplias áreas de la provincia. La sobreabundancia de estos cérvidos trae de cabeza a conductores, agricultores y sorprendentemente para los profanos, también a quienes más debería de beneficiar el aumento de su población: a los cazadores.

Apenas una sombra cruzando la carretera en la oscuridad de la noche, apenas un ligero golpe en el lateral derecho sobre el parachoques. Apenas una intuición porque Silvia afirma que no lo vio. Es viernes, ha salido tarde de Madrid y tiene prisa por llegar al pueblo. Aún así, conduce con precaución en ese tramo entre Hita y Padilla donde los corzos cruzan continuamente de un coto de caza a otro. Todos los conductores que pasan habitualmente por ahí saben que han de tener cuidado a esa altura de la carretera así que Silvia afloja el pedal, pero de nada sirve. Esa sombra que se cruza es o ya más bien era un pequeño Bambi aunque eso Silvia no lo sabrá esa noche sino al día siguiente cuando se percate de que tiene un golpe en el coche y restos de pelo y sangre en las ruedas.

Unos kilómetros más arriba, en el valle del río Henares, los campos de maíz de regadío albergan un número nunca visto de corzos, visibles a simple vista, pastando a cualquier hora del día en los huertos de Espinosa, Cogolludo, Membrillera y Jadraque. En una loma de difícil acceso para la maquinaria agrícola hay varias decenas de árboles frutales plantados en bancales, único aprovechamiento en su día para aquel pedazo de tierra inservible donde lo único que parecía tener valor era la magnífica perspectiva del castillo y de la ganadería de reses bravas de la familia Barriopedro. Cierto es que los árboles no resultaron ser de gran calidad pero también lo es que a los corzos parece no importarles. De bancada en bancada y con solo estirar el cuello cada verano se comen las manzanas, las peras y los melocotones. Los propietarios hace años que apenas recogen la fruta, no llegan a tiempo.

A diferencia de su pariente el ciervo, de mayor envergadura, el corzo (Capreolus capreolus) es el cérvido más pequeño de Europa y su área de distribución se extiende hasta el norte de China. Como ramoneador, su hábitat son los bosques de pequeños arbustos y bayas pero su enorme adaptación al medio explicaría que en pocas décadas haya medrado en los rastrojos de las alcarrias y la campiña e incluso en la serranía. Sin lobos o rapaces que controlen de forma natural su población hasta la Sierra Norte y más allá, los corzos han sustituido a los jabalíes como principal preocupación para los agricultores y también para los conductores pese a que las estadísticas a nivel nacional lo desmientan (*).  El problema es común a todo el norte de Guadalajara y provincias colindantes, y va en aumento. No hay una causa única para la proliferación de esta especie según los expertos y si una confluencia de factores entre los que estarían la despoblación del medio rural, la falta de depredadores naturales, la selección por género que hacen los cazadores e incluso la ausencia de furtivos. La sobrepoblación de corzos también se explicaría por la disminución del número de escopetas en los pueblos, esto es, de cotos y cazadores.

Retrocediendo en el tiempo, habría que remontarse a las políticas puntuales de reintroducción que se llevaron a cabo hace décadas en la sierra de Madrid, como señala el presidente de la Asociación de Cotos de Caza de Guadalajara, Ática, Juan Manuel Rodríguez. La asociación, que agrupa a más del noventa por ciento de los cotos de la provincia, se muestra preocupada por este problema y apuesta por la gestión medioambiental como método corrector del número de ejemplares de esta y otra especies silvestres y apunta hacia la administración. Los planes que elaboran sus técnicos  son los que determinan el número de ejemplares a abatir  y sin embargo, aunque son revisables, “los conceden siempre a la baja”, considera Juan Manuel Rodríguez, quien sostiene el sentir general del sector, esto es, que de seguir así, el número de corzos seguirá creciendo de forma exponencial perjudicando tanto a la propia especie como a la actividad cinegética.

Hay cerca de quinientos cotos en nuestra provincia aunque en la actualidad muchos pueblos ven decaer la actividad en ellos por el envejecimiento de los cazadores y la falta de interés de los jóvenes, según explican desde Atica. “Los cazadores tenemos una responsabilidad civil y una responsabilidad penal”, aclara su presidente, quien se muestra preocupado por los efectos de que en muchas localidades se deje perder el coto tradicional de caza. “Cuando se pierde un coto se crea un reservorio de animales que atrae a los furtivos, los animales se reproducen sin control… la alta densidad siempre es perjudicial”, opina este experto, para quien volver a constituir estas áreas intrínsecamente ligadas a la vida rural una vez que se abandonan resulta un verdadero quebradero de cabeza.

El próximo miércoles 30 de septiembre acaba el periodo hábil de caza para los machos de corzo según la Orden de vedas en Castilla-La Mancha, correspondiente a 2020/21 en la modalidad de rececho, aguardo o espera en horario diurno. El periodo anterior, de abril a julio, prácticamente se perdió debido a la pandemia y el Estado de Alarma. Aún así, el pasado mes de junio se abatió en Guadalajara un macho de 14 puntas en uno de los primeros recechos tras el confinamiento. La noticia estaba tanto en la pericia del cazador como en la localización de un ejemplar de características cinegéticas tan apreciadas. Unos días después, el protagonista  era un ejemplar viejo pero con peluca, una peculiaridad que también le confería un atractivo especial y su correspondiente momento de gloria en las revistas cinegéticas, aunque fuese post morten.

Lo cierto es que los cazadores prefieren apostar por los trofeos antes que por las hembras. Para cazar hembras la autorización corresponde al Plan de Ordenación Cinegética de cada coto. Este años se establecía una quincena en agosto, además de dos meses en invierno alejados de la época de cría. Abatir mamás no es plato de gusto para los aficionados a este deporte y de ahí viene también parte del problema actual. El atractivo para los cazadores está en la cornamenta, en cobrarse piezas de valía, pero lo cierto es que según los cazadores si no se fomenta disparar a las hembras su número continuará en ascenso, los cotos afectados por esta desproporción de género dejarán de tener atractivo para sus usuarios, como así está ya sucediendo, y la propia especie degenerará. Otro problema añadido son las enfermedades, con ejemplos contrastados como el de las poblaciones de cabra montesa en Gredos afectadas por la  sarna. La misma situación que se da en la sierra de Guadarrama, en Madrid, donde desde su reintroducción en 1990 ha aumentado su presencia de una manera exponencial llegándose a contabilizar hasta 42 capra pyrenaica por kilómetro cuadrado, cuando la cifra óptima sería entre seis y 16 animales; y también ha hecho su aparición la sarna.

Enfermedades aparte, los corzos son la primera causa de accidente leve en las carreteras de Guadalajara. Estos ungulados, al igual que las cabras, son atraídos a los márgenes de las carreteras por la sal que se esparce en invierno y raro es que quienes transitan habitualmente por determinadas carreteras secundarias no hayan vivido más de un sobresalto cuando un corzo salta al paso del vehículo, especialmente al amanecer o cuando cae la tarde. De hecho suele ser frecuente ver los restos de estos animales en las cunetas, cuando no es directamente en mitad de la carretera. Tal es así, que los agentes de seguros locales ofrecen en las pólizas cobertura ante accidentes cinegéticos. Desde la reforma de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, la responsabilidad en caso de atropello de determinados mamíferos y aves recae en el conductor del vehículo, salvo en algunos casos excepcionales donde se pueda reclamar al dueño del coto de caza o del terreno, así como al titular de la carretera en el supuesto de no haberse señalizado de forma correcta.

De qué hacer en caso de atropello y del aprovechamiento turístico, económico y gastronómico de los corzos, la próxima semana en El Hexágono de Guadalajara.

(*) Según un informe del Centro de Estudios Ponle Freno-Axa, que ha analizado datos recogidos entre el 1 de noviembre de 2017 y el 31 de octubre de 2019, el jabalí es el animal que ocasiona más accidentes de tráfico, el doble que los que ocasionan perros y corzos.

Un pensamiento en “Invasión de Bambis (I)

  1. Para complicar un poco más el asunto. Ese tramo entre Hita y Padilla de Hita presenta, en la actualidad, unos arcenes llenos de maleza, arbustos y árboles, que dificultan aún más la visibilidad, ocasionando que los conductores se encuentren de repente con los corzos sin apenas poder reaccionar. No podemos olvidarnos que esa carretera es de la Junta, pues es una carretera autonómica CM, y como comento hay una dejadez por parte de la Junta de CLM en cuanto al mantenimiento de los arcenes. Por último, señalar el lamentable estado del firme de esa misma carretera autonómica entre Miralrío y Jadraque, que la Junta pasó de arreglar en su momento y cuyo firme cada vez está en peor estado.

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